sábado 1  de  junio 2024
CUBA

Al borde del colapso entre apagones y una emigración que no cesa

La mayoría de los cubanos que emigran amparados por las medidas de parole humanitario, escapan del manicomio en el que se ha convertido el país

Diario las Américas | IVÁN GARCÍA
Por IVÁN GARCÍA

LA HABANA, CUBA. - Cuando el Boeing 747 de American Airlines comenzó a tomar impulso en la pista del aeropuerto internacional José Martí de La Habana, Yordanka se persignó en su asiento mientras apretaba fuertemente la mano de su hija de 12 años que miraba por la ventanilla del avión con indiferencia, cómo dejaban atrás ese trozo geográfico que conocemos como patria.

Yordanka llegó a la terminal cinco horas antes de que saliera el vuelo 2696 rumbo a Miami, la ciudad icónica de los cubanos que deciden emigrar del disparate ideológico y económico instaurado hace 65 años por Fidel Castro.

“Tenía miedo de que se me pasara el vuelo, yo vivo en un caserío intricado de la provincia Pinar del Río -a doscientos kilómetros al oeste de la capital- y decidimos salir del pueblo a las nueve de la noche”, dijo con cara de sueño con la cabeza arrecostada a una mochila deshilachada. Yordanka, al igual que una decena de azorados pasajeros que viajaban gracias al programa de parole aprobado por la administración de Biden el seis de enero de 2023, era la primera vez que se montaban en un avión.

No pensé irme

“Yo nunca pensé abandonar mi país. El padre de mi hija heredó de su padre un terreno donde en tiempo de cosecha sembramos tabaco y algunas viandas. El viaje más largo que había hecho era a La Habana”, comentó. Las causas por las que emigra son diversas. “Ya no se puede vivir en Cuba. Son muchos problemas y el gobierno no tiene respuestas. Mi familia trabaja duro la tierra y no progresamos. Cada vez peor. Como el cangrejo caminamos para atrás. Desde enero los apagones más cortos son de ocho horas. Los más extensos de 19 horas. Mi hija se merece algo mejor”, dice segura.

Leticia, 66 años, reconoce que “es muy duro emigrar e iniciar una nueva vida a mi edad. Pero Cuba es el peor país del mundo para que vivan los viejos. Las pensiones son una miseria. No hay medicamentos y la mayoría nos estamos muriendo de hambre. Además, demasiada violencia en las calles. Mi hijo me convenció que me fuera con él a Texas. Le va bien. Trabaja en un negocio del petróleo. Y aunque extrañaré a mi gente, el gobierno ha transformado al país en un lugar inhabitable”, comenta.

Cientos de miles

El programa de parole es una dosis de esperanzas para miles de compatriotas. Hasta mayo del año pasado, según reveló un funcionario estadounidense, habían aprobado a 384.000 cubanos. “Es probable que la cifra actualizada supere los 600.000 personas. Se alistan jóvenes -la mayoría-adultos y ancianos de noventa. Es un drama humano lo que está viviendo Cuba”, expresó. El parole o el sorteo de visa a Estados Unidos son las tendencias de moda en la Isla. Hay numerosos grupos de WhatsApp y en las redes sociales los cubanos le dan seguimiento a cada caso aprobado por las autoridades norteamericana. Pero todos no tienen la suerte de que un pariente o amigo financie su estancia en Estados Unidos. Yoel, empleado bancario en la provincia Camagüey, 500 kilómetros al este de La Habana, indicó que ha hecho todo lo posible por “largarme de esta mierda y nada. Me he apuntado a cursos en universidades extranjeras, ahorrado dinero para hacer compras en Rusia y revender acá y no ha sido posible. La inflación devora a la velocidad de la luz cualquier cantidad de dinero que puedas tener guardado. Estoy desesperado por los apagones y por no tener dinero para comprarle juguetes a mis hijos. Solo queda rezar y que Dios se acuerde de que existo”.

Ni luz, ni agua

En las últimas semanas han arreciados los apagones desde Pinar del Río a Guantánamo. Ruslán, residente en el caserío la Felicidad, en el municipio guantanamero de Yateras, apuntó que “los apagones han sido de quince y veinte horas diarias. Hace casi dos meses que no hay agua. La gente sobrevive comiendo plátano hervido y pescando truchas en la presa. Fíjate si hay hambre que se comen hasta los mangos verdes. Y si te enfermas el puesto medico más cercano queda a veinte kilómetros. La gente está asfixiada. Lo único que queda es protestar. Pero como somos un poblado aislado las boinas negras te caen a palo, te desaparecen y nadie se entera”, reseña.

Sergio, residente en la provincia Artemisa asegura que “en todos los municipios han sacado para la calle a los guardias que están atentos para detenerte si gritas algo en contra del gobierno o suenas los calderos pidiendo comida. La frustración es tremenda. Me siento como si estuviera atrapado en un campo de concentración. Debido al déficit de combustible trasladarse de un lugar a otro, cuesta miles de pesos. Lo que queda es alzarse en el monte”.

Un funcionario del ministerio de la industria básica comentó a DIARIO LAS AMÉRICAS que “en los primeros días de junio entrará la termoeléctrica Felton 2 de Holguín y debe mejorar en algo los apagones. Al menos para La Habana, el resto de las provincias no cuenta. El sistema electro energético del país es muy obsoleto. Y no está entrando combustible. Rusia te regala un barquito igual que México. Pero no es suficiente. Del gobierno han bajado orientaciones de mandar a los empleados que no son imprescindibles a sus casas, parar las fábricas y mayores recortes de combustible. Si ahora estamos mal para el verano podemos estar peor”.

Los extensos apagones ya llegaron a La Habana, que, por ser la capital del país, sede de embajadas, prensa extranjera y municipios que se intercomunican, no había sido afectada. Un residente en la zona antigua de La Habana apuntó que “la capital la mantenían encendida porque es la provincia más disidente de todas. Donde menos gente van a votar en las seudo elecciones que se monta el gobierno y los que a la primera salen a la calle armar jaleo. Además, los altos dirigentes viven aquí. Y seguro que tienen miedo de que si la cosa se calienta el pueblo les caiga en sus residencias a protestar”.

Ser libres

Ya un grupo de madres residentes en los municipios la Lisa y Marianao, al oeste de la ciudad, han ido a protestar a la mansión donde vive el presidente designado Miguel Díaz-Canel. El pasado jueves en el barrio de la Víbora, al sur de La Habana, en medio de un apagón nocturno de seis horas, varios vecinos gritaron consignas en contra del gobierno. Abel, jubilado, expresó que ya “ni en las esquinas puede sentarte a coger fresco. Hay un montón de patrullas, chivas y reclutas movilizados que hacen ronda en los barrios. La situación es tensa”.

Cuando el avión de AA aterrizó en el aeropuerto internacional de Miami, decenas de pasajeros cubanos comenzaron a aplaudir. Yordanka y su hija caminaban deprisa para hacerse el chequeo. Cuando habló por teléfono con su esposo le dijo: “ya escapamos del infierno” y se sintió liberada.

@DesdeLaHabana

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