MIAMI.- Douglas Farah, experto en vínculos entre gobiernos, narcotráfico y grupos terroristas, fue invitado a la Cámara de Representantes de Estados Unidos para presentar un informe detallado sobre las amenazas actuales de organizaciones delictivas transnacionales en el continente americano.
Farah hizo hincapié en la necesidad de prestar mayor atención a la influencia de China, Irán y Rusia en la región, pero también a grupos mafiosos de Turquía, Albania e Italia, “que están incrustados” en Latinoamérica.
Al especialista en temas asociados al crimen transnacional le preocupan, según dijo, situaciones complejas que se presentan en El Salvador, Guatemala, Argentina y Bolivia. Asimismo, en la audiencia que tuvo lugar en el Congreso, llamó a Estados Unidos a volver sus ojos hacia América Latina con políticas renovadas.
-¿Cómo podría resumir la reunión que tuvo en Washington?
Fue una audiencia del Comité de Seguridad Nacional de la Cámara Baja, en donde pidieron mi testimonio como experto para hablar de los temas emergentes del crimen transnacional organizado en América Latina. Ahí traté de reseñar cuatro temas que, creo, son muy importantes, que la política de Estado de EEUU no ha comprendido todavía porque no está luchando contra las nuevas amenazas y sigue muy enfocada en los problemas de los años 1980 y 1990, por lo que es necesario repensar el crimen transnacional, sus actores y tomar nuevas medidas.
-¿Cómo repensar un tema tan intrincado como el crimen transnacional y cuáles son esos cuatro tópicos que se abordaron en la audiencia en la Cámara Baja?
Primero hablamos de un tema que toca desde Argentina hasta Guatemala, que son los estados que llamo en mis estudios ‘ideológicamente agnósticos’, que no son ni de derecha ni de izquierda. En El Salvador tenemos el gobierno de Nayib Bukele, que ya está sin ideología, no es ni de derecha ni de izquierda, es el ‘bukelismo’. En Argentina vemos la facción de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, también ligada a factores muy importantes del crimen transnacional. Ahora, en vez de pensar en ideologías, hay que identificar si son demócratas o no demócratas, si ejercen una democracia limpia donde las reglas de juego estén claras o si son parte de estructuras mafiosas a nivel regional que están dañando las estructuras frágiles de la democracia en la región.
-¿Qué repercusión tienen esos nexos con el crimen transnacional que usted señala y por qué debe ser motivo de preocupación en Estados Unidos?
Porque vemos en casi todo el hemisferio un deterioro muy fuerte en todas las normas democráticas, en cuanto a la libertad de expresión, libertad de los medios y el Estado de derecho. Estamos viendo que en El Salvador ya hay 65.000 presos, supuestamente por ser ‘mareros’ [miembros de la Mara Salvatrucha], pero no hay juicios, nadie sabe dónde están los presos, ni cómo viven, ni cuántos han muerto en las cárceles. Es decir, personas que no han tenido derecho a un juicio. Nada. Vemos en Guatemala que el periodista más respetado del país, José Rubén Zamora, ha sido encarcelado y va a ser sentenciado probablemente a 60 años de cárcel por señalar corrupción en el gobierno. En Argentina estamos observando cómo el gobierno transa en secreto con los chinos, desde poder nuclear hasta litio, bajo acuerdos opacos y una corrupción enorme. Todo eso mina los cimientos de la democracia y el Estado de derecho, que frágilmente se había construido durante las últimas décadas.
-Dentro de ese contexto que usted presenta como algo muy preocupante, ¿quién o quiénes están detrás del crimen transnacional en estos países de la región?
Lo que estamos viendo ahora y para mí es una de las cosas más preocupantes, es que hay grupos nuevos en la región. Sin duda, el Cártel de Jalisco Nueva Generación es lo más grande en el continente en este momento, pero estamos viendo mucha actividad de grupos criminales de Turquía, Albania e Italia, que ahora están incrustados en la región. Tenemos no sólo una diversidad de actores, sino que cada cual trae sus especializaciones, como lavar dinero de maneras novedosas o abrir nuevos mercados farmacéuticos falsificados que venden por miles de millones. Estamos viendo una sofisticación por las lecciones que el uno aprende del otro. Otro factor muy minimizado y que tenemos que entender son las pandillas en Centroamérica, la Mara Salvatrucha, o el PCC en Brasil, que ya no son simples maras, sino factores de crimen organizado, que están incrustadas en las comunidades y eso implica replantear toda la política anti-maras o anti-pandillas, porque lo que hemos hecho no funciona y estos grupos ya están en el tráfico directo de cocaína y otros productos a nivel mundial. Ya no se puede hablar de esos grupos como parte de un país, sino como miembros del crimen transnacional.
-En todo ese contexto del crimen transnacional, ¿qué papel juegan China y Rusia?
Ese es otro de los factores fundamentales. La Unión Europea, Estados Unidos y Canadá han tratado de jugar dentro de reglas que obligan a cierta transparencia. China, Rusia e Irán no lo hacen así. Estamos viendo, por ejemplo, que el litio en Argentina y Bolivia es negociado por los chinos con los gobernadores de provincia en total secreto. Nadie sabe qué pasó ahí, cuánto pagan, quién negoció, quién ganó y no hay un plan de protección del medio ambiente. Esos países fomentan y toleran la corrupción como política de Estado, que es lo que fortalece a los grupos criminales. Es una dinámica de beneficio mutuo, porque los chinos no van a exigir recibos por el dinero que entregan. Simplemente dan millones de dólares y listo. Así reina la impunidad y se crean ciclos de corrupción. Los rusos no tienen tanto dinero, pero manejan estructuras de desinformación muy fuertes para atacar a la democracia.
-Conociendo el problema, que podemos asumir como una enfermedad, ¿cuál sería la ‘vacuna’ para buscar soluciones apropiadas? ¿Qué se debe hacer?
Primero, hay que entender el problema. Por eso, en mi testimonio en la audiencia insistí en que no estamos entendiendo el problema. Tenemos que reconocer quiénes son nuestros aliados reales y quiénes ya no son estados normales, sino estados criminalizados, y comenzar a cortar y aislar un poco lo que compartimos con esos gobiernos. También tenemos que trabajar en el intercambio comercial con todos los países de la región porque eso le quita mucha fuerza a China, y crear consorcios para competir más directamente con los chinos. Hay que prestarle más atención a América Latina.
[email protected]
@danielcastrope