Orlando López-Selva
Especial

Cuando releo la historia de la independencia centroamericana, infiero esto:

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1) Hubo independencia al ver que ya otras naciones latinoamericanas lo hacían o era una onda expansiva ¿Estaban preparados estos países con las instituciones debidas?
2) Los de entonces se deshicieron de la monarquía española asumiendo el republicanismo, pero en el fondo continuaron el modelo de concentración del poder, facilitando todo a seudo-monarcas o dictadores
3) Centroamérica no ha tenido estabilidad política ―salvo Costa Rica―, a pesar de haber redactado tantas constituciones en 198 años.

Los primeros brotes independentistas se dieron por tres razones: 1) resultaba incómodo manejar las políticas de la Capitanía General de Guatemala con una España lejana, colonial y un rey invisible; 2) ya se habían independizado México y otros países suramericanos; 3) hubo, desde 1790, varios alzamientos campesinos criollos e indígenas en Guatemala, El Salvador, Matagalpa y Nicaragua.

Para mala suerte de la corona, había desafiantes y desestabilizadoras tropas napoleónicas en la península ibérica.

Una anécdota

El duque de Wellington ―amistado con el venezolano Francisco de Miranda― disponía de 25,000 soldados anglo-irlandeses para liberar a Latinoamérica del dominio español. A Wellington, justo cuando estaba por embarcarse, el Rey británico le ordenó iniciar una embestida contra las tropas francesas en España. Los invasores napoleónicos fueron derrotados.

¿Qué habría implicado si los británicos hubieren sido los salvadores?

Vuelvo a Centroamérica. Se independizaron: El Salvador, Honduras, Nicaragua, y Guatemala, que mantuvo a Belice, aunque la perdería después en el siglo XIX. Entonces, Nicaragua ―con mejor suerte, por la diplomacia de José Madriz y las negociaciones de Rigoberto Cabezas― recuperaría La Mosquitia, la mitad del territorio nicaragüense.

¿Y Costa Rica? Entonces era la provincia de Cartago, y estaba supeditada a la provincia de León, Nicaragua.

Los firmantes del Acta independentista eran: Gabino Gainza (Guatemala); José Matías Delgado (El Salvador); José Cecilio del Valle (Honduras); y Miguel Larreynaga (Nicaragua).

Había 2 millones de centroamericanos en 467,000 km2. Igual en tamaño a España.

Más, esa independencia tuvo sus quebrantos. Se adoptó el modelo republicano. Estados donde la soberanía radica en el pueblo. No en un Rey. Y en 1822 se unieron al imperio mexicano de Agustín Iturbide. Pero, el imperio mejicano sucumbió en 1823. Vino la separación. Y se conformó la Federación Centroamericana.

Entonces, Nicaragua sentó un deplorable precedente. Entre 1821 y 1838 cayó en una anarquía insostenible. Hubo golpes de Estado, revoluciones, magnicidios. En fin, gobiernos sin ley. Hubo 20 gobernantes en 17 años; de nombres alternos: Jefe Político Superior o Jefe de Estado).

Ante esa zozobra, Guatemala quiso mediar. No pudo. Como se cortaba todo desde Nicaragua, y Costa Rica quedaba aislada, las otras repúblicas disolvieron la Federación C.A.

A partir de 1838, las repúblicas centroamericanas devinieron totalmente independientes.

Desde esa época, los gobiernos conservadores nicaragüenses (1858-1893) intentaron restaurar la Unión. (Antes, la guerra nacional (1855-57), había forzado a ejércitos centroamericanos a intervenir para ayudar a expulsar al norteamericano William Walker. Este se había declarado presidente de Nicaragua, y amenazó con anexar a los vecinos).

Ya en 1904 se hizo otro intento. Los presidentes centroamericanos se reunieron en Corinto, Nicaragua. Pero el presidente costarricense, Iglesias no firmó documentos. Las cuatro repúblicas del Norte, formarían otra unión. Pero sin mucho fuelle. Después se firmó el acuerdo de Amapala (isla hondureña); ahí se redactó otra constitución Centroamericana, non-nata e infructuosa.

Así, estás repúblicas permanecieron divididas, pequeñas, débiles.

Hasta en 1951, a los presidentes de entonces, se les ocurrió fundar la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA). Objetivo: crear un foro-mecanismo para impulsar la integración.

Pero esa unión se disolvió por la guerra civil de 1979, en Nicaragua.

Pasó el tiempo. Los presidentes centroamericanos ―por los conflictos internos (o guerrillas) en Guatemala, Nicaragua, El Salvador― se reunieron en Esquipulas (Guatemala), en 1986 para para formar el Sistema de Integración Centroamericana (SICA). Otro intento.

Por cierto, el SICA ha sido moderadamente efectivo. Razones: puso fin a las guerras intestinas; sentó los mecanismos de integración: el Parlamento Centroamericano, la Corte Centroamericana de Justicia, el Foro de Presidentes. Y, finalmente, a este se han sumado: Belice, Panamá, República Dominicana, que lo han hecho gradualmente.

¿Hay alguna relación entre número de constituciones y estabilidad democrática?

Los Estados Unidos solo han tenido una, en 243 años. Israel no tiene; tampoco Inglaterra.

Por otro lado, es siempre importante ver el número de presidentes que cada uno de los cinco Estados centroamericanos ha tenido desde su independencia. Cierto, habría que considerar otras variables: número de juntas de gobierno, militares en el poder o golpes de Estado.

En resumidas cuentas, después de casi 200 años, cabe preguntarse: ¿Cuánto se ha avanzado? ¿Habrá alguna vez una unidad centroamericana estable y sólida? ¿Se buscará otra alianza con México, Colombia u otra potencia regional?

Centroamérica ahí sigue, en un movimiento pendular. Oscila entre la inestabilidad y algunos períodos de tranquilidad y progreso relativo.

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