El Estanque Reflectante del Monumento a Lincoln es descrito por el Servicio de Parques Nacionales como “un famoso espejo de agua rectangular ubicado en el National Mall de la capital estadounidense; concebido originalmente por la Comisión McMillan en 1901 y diseñado por Henry Bacon, sirve como un puente visual que conecta el Monumento a Washington con el Monumento a Lincoln”, pero su historia va más allá del diseño.
A lo largo del tiempo, se ha convertido en un icono político.
En 1939, la contralto estadounidense y defensora de los derechos civiles, Marian Anderson (1897–1993), ofreció un concierto histórico en las escalinatas del Monumento después de que la organización “Daughters of the American Revolution” le negó la posibilidad de actuar en el Constitution Hall, por ser de color.
En 1963, durante la Marcha en Washington, el Dr. Martin Luther King Jr. pronunció su legendario discurso "Tengo un sueño" (I Have a Dream) y en 1967, alrededor de 50.000 manifestantes se congregaron en sus escalinatas antes de marchar para protestar contra la guerra de Vietnam, un momento inmortalizado en la película “Forrest Gump”.
Una vez más, este mismo estanque refleja los tiempos políticos, ahora de la administración Trump.
Se invirtieron millones de dólares en la renovación de este estanque de 2.000 pies (unos 600 metros) de longitud; su fondo fue pintado de un azul intenso para darle un aspecto nuevo y más luminoso a este célebre lugar de visita.
Sin embargo, los problemas surgieron casi inmediatamente tras volver a llenarlo de agua.
Empezaron a reaparecer gruesas capas de algas; el agua se tornó verde y algunos patos que regresaron a su antiguo hábitat enfermaron y murieron.
La semana pasada comenzaron a conocerse los primeros detalles sobre un presunto sabotaje al estanque renovado.
Documentos judiciales revelaron que se había encontrado un corte alargado en el revestimiento del fondo, aparentemente realizado con un cuchillo o una navaja. Cinco personas han sido detenidas bajo sospecha de vandalismo mientras el área ahora se encuentra enrejada.
En primer lugar, si hubiera habido un sabotaje deliberado, resultaría lamentable que personas se sintieran impulsadas a dañar un monumento nacional y, en segundo lugar, sería sorprendente, dado que hay grupos de miembros de la Guardia Nacional patrullando la zona, situada entre el Monumento a Lincoln, en un extremo, y el Monumento a Washington, en el otro.
Para el presidente Trump, ha supuesto otro revés, tanto para su legado personal como para el político.
A pesar del contratiempo, Trump sigue impulsando la construcción de un salón de baile en el ala este de la Casa Blanca, y también alberga grandes planes para erigir un arco de triunfo de 250 pies (unos 76 metros) de altura, conocido como el "Arco de Trump".
Para sus críticos, las obras se consideran proyectos costosos en un momento en que el estado de la economía preocupa a muchos estadounidenses, aunque los defensores las presentan como una renovación patriótica de la capital.
No hay duda de que, al ser Washington el centro del establishment político, los acontecimientos, tanto internos como internacionales, a menudo reflejan, al igual que el estanque del Monumento a Lincoln, los problemas que afrontan las administraciones de turno, especialmente en tiempos inciertos como los de ahora.
Por ejemplo, el conflicto con Irán, con impacto directo en la economía, continua sin resolverse.
Si bien se ha abierto una posibilidad a nuevas conversaciones diplomáticas con miras a estabilizar la libre circulación en el estrecho de Ormuz, el panorama todavía es incierto aun después de la firma del acuerdo en el histórico Palacio de Versalles, en Francia.
Irán ha seguido demostrando su intención de mantener el control del estrecho.
Aunque decenas de barcos han transitado por el paso desde la firma, el ataque perpetrado la semana pasada por un dron iraní contra un buque comercial puso de manifiesto la fragilidad del pacto.
Trump también se ha enfrentado a la primera rebelión de los republicanos a raíz de la guerra con Irán.
Cuatro republicanos del Senado se unieron a los demócratas para permitir una votación destinada a limitar los poderes bélicos del mandatario, quien criticó airadamente su decisión obligándolos a rechazar la resolución al día siguiente.
Sea o no una señal del deterioro de las relaciones entre la Casa Blanca y ciertos sectores del Partido Republicano, cuando todavía quedan más de dos años para concluir su segundo mandato, Trump necesitará el apoyo total de su partido, en ambas cámaras, si quiere lograr el legado que desea antes de dejar el cargo, uno que seguramente incluirá una piscina reflectante de un azul espléndido, donde patos y visitantes podrán celebrar sus logros.