Quienes seguimos, desde 2015, las andanzas de este impúdico y asqueroso cómplice de Maduro, y probable socio de los hermanos Rodríguez Gómez (Delcy, la corrupta de las valijas, y Jorge, esa siniestra fusión de Joseph Goebbels y Hannibal Lecter, cerebro conceptual del terror de Estado), sabemos que lo que estamos presenciando es el uso descarado de su figura por parte de un régimen que busca aplausos por un canje muy turbio: entregaron a sus fichas clave, norteamericanos presos por A, B o Z en cárceles del régimen, a cambio de venezolanos, en su mayoría miembros o asociados a bandas criminales, que fueron deportados desde EE.UU. al CECOT en El Salvador.
En este cuadro grotesco, los rojos sangre felicitan a Zapatero por escrito y hasta en un descarado video, por haber participado en un canje cuya tercera pata, la liberación de decenas de presos políticos venezolanos, quedó incompleta, chucuta, como decimos en Venezuela. Y más aún, fue opacada por la brutal ola represiva que vino después. Van más de 20 nuevos arrestos y decenas de personas escondidas para evitar caer en las garras de la tiranía.
Sería interesante que Zapatero nos diga en qué fue que participó exactamente, por qué lo felicitan. Pero lo dudo. Su modus operandi ha sido siempre el silencio y la opacidad. No me sorprendería que el régimen lo esté usando incluso contra su voluntad, sabiendo que lo tiene pillado en mil y una fechorías que serían de altísimo interés para periodistas, fiscales y jueces en España. El chantaje, arma predilecta de regímenes como el de Maduro, puede haber acorralado a Rodríguez Zapatero, que tras convertirse en cómplice, hoy no sea más que un títere del mismo régimen que ayudó a blanquear.
Desde aquel día en 2015 en que Thomas Shannon, quien llegó a ocupar los tres cargos más altos del Departamento de Estado de EEUU me informó que se había reunido en Madrid con este personaje y que EEUU trabajaría con él para “tener acceso” al régimen en Caracas, advertí que era un error garrafal. Y así fue. Shannon tiró por la borda su reputación al depender de los “buenos oficios” de este mercenario. Cuando en septiembre de 2016 intentó desmarcarse ya era muy tarde, tanto Zapatero como el régimen encontraron como neutralizarlo - a un costo infinito para Venezuela y los venezolanos.
Hoy todo indica que es Zapatero quien no puede salirse del juego sucio que ayudó a diseñar, el cómplice se volvió rehén, y el silencio que antes usaba como escudo, ahora lo delata.
Artículo publicado originalmente en el portal del Diario El Mundo de España. mundo.es.
Por Pedro Mario Burelli
FUENTE: Pedro Burelli