sábado 21  de  febrero 2026
CAMILA MENDOZA

Rosa María Payá: Renovando fuerzas para el 2016

La joven de 26 años, hija del fallecido líder opositor Oswaldo Payá,  llegó a nuestro encuentro en un popular café de Westchester puntual, fresca y sin una gota maquillaje

Por UN CAFÉ CON CAMILA

CAMILA MENDOZA

@camila_mendoza

Articulada, inteligente y decidida. Así es la activista cubana Rosa María Payá a la hora de otorgar una entrevista.

La joven de 26 años, hija del fallecido líder opositor Oswaldo Payá,  llegó a nuestro encuentro en un popular café de Westchester puntual, fresca y sin una gota maquillaje. Vistiendo una falda, sandalias bajas y polera lucía sencilla con un look casual que reflejó a la perfección su carácter sobrio y disciplinado.

Muy cuidadosa de cada una de sus respuestas, Payá sabe que sobre sus hombros hay un peso histórico: la controversial muerte de su padre en un accidente de tránsito en 2012; además de representar una nueva generación de jóvenes que buscan traer nuevos aires a la política. Todas estas obligaciones, su juventud y su género, podrían convertirla a su corta edad en un personaje pop, como ha ocurrido con Camila Vallejo en Chile, estigma del que ella rehúye con total seriedad.

“Mi vida cambió en 2012 y lo más difícil ha sido no tener a mi papá y haber perdido a un amigo como lo era Harold. El dolor que vivió y vive mi familia, la persecución… Esos son los cambios más importantes que he pasado en los últimos años”, respondió Rosa cuando hablamos del radical giro que vivió tras la muerte de su padre.

Hoy su agenda corre a mil por hora entre reuniones, viajes y conferencias. Es así que en los últimos meses sus actividades incluyeron una audiencia privada con el Papa Francisco, un viaje a Costa Rica, y recientemente una visita a Venezuela, en este último destino la activista cubana fue parte de una importante delegación integrada por observadores, diplomáticos y jóvenes que viajaron para ser testigos de las pasadas elecciones legislativas del 6 de diciembre. 

“Tenemos muchos puntos en común con la oposición venezolana porque compartimos el mismo problema. Ellos en un momento denunciaron la fuerte injerencia del gobierno cubano en sus asuntos internos y por tanto se entiende que la lucha de ellos es también la lucha nuestra”, expresó la joven, recientemente elegida como la nueva presidenta de la Red de Jóvenes Latinoamericanos por la Democracia.

Entre dos vocaciones

Graduada de Licenciatura en Física de la Universidad de La Habana, poco ha podido ejercer su profesión. En su país asegura que no se lo permitieron, y actualmente postergar su vida académica es uno de los costos que paga por asumir un rol de activista a tiempo completo.

“En Cuba los graduados universitarios no tienen derecho a escoger el lugar donde van a trabajar.  A mí me enviaron a trabajar al destino más lejano posible, que era un centro de astronomía en las periferias de La Habana. Un lugar que no tenía nada que ver con lo que yo hacía ni con lo que había sido mi tesis, pero ahí estuve un año”.

“Después que mataron a mi papá y a Harold comencé a recibir amenazas,  me dejaron sin trabajo y el acoso fue tan fuerte que mi familia decidió salir temporalmente del país. En mi caso, mi residencia sigue estando en Cuba pero por motivos de trabajo y por lo viajes paso más tiempo fuera de la Isla”.

Payá figuró hace poco en los medios de prensa y redes sociales jugando con los niños cubanos varados en Costa Rica, entregándoles apoyo humanitario y participando de eventos políticos y culturales para compartir esperanza. Le ha costado. No ha sido fácil. Pero nada en la vida de esta joven activista lo ha sido.

“Nada de lo que hacemos--si lo hacemos de verdad--está exento de renuncias y sacrificios. En mi caso no es la excepción. Esta labor me absorbe muchísimo tiempo. En lo profesional he continuado algunos estudios pero otros los he puesto en espera. Intento llevar muchas cosas en simultáneo y eso tiene que ver con mi vida personal, con mi desarrollo profesional y mi labor cívica, pero es difícil”.

La llegada de Payá y de otros opositores jóvenes cubanos ha generado un nuevo aire de renovación. Más allá de su evidente dominio de los temas políticos y sociales de su país, también se ha hecho conocida por renovar un discurso alejado de los partidismos y enfocado en la participación ciudadana.

“Los ciudadanos quieren un cambio. Y en mi opinión ese cambio no tiene que ver ni con la izquierda ni con derecha. Tiene que ver con la democracia, la transparencia y la capacidad de decidir. En este sentido el proceso venezolano demostró la importancia de abrirse a la participación ciudadana. Desafortunadamente en Cuba, lo que impide que los cubanos puedan decidir es la ley electoral y la Constitución que no permite que dicha ley pueda ser democrática”, apuntó.

“Pero por encima de la Constitución siempre estará la voluntad soberana de un pueblo, y por eso es a ella a la que buscamos apelar”, comentó la joven que también participa de la iniciativa Cuba Decide, que busca celebrar un plebiscito para que los cubanos puedan decidir sobre el futuro de la Isla convocando a elecciones "libres, justas y plurales. Nuestra lucha no es partidista ni por alcanzar el poder, es una lucha por llegar al escenario en el cual se pueda hacer política para que el resto del camino pueda ser transitable para todos en democracia y libertad”, agregó.

¿Cuál es el mayor recuerdo de tu padre que te acompaña en estas fiestas? – pregunto antes de despedirme.

“Su sentido de responsabilidad por el otro. Eso es lo que más admiro y recuerdo de él. Su alegría de vivir. Ese espíritu es lo que mantenemos vivo en esta fiesta para que nos ayude a renovar esperanzas para el nuevo año”. 

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