MIAMI.- Cuando se hace balance de las conclusiones de la III Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños llama la atención la ineficacia de este organismo que no tiene otro objetivo que acabar con la OEA e intentar quitar protagonismo a los Estados Unidos como líder continental.
En esta ocasión la reunión de la CELAC ha tenido como objetivo principal jalear al Gobierno cubano, cabeza de lanza de la dictadura más antigua del continente uno de los últimos vestigios del fracasado modelo comunista.
El foro se cerró ayer con pocas iniciativas concretas, pero sí hubo tiempo para dar un nuevo voto de apoyo a Raúl Castro, exigiendo a Estados Unidos que acabe con el bloqueo económico contra Cuba.
Para eso sí hubo unanimidad. Por el contrario a ninguno de los gobernantes allí presentes se les ocurrió pedir al régimen de La Habana que inicie un proceso hacia la democracia que contemple la existencia de partidos políticos, libertad de expresión y respeto a los derechos humanos.
Castro, envalentonado por sus amigos, se ha atrevido a exigir a Obama el levantamiento del embargo, entre otras peticiones, para que el diálogo entre los dos países continúe.
Todos parecen muy felices del restablecimiento de relaciones entre Washington y La Habana, pero ninguno de los presentes quiso presionar al presidente cubano para que se tomara en serio la oportunidad histórica para hacer gestos aperturistas.
Toda la carga fue hacia el presidente de EEUU, que de momento sufre las críticas en silencio mientras un dictador se pavonea ante el mundo entero de su recuperada credibilidad ante gobernantes que sí han sido elegidos democráticamente.
La III Cumbre de la CELAC ha concluido presentándonos un mundo al revés en el que los presidentes democráticos son vapuleados mientras que los enemigos de la libertad aparecen como héroes y víctimas.