MIAMI.- El contador suma y sigue. Este domingo son ya 318 los días que Leopoldo López lleva encarcelado en Venezuela, convirtiéndose en el caso más representativo a nivel mundial de lo que es un preso político. El asunto es aún más grave y doloroso por dos motivos. Por un lado, la apariencia democrática de Venezuela. Parece que encarcelar a alguien por sus ideas es exclusivo de las dictaduras clásicas pero el caso de López desmonta esta teoría. Nicolás Maduro saluda con una mano como presidente elegido en las urnas mientras que con la otra firma una orden de confinamiento contra su principal rival político. En la práctica, a pesar de las apariencias, Venezuela no es un Estado de derecho y no lo será mientras no se garantice la libertad de manifestación, expresión y la independencia del poder judicial. Estas tres carencias han caído como una losa sobre López que todavía ve lejano el momento de su libertad en las actuales condiciones.






