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MIAMI.- El doctor José Esparza, prominente especialista en virus y vacunas que salió hace 35 años de su natal Venezuela, trabajó durante 10 años en el Programa de Lucha contra el VIH/SIDA de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y también prestó servicios en la Fundación Bill & Melinda Gates, en exclusiva concedida a DIARIO LAS AMÉRICAS evaluó el impacto de la pandemia del coronavirus en el mundo.

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Con autoridad en la materia, este virólogo analizó el inicio, avance y futuro de la pandemia y ahondó en el tema la elaboración de una vacuna para contrarrestar esta enfermedad que ha dejado miles de víctimas mortales.

Respecto a Latinoamérica, Esparza afirma que no es “optimista” en cuanto al impacto que tendrá el patógeno. Específicamente en Venezuela, el virólogo asegura que el precio a pagar por las deficiencias en el sistema de salud será muy alto, además de que cree que la cuarentena ordenada por el régimen de Nicolás Maduro es otra medida de represión y no un paso para cortar la cadena de transmisión del virus.

-¿Todavía falta por conocer más de la pandemia de coronavirus o todo está dicho?

Hay que recordar que tan solo tenemos viviendo con esta pandemia unos cinco o seis meses y es el comienzo de la misma. El virus inexorablemente va a seguir extendiéndose por todo el mundo y digo esto basado en el análisis que recientemente he hecho de las pandemias de influenza que han ocurrido en los últimos 300 años y, aunque el virus de la influenza y este COVID-19 son diferentes, ambos tienen en común la transmisión por vía respiratoria.

Si uno aprende de la historia de las pandemias de influenza se da cuenta de que le dan la vuelta al mundo en varias olas epidémicas hasta que encuentran un equilibrio y este se establece cuando un suficiente número de personas han sido infectadas y han desarrollado inmunidad contra el virus, y entonces se presenta lo que llamamos inmunidad de rebaño o inmunidad colectiva y ese es el mecanismo que histórica y epidemiológicamente las pandemias utilizan para llegar a un fin.

-¿Es probable que el coronavirus se convierta en una enfermedad endémica?

Puede ser, pero no es totalmente seguro. Lo que sí creo es que lo vamos a tener con nosotros por algún tiempo. Pueden ser dos o tres años y digo esto porque ese es el tiempo que le tomará en dar la vuelta al mundo e infectar un suficiente número de personas para que así se establezca la inmunidad de rebaño.

Ahora bien, no se puede descartar que una vez la pandemia termine después de estos brotes violentos que hemos visto en varias partes del mundo, el virus continúe circulando a muy bajo nivel y quizás con una patología muy disminuida. Algunas personas han especulado que quizás este coronavirus pueda transformarse en el quinto coronavirus humano benigno, que al infectar a los niños solamente produce enfermedades benignas como un resfriado común.

-En estos momentos se están elaborando vacunas en laboratorios de diferentes países para contrarrestar el nuevo coronavirus. ¿Qué futuro ve en esas vacunas?

El desarrollo de una vacuna para este coronavirus es posible. Pero hay algunas preguntas que todavía tenemos que respondernos. Por ejemplo, hay ciertas dudas de que cuando alguien se infecta con el coronavirus y se recupera de la enfermedad, esa persona adquiera inmunidad para la reinfección porque ya que se han reportado algunos casos de infección repetida.

Si este virus se comporta como otros, la infección va a resultar en una inmunidad protectora que quizás no sea de larga duración, sólo unos dos o tres años máximo, pero suficiente para cortar la cadena de transmisión del virus.

La otra pregunta con respecto al desarrollo de vacunas es cuántos serotipos del virus existen porque hay más de uno. De manera que si hacemos la vacuna basada en un tipo de virus es posible que esté circulando uno u otro para el cual la vacuna no pueda funcionar. Hasta ahora la información que tenemos es que hay un solo serotipo y que la vacuna que se está haciendo con este serotipo va a ser definitiva para todas las infecciones.

Hasta el viernes pasado [22 de mayo] se había reportado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que había 114 vacunas en estudios preclínicos, es decir que no han sido probadas en humanos y que han sido probadas en animales algunas de ellas. Hay 10 candidatas a vacunas, que es el producto biológico que se hace en el laboratorio y sobre el que tenemos la esperanza de que cuando se le inyecte a un individuo pueda conferir protección.

Estos productos habían entrado en pruebas clínicas en humanos en fase 1 donde la vacuna será administrada a un pequeño número de cerca de 50 personas o menos para confirmar que la vacuna no tiene efectos secundarios y que la vacuna induce en el voluntario la respuesta inmunológica, anticuerpos que, por ejemplo, nosotros creemos puedan proteger contra la infección.

De las 10 vacunas que se están probando técnicamente en el mundo, cinco se prueban en China, cuatro en Estados Unidos y una en Inglaterra. En materia de vacunas lo importante no es necesariamente el que arranque primero. Lo importante es el que cruce la meta y esto significa que después de haber hecho estudios mucho más grandes, con cientos o miles de voluntarios, se demuestre que la vacuna no produce efectos secundarios y que, en efecto, protege contra la infección. Para eso tenemos que esperar un cierto tiempo.

-¿Es decir, no podemos guardar la esperanza de que tengamos una vacuna para este año?

Yo tengo muchísimos años trabajando en vacunas y puedo decir que es un proceso largo porque se necesita hacer pruebas que llamamos de fase 3 o fase de eficacia, donde miles de personas reciben la vacuna, otro tanto recibe un control y luego se mide al cabo de un tiempo, normalmente más de un año, cuántas infecciones hubo en el grupo de vacunados, cuántas hubo en el grupo de control y así sabemos si la vacuna funciona.

Esas pruebas a gran escala también nos dan información sobre posibles efectos secundarios que a lo mejor no se pueden detectar cuando se vacuna a 50 personas, pero cuando se vacunan 10.000 entonces aparece el raro efecto secundario. En el caso de las vacunas, esos raros efectos secundarios son importantes porque la vacuna se administrará a millones de personas, de manera que el número de efectos secundarios puede ser muy alto.

En el caso del COVID-19 se está haciendo un esfuerzo que no tiene precedentes para acortar los tiempos de desarrollo sin sacrificar la necesidad de asegurar que la vacuna sea inocua, que no produzca efectos secundarios. Entonces hay algunas discusiones que pueden llevar a una aprobación temprana o de emergencia en los términos que Food and Drug Administration (FDA).

Es posible que a principios del año próximo alguna vacuna pueda recibir una autorización de emergencia, pero hay que estar muy conscientes de que si eso pasa, la vacuna no se va a administrar a la población en general y que todo el mundo pueda ir a un kiosco a recibir su vacuna. Una aprobación de emergencia probablemente se limitaría al uso de la vacuna en poblaciones con muy alto riesgo de sufrir la infección con un bajo riesgo de efectos secundarios, por ejemplo, en personal de la salud que trabaja en hospitales.

También hay que determinar si la vacuna funciona en personas de mayor edad, lo que normalmente no es fácil porque las personas mayores de 60 años no responden muy bien a las vacunas, pero si esta vacuna produce anticuerpos en personas de mayor edad quizás otro grupo de riesgo que se podría considerar inicialmente sería el de personas en asilos de ancianos.

Como yo veo el desarrollo de las vacunas no es que un buen día van a sonar las campanas y anunciar al pueblo americano y al mundo que una vacuna ha sido desarrollada, que es la imagen que todos tenemos del anuncio del éxito en las pruebas de vacuna contra la poliomielitis en 1955.

Otro aspecto que es importante considerar es que haya en el futuro más de una vacuna contra el COVID-19, no una vacuna única. No es raro. Hoy en día hay diferentes vacunas contra una misma enfermedad que coexisten.

-Como se sabe, el brote de esta enfermedad tuvo su origen en China, donde se propagó internamente, pero luego saltó las fronteras y comenzó a impactar a otras partes del mundo. El presidente Donald Trump ha sido enfático al señalar que China tiene la culpa en este sentido y también cuestiona a la OMS. ¿Qué piensa de esto?

No es necesariamente la mejor estrategia criticar lo que se dejó de hacer porque evidentemente siempre que hay una emergencia de este tipo uno puede retrospectivamente analizar la situación y decidir que se pudo haber hecho mejor.

Entonces, lo que pasó ya pasó. Ahora es importante analizar lo que pasó no tanto para apuntar y decir usted tiene la culpa, sino para evitar que en el futuro esa situación se repita.

Si hacemos un análisis no solo de China, sino a nivel mundial vamos a encontrar que en muchos países, incluso en los Estados Unidos, se hicieron cosas que quizás no fueron las más adecuadas o no fueron implementadas a tiempo.

La situación de China se ha politizado y es más una reacción política que una reacción de salud pública, aunque sí estoy de acuerdo en que China pudo haber actuado más rápidamente y quizás por razones políticas no lo hizo.

-¿Cómo analiza el hecho de que América Latina es el nuevo epicentro del virus? ¿Tendrá un fuerte impacto en países como Venezuela y Cuba?

Ha sido predecible para muchos de nosotros que la epidemia en Latinoamérica va a aumentar significativamente en los próximos meses. De hecho, el virus entró en Latinoamérica y en África con cierta tardanza.

El hecho de que había pocos viajes internacionales, en el caso de Venezuela, fue muy importante porque es un país incomunicado, en el cual muy pocos viajeros pudieron haber traído el virus, sobre todo de Europa.

Eso explica hasta cierto punto la tardanza en el desarrollo de la epidemia en Venezuela, pero también en otros países. Brasil ya es el segundo país en el mundo con más casos y ya existe la transmisión comunitaria.

Las medidas de aislamiento social probablemente no funcionen muy bien en Latinoamérica como pueden funcionar en países escandinavos, que son mucho más disciplinados y tienen un nivel económico más alto.

Una cuarentena, por ejemplo, en Venezuela, se impone sobre todo para reprimir al pueblo, pero no necesariamente para cortar la cadena de transmisión del virus cuando el venezolano tiene que salir diariamente a buscarse la vida, a vender o comprar para mantener a su familia.

Yo soy muy pesimista sobre lo que puede pasar en Latinoamérica. Sin embargo, una ventaja que tenemos los latinoamericanos, si se quiere, en comparación con Europa es la demografía. Somos pueblos más jóvenes. También la población europea es más concentrada porque vive en ciudades con una mayor densidad. De manera que la transmisión del virus es más intensa.

Algunos factores van a hacer que la pandemia en Latinoamérica sea diferente que en Europa y vamos a pagar un precio muy alto por la ausencia de servicios sanitarios apropiados en algunos países, en particular en Venezuela, donde la sanidad pública ha sido destrozada en los últimos 20 años.

dcastrope@diariolasamericas.com
@danielcastrope

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