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MIAMI.- El exministro de Estado venezolano y secretario general de la Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA), Asdrúbal Aguiar, afirmó luego de los hechos registrados el pasado 30 de abril en Venezuela que el proceso de usurpación que encabeza el dictador Nicolás Maduro está llegando a su fin.

Aguiar, un agudo crítico de la dictadura chavista, sostuvo que las fuerzas militares de su país están llegando al convencimiento de que no podían seguir por el camino de “confrontar a sus propios hermanos” y recalcó que los pasos para el restablecimiento de la democracia en esa nación sudamericana traen a su memoria los hechos que culminaron con el derrocamiento del gobierno dictatorial de Marcos Pérez Jiménez, en 1958.

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El conocido jurista enfatizó que si bien la “narcocriminalidad y el terrorismo” han permeado a la cúpula de la Fuerza Armada, ese no es el caso que, según su criterio, se evidencia en los mandos medios y bajos de los estamentos militares, cuyos “ciudadanos de uniforme” están padeciendo las mismas necesidades que hoy afronta el pueblo venezolano.

¿Cómo interpreta los hechos del pasado 30 de abril?

Creo interpretar a los 37 expresidentes que integran Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA) y puedo decir que el proceso de usurpación en Venezuela está llegando a su final. El desarrollo de los acontecimientos está teniendo lugar de una manera que yo considero, hasta este momento, realmente inédita, con un restablecimiento del orden constitucional después de haber sido quebrado totalmente, y de manera definitiva, a partir del pasado 10 de enero cuando Nicolás Maduro quiso mantenerse en el ejercicio del poder por la vía de facto, y desconociendo el voto universal directo y secreto.

Esto ha llevado necesariamente a que la Constitución hubiese desaparecido desde el punto de vista material, en tanto que el mundo de la oposición, que desde el punto de vista constitucional pasa a ser Gobierno por la ausencia de un presidente electo desde el pasado 10 de enero, toma la decisión que se consideraba más ingenua, pero que está resultado la más efectiva, que es volver a la constitucionalidad y a la democracia usando el mismo instrumental democrático. El hecho de que la Fuerza Armada al final haya comenzado a responder de forma acelerada al llamado que se la ha hecho para que se incorpore el proceso de reconstitución venezolana, por vía pacífica, está teniendo lugar. Creo que Venezuela escribirá, de llevar esto a feliz término, una página no solo en la historia de nuestro país, sino en la historia universal.

¿A qué se atribuye ese respaldo, para algunos inédito, para otros esperado, que elementos de las fuerzas militares han dado al Gobierno legítimo del presidente Juan Guaidó?

Hay un hecho que es importante señalar en todo este suceso y es que en la vida venezolana, a lo largo de la historia, que tengo la dicha de haberla estudiado, los procesos políticos siempre terminan, de una u otra manera, según sean los entendimientos que se tengan o no sobre el mundo militar. No hay que dejar de reconocer que en la historia venezolana desde 1812, cuando cae la Primera República hasta el momento actual, la dominancia del estamento militar sobre la realidad venezolana, no solo en tiempos de dictadura, sino también en tiempos de democracia, ha sido de carácter vertebral.

El mundo militar ha sido de ciudadanos de uniforme, y es un mundo que intentó y ciertamente logró quebrarlo, dominarlo y corromperlo profundamente el proceso que dura alrededor de 20 años. Pero en buena lid y como ha ocurrido con la mayoría de venezolanos, que son gente de bien, la colusión con la narcocriminalidad y el terrorismo tocó algunos estratos, principalmente los superiores del mundo militar, pero no a la oficialidad subalterna que lidia a lo largo de los años con la misma tragedia del venezolano común, un venezolano sometido, subyugado por fuerzas extranjeras, preferencialmente de origen cubano; un venezolano con miedo inevitable porque ha enfrentado a una dictadura realmente cruel, un venezolano que aprecia que esos ciudadanos de uniforme también estaban yendo a las mazmorras y siendo víctimas de torturas bajo el control de fuerzas cubanas. Llegó el momento en que nuestra Fuerza Armada se está convenciendo de que no podía seguir avanzando en una suerte de camino que la llevaba a confrontar a sus propios hermanos, que es el pueblo venezolano.

¿Qué significado tiene haber visto de nuevo en las calles al presidente Juan Guaidó, junto al líder opositor Leopoldo López?

Esto me lleva a recordar un hecho del que tengo todavía memoria que ocurrió el 23 de enero de 1958 en Venezuela, cuando de manos de la Fuerza Armada, conducida en aquel instante por el contralmirante Wolfgang Larrazabal, se le puso término final a la penúltima dictadura, que fue la de Marcos Pérez Jiménez. De aquel momento, aún tengo presente la salida de los presos políticos y el regreso al país de muchos exilados. Recuerdo el regreso de Rómulo Betancourt, Rafael Caldera, Gustavo Machado, Miguel Otero, que era el editor del diario El Nacional, por ejemplo, y lo que sí estoy apreciando, que espero pueda ser contenido, es que en aquella época se dio una situación de desbordamiento de la misma fuerza popular que lamentablemente lapidó en las calles a algunos esbirros que estaban siendo identificados como responsables de las torturas en ese régimen.

Ese fue un proceso que, más allá de uno u otro hecho de violencia, no dejó luto en la familia venezolana, que permitió un proceso que derivó en un Gobierno de transición, cuya responsabilidad fue fundamentalmente organizar no solo el proceso electoral, con el cual se inicia la República, sino que a la vez los partidos políticos que habían estado inhabilitados, como lo están hoy en día, se lanzaron a las calles para reconstituirse como fuerzas democráticas y, luego de reconstituidas, poder participar, en buena lid, en unas nuevas elecciones en donde esos actores políticos, a su vez, lograron fijar un programa mínimo común de futuro. A mí me sorprende, por cierto, porque tuve la oportunidad de estudiarlo recientemente y emitir un documento dentro de Iniciativa Democrática de España y Las Américas, que el proceso de transición democrática, que parte del estatuto de transición que aprobó recientemente la Asamblea Nacional, en el mes de febrero, marca precisamente esas etapas que yo tengo en la memoria de 1958, que son las mismas etapas que se fijó la Organización de Estados Americanos (OEA) para ponerle fin a la dictadura de Anastasio Somoza, en Nicaragua, con el fin de alcanzar el cese de la usurpación del poder; tener un Gobierno de unidad nacional transitorio, que permitiese la reorganización de todas las instituciones y hacerlas avanzar hacia un proceso electoral para que fuese el pueblo el que, en definitiva, el que decidiese sobre su futuro.

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