miércoles 1  de  julio 2026
EN LA BARCA DE EL VIKINGO

Un tsunami llamado Ronda Rousey

La chica con sangre venezolana es un torbellino que luce imposible de detener

Diario las Américas | EDUARDO EL VIKINGO MARTELL
Por EDUARDO EL VIKINGO MARTELL

Las artes marciales mixtas están viviendo un momento de apogeo de la mano de una dama que aniquila a sus rivales en el octágono y que viene de defender su corona en Brasil, noqueando a Bethe Correia en apenas 34 segundos. Sí, ese es el tiempo en que últimamente Ronda Rousey ha estado derrotando a sus contrincantes, en menos de un minuto en sus pasados cuatro enfrentamientos.

La campeona gallo del UFC se ha convertido no sólo en la cara de la organización para la que pelea, sino que para todas las MMA y hasta los deportes de combate en general. Su impacto ha sido tan brutal como lo que le hace a sus oponentes en la jaula. Para tener una idea de lo que ella ha estado logrando hay que conocer que sus seis defensas de campeonato en el UFC han terminado antes del límite, cinco en el mismo primer asalto y una en el tercero.

La culminación llegó el pasado 1 de agosto, allá en Brasil, cuando, de manera espectacular dejó tendida a Correia ante el delirio de los paisanos de la vencida. En ese momento el mundo de las redes sociales y el deportivo explotaron al unísono convirtiendo a la Rousey en una tendencia social.

Artistas, atletas, famosos y prácticamente todo el que tenía una red social a su alcance se manifestó impresionado por la actuación de esta campeona que es una especie de Mike Tyson moderna, noqueadora, intimidante, pegajosa y muy querida por el público.

Ese público deseoso de nocáuts y espectáculo en el octágono se ha encontrado con esta joven de 28 años que no deja que nada la detenga una vez que suena la campana. Y es que cuando esa chicharra suena, ella sale como un tsunami que no hay manera de detener y que sólo te preguntas cuánto durará la rival de turno.

Así de dominante y emocionante es esta peleadora de raíces venezolanas que ha tomado los deportes de combate por asalto y que en este mismo momento se encuentra en cualquier conversación de los mejores atletas en cualquier deporte. De hecho, ya le gano el último premio ESPY al mismísimo Floyd Mayweather Jr., con quien tiene una pelea verbal desde que la leyenda del boxeo dijera no saber quién era “él”. Sí, hasta la confundió con un hombre cuando le preguntaron por ella. Pero la venganza es dulce y Ronda se desquitó no más recibiera ese premio, diciendo que ahora sí esperaba que Floyd la reconociera.

Su manera de llegar a la gente no es sólo cuando pelea, sino cómo se expresa, más la habilidad verbal que posee y esa cosa que vemos en las estrellas y que muchas veces no podemos explicar qué es. Esa conexión con la gente que la eleva por encima del resto de sus colegas y que los pone por encima de la gran mayoría.

De hecho, esa capacidad -pienso yo- la tienes o no. Esa no se adquiere ni se inventa ni se presta. Repito, o la posees o careces de ella.

Es, en esos detalles, que ella presenta que quiero detenerme. En ese tsunami que hoy nos tiene hablando de su calidad, su impacto y todo lo que la rodea que la hace el centro del universo deportivo y que –creo yo- desde el 1 de agosto se salió del mundo de las artes marciales mixtas para ubicarse en el olimpo de los dioses reinantes en los deportes en general, cual Afrodita moderna, que va a la guerra mostrando su belleza y amor, parte de lo que la hacen hoy ese ícono que es.

Ronda Rousey es el nuevo fenómeno de los deportes en Estados Unidos y si su próxima pelea se efectúa, como se ha dicho, en el estadio de los Cowboys de la NFL, con capacidad para 100.000 personas, entonces ese mito va a aumentar de manera impresionante.

Aun sin pensar en el resultado, porque todos saben que ella es invencible.

Al menos, así la veo yo, como un tsunami indetenible.

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