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MIAMI.- Si alguien conoce en detalle los fenómenos políticos en el continente americano es el exministro de estado boliviano Carlos Sánchez Berzaín, reconocido abogado, politólogo y director del Interamerican Institute for Democracy, que presenta un nuevo libro titulado Las dos Américas democracia y dictadura.

Sánchez Berzaín, columnista de DIARIO LAS AMÉRICAS, muestra en esta obra de colección cómo el castrismo renace con el petróleo del chavismo y el protagonismo que el régimen de La Habana ha tenido en las dictaduras del llamado Socialismo del siglo XXI, adquiriendo un papel más influyente que Washington en el hemisferio en su afán de poder.

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Pero también el exministro, entre otros temas, lleva al lector a analizar la injerencia del narcotráfico en el contexto de la izquierda latinoamericana, con Bolivia como mayor productor de coca y Venezuela en su rol de distribuidor en el lucrativo negocio.

Carlos Sánchez Berzaín
el abogado, politólogo y director del Interamerican Institute for Democracy plantea las cosecuencias del llamado Socialismo del siglo XX.<p></p>
el abogado, politólogo y director del Interamerican Institute for Democracy plantea las cosecuencias del llamado Socialismo del siglo XX.

¿Cuál es el eje temático de su nuevo libro?

Es un libro que se titula Las dos Américas Democracia y Dictadura, un fenómeno político que ha terminado siendo social y económico en el hemisferio y que ha trasladado la confrontación de las Américas al eje ‘democracia versus no democracia’, democracia con principios y valores de libertad, transparencia, de respeto a los derechos humanos versus lo que se llaman las dictaduras de Socialismo del siglo XXI, que no son gobiernos que han llegado violentamente al poder, pero que se sostienen haciendo uso de la violencia, habiendo destrozado todo el sistema institucional que garantizaba la democracia. Siguiendo el modelo castrista, que es el inspirador, han decidido mantenerse indefinidamente en el poder y esa América no democrática, liderada por Cuba, está conformada por Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua; que ha perdido la influencia que tenía en años pasados en Argentina, con los Kirchner, en Brasil, con Lula Da Silva y Rousseff, han intentado apoderarse de Perú varias veces y la vez que más cerca han estado ha sido con Ollanta Humala, pero ha perdido esa batalla. Controla algunos países de Centroamérica, donde no ha logrado romper del todo la institucionalidad, como El Salvador, y tiene una influencia económica nacida de su principal fuente de dinero que es el petróleo venezolano, sin el que este proyecto antidemocrático y sin Chávez no hubiera sido posible.

-¿A qué público está dirigido este libro?

Este libro está destinado a llamar la atención no solamente de los políticos sino de la sociedad en general y especialmente la gente que trabaja en economía y la prensa, para mostrar la diferencia fundamental en América, que no permite un proceso uniforme de integración, que genera una cantidad de amenazas que tienen que ver con el terrorismo islámico, el narcotráfico y la migración descontrolada, generadas por unos países que no respetan la democracia y que tienen un grandísimo poder que se está agotando porque vemos a una Venezuela en crisis, una Cuba que está viviendo prácticamente otro periodo especial, un Ecuador en el que en estos días se disputa la recuperación de la democracia con una segunda vuelta electoral, una Bolivia que el 21 de febrero de 2016 el pueblo dijo no más prorroguismo a Evo Morales y que se tiene que ir en el 2019, y una Nicaragua que navega sigilosamente porque lo que está haciendo Ortega y su familia es una especie de Somosismo de izquierda, donde han penetrado los mecanismos de capital y donde se han vuelto nuevos ricos.

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El nuevo libro de Carlos Sánchez Berzaín es titulado "Las dos Américas, democracia y dictadura".

¿Cómo aborda en el libro la influencia que ha tenido el castrismo en las Américas?

La construcción de la América no democrática no hubiera sido posible sin el castrismo. En el año 1999, cuando Hugo Chávez llega al poder buscando estabilidad, termina haciendo una alianza con el castrismo y él pone lo único que el régimen cubano necesita: dinero. El castrismo en ese momento era una dictadura agotada, su extinción estaba a la vista, vivía el periodo especial, unos años antes había caído el Muro de Berlín, había desaparecido la Unión Soviética. Entonces, el castrismo resucita con el dinero de Chávez, y de manera subrepticia las democracias y los demócratas no nos damos cuenta y se pone en marcha en el hemisferio. Aparece al principio con banderas de populismo, después con banderas de integración, trata de llamarse ALBA, como movimiento bolivariano, rompe la democracia en varios países, se produce el derrocamiento de Sánchez de Lozada, en Bolivia, también dos derrocamientos en el Ecuador, y eso parecía producto de la crisis económica que vivía la región en ese momento, pero después se verá que eran acciones totalmente digitadas por el castrismo que había retomado capacidad de desestabilización con el dinero de Chávez, y Chávez empieza a meterle dinero a toda América Latina, y el subcontinente se pinta de rojo, financian campañas electorales, el castrismo recrea su “foquismo” de los años 60, pero reemplaza a la guerrilla por el uso fraudulento de la urna electoral y el voto. Ellos deciden aprovechar la figura de la democracia y tratan de hacer creer al mundo que votar es democracia, cuando la votación es realmente un solo elemento de la democracia, y para ser tal tiene que ser transparente, limpia y justa. Chávez se vuelve un ganador permanente de elecciones manejando el fraude electoral, cambiando las leyes electorales, cambia la Constitución, destroza la institucionalidad y todo el resto de la historia es conocida; lo mismo pasa en Ecuador con Correa, en Bolivia con Evo Morales, en Nicaragua con Ortega, lo mismo intentan los Kirchner en Argentina, pero los frena un pequeño espacio de la última trinchera de la democracia que es la libertad de prensa. En su lucha contra el [diario] Clarín salen derrotados; unos jueces federales reivindican esa posición y ahí empieza la caída de los Kirchner con un gran papel periodístico de Jorge Lanata, que hace periodismo de denuncia.

En esta coyuntura, ¿tiene La Habana más poder que Washington?

Lo mejor que le pudo pasar al castrismo es que muriera Chávez. Él era la figura de este movimiento porque era el dueño de la plata. En esa transición lo que hace la dictadura castrista es imponer al sucesor de Chávez y aparece en escena Nicolás Maduro, que es un hombre de su amaño, un hombre del castrismo, que desplaza a toda la posibilidad del chavismo local de ejercer la sucesión, y en ese momento la fuente del dinero, Venezuela, se convierte en la primera colonia del castrismo. Ese es el preciso momento en que los dictadores Castro se convierten en los líderes de América Latina, porque liderando un sindicato de votos con otros países que manejan ellos llegan a tener un peso importante en Naciones Unidas, llegan a neutralizar la OEA con (el entonces secretario general de la OEA José Miguel) Insulza, al punto que desconoce sus propios principios de democracia e ignora la Carta Democrática Interamericana, y obviamente tienen mucho más poder en América Latina que Washington, desplazan en el poder a Estados Unidos sobre América Latina y el liderazgo de América Latina se desplaza de inmediato a La Habana después de la muerte de Chávez. Esto se siente incluso en acciones de política exterior estadounidense porque después viene la normalización de relaciones de Obama con Cuba y ese es el momento de mayor gloria de la dictadura castrista, que se saca el uniforme verde olivo y se viste de traje y corbata, y el dictador busca hacerse llamar presidente y los otros países del grupo de la América dictatorial de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua van en apoyo de ese fenómeno diciendo que en sus países se vota.

¿Es una forma de decir que no son dictadores?

En efecto, esta gente se defiende diciendo: nosotros no somos dictadores, la dictadura es una denominación exagerada de gente que no nos quiere. Pero ¿por qué son dictaduras? De Cuba supongo que nadie duda que sea una dictadura. Pero los otros cuatro países ¿por qué forman parte de este grupo? Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua se amparan en el hecho de decir que allí hay elecciones, pero aun suponiendo que esas elecciones fueran limpias los elementos esenciales de la democracia no se cumplen en esos países. Estos regímenes tienen presos políticos y no respetan los derechos humanos. Tampoco hay estado de derecho, están por encima de la ley. Los jueces se han convertido en elementos de represión. El poder legislativo, salvo Venezuela que tiene un congreso de oposición, pero constreñido, está en manos de quienes ejercen el poder en estos países.

Usted conoce muy bien la política de Bolivia. ¿Qué sucede en esa nación sudamericana bajo el poder de Evo Morales?

Lo que ocurre es que de Bolivia hay pocas noticias y la prensa está totalmente sometida a la línea de información oficial. Bolivia es un narcoestado de la órbita de las dictaduras del Socialismo del siglo XXI. La república en mi país la han suplantado a través de violaciones constitucionales. Evo Morales llegó al poder para permanecer un periodo y ha alterado, siguiendo el modelo venezolano con la asesoría de La Habana, todo el orden institucional para mantenerse cuasi indefinidamente en el poder. Han sido 11 años de Gobierno y está tratando de manipular las circunstancias para ver hasta cuándo se queda. En el año 2003 Bolivia tenía 3.000 hectáreas de coca ilegal y 12.000 de coca legal. Con Evo Morales ahora Bolivia tiene 45.000 hectáreas de coca ilegal y 22.000 hectáreas de coca legal. Bolivia ha inundado de coca a toda la región y tiene un eje de conexión con Venezuela, que es el mayor centro de la cocaína que se nutre de la coca de las FARC en Colombia y la de Bolivia, y maneja el negocio mundialmente.

¿Cómo resume el contenido de su libro?

Hay dos Américas, que no se confrontan entre norte y sur, no entre derecha e izquierda, es una confrontación que gira alrededor de los principios de libertad y derechos humanos que configuran la democracia. Este libro es un conjunto de ensayos cortos y de columnas en algunos casos publicadas por DIARIO LAS AMÉRICAS. Yo creo en las lecturas breves; el mundo moderno ha cambiado y yo creo que el ensayo debe ser un trabajo de prosa corta con hechos concretos, confiables y verificables para poder darle esas explicaciones al lector.

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