Los brasileños nos van a volver locos. Resulta que ahora el “Lava Jato”, considerado uno de los mayores casos de corrupción que se conocen, está viciado de nulidad. Que todo fue un plan pergeñado por el Juez superestrella Sergio Moro para meter preso a Lula y que no fuera candidato a la presidencia.

Una primera pregunta, entre tantas, ¿qué va a pasar con Marcelo Odebrecht, cabeza de la principal empresa implicada en las maniobras? ¿Lo van a beatificar? Hasta ahora se sostenía que Odebrecht había sobornado (coimeado) a gobiernos y políticos de casi todo el continente. ¿Fue todo un invento? Había elementos además que señalaban que Lula era su promotor, gestor y conferencista preferido (más de 200.000 dólares por charla). ¿No era así?

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Otra pregunt: ¿qué van a hacer los peruanos, que han procesado y condenado a sus últimos cuatro expresidentes como consecuencia de sus buenas relaciones con la gente de Odebrecht? Incluso uno de ellos, Alan García, se suicidó. En Perú se aseguraba que Ollanta Humala llegó a la presidencia siguiendo los consejos de Lula, quien le recomendó sus asesores y expertos en campañas electorales y también le consiguió el apoyo financiero de Odebrecht.

Y surgen más preguntas. Estas son las del millón. ¿Por qué el presidente Bolsonaro le ofreció un superministerio a Moro y por qué éste lo aceptó?

Bolsonaro, en alguna forma, puso una duda importante sobre “la limpieza” de su victoria –con Lula proscripto–. Y Moro le estampó una mancha a su actuación. Por muy tranquilo de conciencia que esté, su decisión de integrar el gobierno le quitó credibilidad a su actuación anterior. ¿Qué necesidad tenía? ¿Tan desesperado estaba? ¿O era parte de alguna otra cosa?

Para la izquierda internacional y particularmente para la regional, la prisión de Lula fue un golpe como el de la caída del Muro de Berlín. Casi todo se vino abajo y solo han quedado boqueando Maduro, Ortega y Cristina Kirchner. ¿Quién duda que lo que le pasó a Lula tuvo un rebote negativo para cualquiera de ellos? ¿Quién duda que les estaría yendo mucho mejor si Lula fuera presidente de Brasil? Otra: ¿quién financia ahora al Foro de San Pablo? Es natural que todos los esfuerzos –“el gran esfuerzo”– de “la izquierda” sea rehabilitar a Lula; salvar a Lula, santificar a Lula.

Y Moro se las dejó servida. Súmense algunos aportes de Bolsonaro, algo de Trump y la eficiente tarea que cumple Glenn Greenwald con su portal The Intercept que divulgó las comunicaciones entre el juez Moro y el Fiscal principal, entre otros.

Todo lo que se diga de si está bien o no interferir y divulgar conversaciones privadas, si son nulas o no son nulas, no hace a lo que importa: lo que importa es que se trata de hombres públicos y que la gente tiene derecho a saber. De la misma manera que Moro en su momento divulgó una conversación entre Lula y Dilma, ahora le toca a él.

Importa a su vez, para completar el cuadro, seguir la trayectoria del emisor, del mensajero, que en casos también puede ser la noticia. Grennnwald fue quien difundió la información clasificada de Snowden sobre espionaje de la NSA, denunció la “ingerencia golpista” de Trump en Venezuela y defendió a Assange y a WikiLeaks. Notoriamente las huellas de The Intercept señalan para un solo lado. Pregunta: ¿nunca, entre tanto revolver, encontraron algo como, por ejemplo, conversaciones entre asesores cubanos de Maduro, o sobre militares rusos apostados en Venezuela, o sobre dónde tendrían su dinero Ortega, Correa o los Kirchner? ¿Nunca les llegó algún cable u obtuvieron una comunicación que explicara cómo Lula jamás se enteró ni se interesó en saber qué hizo su mano derecha, su mejor amigo, su jefe de gabinete, José Dirceu, para que los congresistas de la oposición votaran con el gobierno? Tampoco le llegó algún dato que explique lo del duplex: se trata de una propiedad de la que no hay pruebas de que sea de Lula, eso es así, pero, él vivía allí, no pagaba alquiler ni impuestos ni un montón de otros gastos, ¿y nada de eso le llamaba la atención? ¿Qué era, un okupa?

Te Intercept es parte del “gran esfuerzo” notoriamente. Y eso también hay que saberlo.

Mientra tanto habrá que esperar que se procesen y analicen todos los elementos que están en juego y prudentemente tomar en cuenta la opinión del expresidente Fernando Henrique Cardoso, quien, ni lulista ni bolsonarista, ha dicho que se trata de “una tempestad en un vaso de agua, a menos que hayan divulgaciones más comprometedoras”.

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