viernes 20  de  febrero 2026
VENEZUELA

A qué le teme el régimen en una negociación

Venezuela se encuentra sentada en “un barril de pólvora”, debido a la frustración y al descontento ciudadano

Por Estefani Brito

CARACAS.- A 19 días de las elecciones presidenciales en Venezuela, un nuevo proceso de negociación entre la oposición democrática, liderada por María Corina Machado, y el régimen de Nicolás Maduro, para garantizar una transición pacífica y ordenada en el país suramericano se mantiene en stand by, sin vistas a concretarse en un futuro cercano.

El miedo a ser perseguidos, si pierden el poder, además de considerar que pueden permanecer al mando por la fuerza, aleja a la cúpula oficialista del escenario de negociación propuesto por la oposición, pese a que se encuentran en su punto “más débil” políticamente.

“Lo que le impide al Gobierno entrar en un proceso de negociación es que ellos tienen mucho miedo a las consecuencias de perder el poder, porque sienten que hay costos muy altos (...) Hay un temor enorme a perder la libertad y a ser perseguidos después”, sostuvo en conversación con DIARIO LAS AMÉRICAS el director del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bellos (UCAB), Benigno Alarcón.

La posibilidad de que se abran nuevos juicios o que sigan adelante procesos de investigación como el que lleva a cabo la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de lesa humanidad, incrementa el temor en los altos jerarcas y su intención de aferrarse al poder “por las buenas o por las malas, por la fuerza, de la manera que lo están haciendo”, señala.

El régimen no está dispuesto a negociar

El analista político no vislumbra, en este momento, ninguna intención por parte del régimen de aceptar una negociación, en vista de que esta incluiría, obligatoriamente, el reconocimiento de los resultados electorales del 28 de julio que, de acuerdo con el 83,50% las actas escrutadas, digitalizadas por la oposición, dan como ganador al diplomático Edmundo González Urrutia.

“El gobierno está negado, como hemos visto, a reconocer el resultado que se dio y es muy complicado empezar una negociación en esos términos. Está convencido de que puede mantener el status quo, por así decirlo, con lo que ha hecho y lo que está dispuesto a hacer”, apunta.

“Débil políticamente”, tras perder progresivamente el respaldo popular con el que contó durante la época de Hugo Chávez, al régimen le queda el recurso de la fuerza para aferrarse “desesperadamente” al poder, señala Alarcón. No obstante, destaca, es un medio que puede carecer de solidez.

“El problema es que mantenerse por la fuerza implica que siempre tienes que contar con la lealtad de los cuerpos armados, con la incondicionalidad de quienes te van a mantener por la fuerza, pero en el momento que lo dejen de hacer, todo puede derrumbarse”, subraya.

Garantías

La líder opositora María Corina Machado afirmó que la oposición está dispuesta a otorgar garantías, salvaguardas e incentivos a los jerarcas chavistas para que abran el camino a una transición democrática en el país. Alarcón indica que, en estos procesos, normalmente, los incentivos incluyen amnistías y leyes que, de alguna manera, garantizan la libertad y la no persecución de quienes estuvieron gobernando.

“El tema es que negociar estas garantías depende, básicamente, de que quienes están en el poder permitan una transición. Si no la permiten y el día de mañana no logran sostenerse en el poder, después ya no hay nada que hacer. A nadie le interesa negociar con el que cae”, resalta.

En el caso venezolano, apunta Alarcón, el chavismo parece confiado, por ahora, en que puede mantener el poder “sin necesidad de negociar”.

“Normalmente en una escalada del conflicto no se puede negociar porque el conflicto siempre escala cuando una parte cree que puede mantener lo que quiere por la fuerza (...) En el momento que el gobierno empiece a tener dudas de que puede mantenerse por la fuerza, por la presión o amenazas internacionales, por presión interna o por desestabilización, por las razones que sean, vamos a verlo mucho más dispuesto a negociar”, sostiene.

Descontento ciudadano

Alarcón duda que el régimen pueda realmente mantener el poder por la fuerza, debido al alto nivel de rechazo que tiene en la actualidad, especialmente, tras la feroz represión desatada en contra de los ciudadanos, que deja un saldo de al menos 23 muertos por arma de fuego, según la ONG Monitor de Víctimas, y más de 2.000 detenciones arbitrarias, reconocidas por el fiscal chavista, Tarek William Saab.

“Nosotros habíamos medido, antes de la elección, una disposición muy alta a protestar si había un fraude electoral o si no se reconocían los resultados. Y esa alta disposición a protestar la vimos el lunes”, menciona, en referencia a las manifestaciones espontáneas que se registraron el 29 de julio en todo el territorio venezolano y que, por primera vez en 20 años, llegaron a las inmediaciones del Palacio de Miraflores.

Estima que el “apaciguamiento” de las protestas obedece a una combinación de la represión, en términos porcentuales, “más brutal” que la vivida en 2017, y al llamado de Machado a manejar las manifestaciones de manera organizada. Sin embargo, descarta que el país sea fácil, realmente, de apaciguar.

“Hay una protesta convocada para el sábado (17 de agosto), vamos a ver qué magnitud tiene. Pero es una protesta convocada en términos distintos a la protesta espontánea del 29 de julio. ¿Con esto qué te quiero decir? No estoy seguro de que el país se haya apaciguado ni sea fácil de apaciguar, porque hay un enorme descontento con la situación y con la forma en que se manejaron los resultados de la elección”, precisa.

Un “barril de pólvora”

Alarcón considera que no se debe olvidar que en 1957 hubo un plebiscito promovido por el dictador Marcos Pérez Jiménez, que despertó el descontento popular y culminó con un golpe de Estado que derrocó a la dictadura el 23 de enero de 1958.

Estamos sentados, por así decirlo, en un barril de pólvora, donde la sociedad en general está muy frustrada, muy descontenta y puede terminar aplaudiendo cualquier acción que ayude a cambiar las cosas. Y eso, de alguna manera, genera los incentivos para que alguien u otras fuerzas, ajenas a lo que pueden hacer los políticos o la sociedad civil, actúen”, resalta.

En el escenario actual, en el cual Machado conserva la confianza de los venezolanos gracias a que la “flexibilidad” de sus estrategias han dado resultados, estima que la oposición debe mantener una unidad de propósito y estrategia, y establecer una coordinación “muy estrecha” con la comunidad internacional para que la presión interna y externa tengan una sincronía “coreográfica”.

Además, agrega, la dirigencia política debe construir consensos con relación a la línea que van a enviar a los ciudadanos que los acompañan, para que sepan cuál es su rol y que se espera de ellos, también debe mantener abierta la posibilidad de una negociación, "entendiendo que actualmente el gobierno no tiene incentivos para negociar, pero que los va a tener a partir del momento en que sienta que no puede mantener el poder por la fuerza".

“Ahí, aunque el gobierno se vea en un momento de mucha debilidad, hay que estar dispuestos a negociar y a facilitar el proceso”, sostiene Alarcón.

@ebritop22

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