@ElkisBejarano

Alfredo Ramos Maya, candidato del partido Centro Democrático a la alcaldía de Medellín, visitó Miami porque está orgulloso de su ciudad y confiado en que se puede hacer mucho más por ella.

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Toman unos pocos minutos de conversación con el joven político para corroborarlo: “Quiero seguir mostrando a Medellín globalmente. Tenemos que hablar de varios temas que en Medellín son de alta preocupación y para los que creo que existen soluciones”, afirma, enérgico, el exsenador, quien decidió no ir a la reelección porque se negó a sentarse en el mismo hemiciclo con los miembros de las Fuerzas Armadas de Colombia, tras la firma del acuerdo de paz.

Ramos Maya confiesa que, basado en esa premisa, prefirió “comenzar a pensar en mi ciudad” y trabajar por su futuro.

En conversación con DIARIO LAS AMÉRICAS, el joven político tocó un abanico de temas que incluyeron su agenda política, los retos de la metrópoli que aspira a dirigir y el drama del éxodo venezolano, que ha tocado directamente a Medellín, capital del departamento de Antioquia.

-¿Qué lo trajo a Miami?

-Quiero seguir mostrando a Medellín globalmente. Quiero hablar sobre varios temas que en la ciudad son de alta preocupación y para las que tengo soluciones más internacionales, para que no nos quedemos hablando solo en la localidad. En las calles de Medellín hay más de 70.000 venezolanos buscando empleo, es una ciudad que acoge muy bien a las personas que nos visitan. Sabemos y tenemos mucha solidaridad con la problemática que existe en el hermano país. Sin embargo, empiezan a generarse fricciones internas, cuando unos puestos de trabajo son ocupados por venezolanos. También está el caso de algunas personas que inescrupulosamente despiden a trabajadores para emplear a venezolanos de manera informal, pagándoles menos y abusando de ellos. Nosotros queremos mantener la solidaridad y la empatía con todos los que nos visitan y especialmente con los hermanos venezolanos. Pero para que ellos que no caigan en la drogadicción y la violencia tenemos que generar empleos. Queremos decirles a los empresarios, especialmente a los venezolanos y latinoamericanos, que inviertan en Medellín, que creen empresas y empresas para los venezolanos y los residentes de Medellín. Que nos ayuden también con apoyo humanitario porque están llegando personas con problemas de salud y nutrición, sin techo, y con recursos locales no somos capaces de ayudarlos como necesitamos hacerlo.

-¿Cómo está la situación de la seguridad en Medellín?

-Uno de los retos grandes que tenemos es el tema de seguridad. Existen 84 grupos delincuenciales o “combos”, muchos de los cuales son derivaciones de ese narcotráfico que existió en el pasado, pero no con la misma visibilidad ni con el mismo poder que llegó a tener a principios y finales de los 90, época en la que el narcotráfico permeaba a muchísimas de las esferas del sector público y privado. El consumo de drogas, aunque Colombia no era un lugar de consumo, ha venido aumentado porque a la par que se ha podido detener la exportación, comenzó proceso interno de consumo, que es muy triste porque empieza con los niños y los jóvenes que se envician y esclavizan. Detrás de esta situación, hay grupos económicos de muchos recursos y negocios que se nutren de la extorsión velada, disfrazada de muchas maneras, del robo de vehículos y el hurto de teléfonos celulares. También están otros grupos fuera de Medellín, que tienen algún tipo de control económico y están vinculados con el narcotráfico y la minería ilegal.

-¿Cuál es su plan ante este reto?

-Creo que la solución tiene dos componentes muy específicos: el liderazgo del alcalde y la inversión social con innovación para reducir drásticamente el delito en Medellín. Primero, hay que hacer cambios en la operatividad policial, porque tenemos que tener más agentes en la calle, concentrados no solamente en las capturas de cabecillas, sino en la reducción de los delitos de alto impacto como el homicidio y la extorsión. Hoy desafortunadamente en algunas zonas de Medellín esos grupos que están al margen de la ley, con 2.800 miembros, tienen cierto poderío económico y algún tipo de legitimación social. Medellín tiene que avanzar en tecnología con cámaras de reconocimiento facial, drones, censores para detectar drogas en vehículos, explosivos o armas, así como en mucha labor de inteligencia para desmantelar a los financistas de los delitos. Paralelamente, se debe trabajar en una inversión social muy bien focalizada, que requiere más presencia del Gobierno en todas las comunidades. Medellín creció muchísimo exponencialmente en población en los últimos 20 años. Muchas de esas personas vienen desplazadas por la violencia o por un desplazamiento económico en busca de oportunidades. Esas personas pueden ser más fácilmente vulnerables a la pobreza y la violencia.

-¿Estuvo en contra del proceso de paz?

No en contra el acuerdo y en llegar a una negociación con las FARC, pero sí, definitivamente con muchas de las condiciones que se terminaron imponiendo. Se les dio total impunidad y participación política a aquellos acusados de crímenes de lesa humanidad, y eso es sumamente grave. Terminamos nosotros los ciudadanos con nuestros impuestos pagando por todas las víctimas de las FARC, que se convirtió en un grupo narcotraficante. La “visión política de los 60” de la guerrilla se terminó hace mucho tiempo. Ellos se volvieron realmente en un gran emporio económico y se convirtieron en los lavadores de activos más grandes que pudieran existir. Creo que había mucho o lo que oponerse.

-¿Cuáles fueron sus objeciones al acuerdo?

-Muchos de los miembros de las FARC no se desmovilizaron, sino que teóricamente se desmovilizaron unos cabecillas que hoy son congresistas. Otros siguieron delinquiendo como Jesús Santrich e Iván Márquez [Nota del editor: días después de esta entrevista Santrich y Márquez retomaron las armas] fueron elegidos como congresistas. Muchas de las personas que teóricamente se desmovilizaron están hoy en la disidencia, que son las mismas FARC operando en los mismos lugares, con los mismos negocios relativos al narcotráfico y la minería ilegal. Fue un acuerdo de impunidad con las FARC. Nosotros no nos oponíamos a su participación en política, pero sí a la de miembros que tuvieran condenas por crímenes de lesa humanidad y que hoy siguen impunes, delitos como el genocidio, el abuso sexual de menores y su reclutamiento forzado. Se creó una justicia paralela en Colombia llamada la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), a la cual nosotros nos opusimos, y que hoy, después de estar operando por casi dos años, no ha conseguido la primera condena. Es una burocracia enorme para darle impunidad a las FARC.

-Volviendo al tema de su candidatura a la alcaldía de Medellín, ¿por qué cree que deben votar por usted?

-Porque tengo el conocimiento, la trayectoria y la pasión para ser alcalde de esta ciudad. Trabajé 10 años en el sector privado, conozco cómo generar resultados y hacer realidad todos esos sueños e ideas. El sector privado tiene una gran posibilidad de liderar con resultados específicos, mérito y calidad, sin que se le regale a uno nada y esa es una gran base de la que parto para mi trabajo en el sector público. Como senador, recorrí los barrios de Medellín, propuse grandes leyes nacionales y locales para beneficiar al municipio. Creo que esa suma de ese conocimiento de lo público y lo privado es vital. Además, tengo un gran equipo de profesionales, de personas serias, honestas e íntegras. Tengo una gran capacidad de trabajo y liderazgo y las ganas de servirle a la ciudad. El honor más grande para cualquier ciudadano es servirles a su familia y a sus amigos. Yo tengo a Medellín como una gran familia.

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