Sucedió primero en Colombia, donde Petro logró llegar a la presidencia luego de tres intentos por ser el inquilino de la Casa de Nariño. Finalmente cumplió su propósito el pasado 19 de junio.
Una vez Gustavo Petro asumió el poder, con 50,49% de los votos sobre el millonario independiente Rodolfo Hernández (47,26%), empezó a recibir mensajes de apoyo de los izquierdistas de la región y del mundo, para luego alinearse y estrechar relaciones con el dictador de Venezuela, Nicolás Maduro.
PETRO Y MADURO
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, a la izquierda, le da la mano del dictador de Venezuela, Nicolás Maduro, en las escaleras de Miraflores, en Caracas, Venezuela, el martes 1 de noviembre de 2022.
AP
Para Omar Bula-Escobar, un connotado comentarista político colombiano también consultado este año por DIARIO LAS AMÉRICAS: “Petro tendrá que responder a una agenda global que implica toda una serie de políticas económicas dentro de un supuesto ‘nuevo capitalismo’. Pero también a algunos grupos financieros de Colombia, entonces veremos irónicamente a un gobierno de izquierda respondiéndole al capital”.
Tras la llegada de Petro a la presidencia, Colombia presenta un nuevo reto, el mismo que al que se han tenido que enfrentar algunos países que apuestan por el socialismo: la devaluación.
La moneda local de Colombia, en el segundo semestre de 2022, llegó a costar 5.000 pesos por dólar. Algo que nunca había pasado en el país cafetero.
Retorno de Lula en Brasil
Unos meses después de que los colombianos eligieron a su primer gobierno de izquierda, Brasil decidió decantarse por tercera vez por Luis Inácio Lula da Silva y salir de Jair Bolsonaro.
Pese al historial de corrupción de Da Silva, el pueblo decidió en el balotaje darle un apoyo del 50.9% ante el 49.1% de los sufragios del aún mandatario en función, Bolsonaro.
Al ver las últimas elecciones de la región, el profesor de la FIU Erich de la Fuente, quiso hacer la siguiente salvedad: “(...) si bien la mayoría de los gobiernos de la región son de izquierda hay que entender cómo llegamos allí. No es necesariamente que el pueblo se haya vuelto más izquierdista, sino que han botado a los que estaban en el poder”, continúa. “Cuando Lula ganó la primera vez (2003-2006) hubo mucho miedo y manejó el país hacia la centro-izquierda, el problema no fue ideológico, aunque lo hubo, sino porque era muy corrupto. Eso te dice dónde estamos con la política en América Latina, que la gente vota en contra de alguien y no a favor de alguien”.
Lula, que asume el poder el 1° de enero de 2023, a diferencia de sus dos mandatos anteriores tendrá al Congreso como su piedra de tranca y deberá convencer a un pueblo que no votó por él, sino en contra de Bolsonaro.
“Lo más importante, este no fue un voto a favor de Lula ni por el Partido de los Trabajadores (PT). Este fue un voto anti Bolsonaro, y al mismo tiempo anti Lula. Los votantes de Brasil realmente expresaban que no querían a ninguno de los dos”, detalló de la Fuente y agregó, “esto es un Brasil diferente. Esto no fue un voto abrumador para la izquierda y Lula, Solo podía ganarle a Bolsonaro porque los dos eran tan radicales que solo se podían ganar entre ellos. El Brasil que va a gobernar ahora Lula es mucho más conservador y de centro-derecha que antes”.
AMLO, mecenas de las tiranías
En México no hubo cambios de gobierno, pero su presidente, Andrés Manuel López Obrador, se ha erigido como portavoz de las dictaduras de la región. No asistió a la Cumbre de las Américas en solidaridad con los tiranos que tienen secuestrada a Venezuela, Nicolás Maduro, y Cuba, Miguel Diaz-Canel.
Recibe y apoya visiblemente a todos los gobiernos de izquierda de la región y se limita a actos bilaterales con los países donde dirige la derecha. Además, los niveles de violencia y migración ilegal -que busca llegar a Estados Unidos- no ha podido ser controlada en su gobierno.
El pueblo, además, rechazó su proyecto de reforma constitucional y salió a las calles. “Puro demócrata”, dijo López Obrador en tono irónico mientras mostraba en su conferencia matutina las fotografías de algunos de los políticos opositores que acudieron a la marcha, que se desarrolló la víspera en el centro de la capital mexicana, y que se convirtió en la mayor protesta contra su gobierno luego de cuatro años de mandato.
López Obrador aseguró que en la marcha participaron entre 50.000 y 60.000 personas, mientras que los convocantes sostienen que al evento acudieron más de 200.000.
Costa Rica no rompió la fórmula
A pesar de alzarse con la presidencia de Costa Rica, desde el punto de vista estadístico, 7 de cada 10 costarricenses no votaron por Rodrigo Chaves.
El actual presidente de Costa Rica, un economista de 60 años, obtuvo el 52,86% de los votos frente a un 47,14% del centrista José María Figueres, con el 96,63% de los votos escrutados, informó el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE).
"Recibo con la más profunda humildad esta decisión sagrada del pueblo costarricense (...) Este resultado para mí no es una medalla ni un trofeo sino una enorme responsabilidad", señaló Chaves ante una multitud de simpatizantes en San José.
Pero días después de su elección, una fuente en contacto con DIARIO LAS AMÉRICAS que prefirió el anonimato, señaló que el primer mandatario de la nación centroamericana “tiene muchas cosas negativas, el escándalo de acoso sexual, el tema del banco central… es bastante preocupante”.
Costa Rica actualmente posee una deuda de 70% de su PIB, la cuarta más alta de América Latina, con altos índices de pobreza (23%) y desempleo (14%). La pobreza afecta al 23% de los habitantes del país, que sufrió una de las mayores caídas de empleo en la región entre 2019 y 2020 (-14%), junto con Perú, según CEPAL. Su deuda equivale al 70% de su PIB.
Pese a los contratiempos, Costa Rica encabeza el ranquin en América Latina de los países "más felices" del mundo, según el último World Happiness Report.
Una mirada a la región
Gabriel Boric, electo por los chilenos en 2021 y Pedro Castillo, presidente de Perú desde 2021, son quizás los dos mandatarios de la región que más dieron de qué hablar durante este año.
La aprobación ciudadana al presidente de Chile, Gabriel Boric, cayó hasta un escaso 35 por ciento, mientras que el 59 por ciento de la población rechaza la gestión del mandatario, según la última encuesta elaborada por CADEM.
Además, la izquierda perdió el plebiscito constitucional que realizó, pero el mandatario se empeñó en que se debía hacer una nueva consulta popular para modificar la constitución.
Castillo, en tanto, no se cansó de cambiar ministros a diestra y siniestra mientras que su popularidad iba en caída libre. Al cierre de esta edición, el mandatario peruano había sido destituido tras haber disuelto el Congreso en su totalidad.
Recientemente, el Congreso de Perú había decidido debatir una moción de destitución en contra del mandatario izquierdista, la tercera en los 16 meses que lleva en el poder, por "incapacidad moral" para ejercer el cargo.
Mientras que, en Bolivia, la izquierda radical mantiene su lineamiento desde el año anterior y han retrasado el juicio de la Jeanine Áñez, quien ocupó a presidencia de forma provisional después de que Evo Morales se viera obligado a abandonar el país por acusaciones de manejos fraudulentos en el proceso electoral con el que pretendía atribuirse otro mandato como presidente.