LA HABANA. - Los chicos hacen ejercicios de calentamiento antes del partido bajo la atenta mirada del entrenador. Estamos en el pequeño estadio de béisbol infantil Juan Ealo, ubicado en la Ciudad Deportiva, en el municipio Cerro, en La Habana. En las gradas los padres conversan rodeados de bolsos con pomos de agua congelada y meriendas para sus hijos. Es un partido de preparación para el próximo campeonato provincial de béisbol de la categoría 11-12 años, entre los municipios San Miguel del Padrón y Diez de Octubre.

La práctica de este deporte en Cuba es sumamente cara. Leonel y su hijo viven en Jacomino, un barrio en el municipio San Miguel del Padrón, al sureste de la capital, y allí abordan un camión que los deja en la Virgen del Camino y después de unos 45 minutos de espera, viajan en un atestado ómnibus de la ruta P-3 hasta la Ciudad Deportiva.

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El costo de las prácticas

“En cinco años que mi hijo lleva practicando pelota, la familia ha gastado más de 500 dólares solo en implementos deportivos. Cada año tienes que comprarle dos uniformes. Uno de entrenamiento y otro para el juego. Antes de la ‘tarea ordenamiento’, los dos costaban 30 pesos convertibles (750 pesos), pero ahora un solo uniforme no baja de 1.500 pesos (cubanos, unos 25 dólares al cambio no oficial). A eso súmale la adquisición de guantes, bate de aluminio y pelotas. Y el gasto que representa viajar todos los fines de semana a distintos terrenos de la ciudad. Además de un dinero extra en meriendas y almuerzos. Imagínate, que un refresco ahora cuesta 80 pesos. Es lógico que después que los muchachos llegan a primera categoría, tanto ellos como sus padres, aspiran a firmar un contrato de Grandes Ligas”, comenta Leonel.

La inevitable fuga

El tema de actualidad en las calles es la fuga de doce peloteros del equipo que participó en el Campeonato Mundial de la categoría Sub-23 efectuado en México. Daniel, abuelo de adolescente considerado un futuro astro del pitcheo en Cuba cree que las sistemáticas crisis económicas y bajos salarios de los deportistas desalientan a los jóvenes a permanecer en el país.

“Ya la etapa romántica de la pelota pasó. Jugar por un salario de obrero no motiva a las nuevas generaciones. Hace veinte años el deporte en Cuba era amateur. A las estrellas del béisbol el gobierno les entregaba un apartamento en Alamar (zona de edificios multifamiliares construida en el este de La Habana) y un Lada soviético. Muchos se retiraban viviendo en condiciones miserables. A cada rato usted encuentra a peloteros destacados vendiendo aguacates para sobrevivir. Si usted tiene un hijo o un nieto que se destaca en la pelota, y los scouts se interesan por él, seguro que su vida le va a mejorar”, asegura Daniel.

Un padre considera que al inicio lo más importante es que los hijos disfruten con la práctica del deporte. “Si hace tres décadas el INDER (Instituto Nacional de Deporte y Recreación) aseguraba los implementos deportivos, actualmente todos los gastos corren por parte de la familia. Cuando llegan a la categoría juvenil o a la Serie Nacional es que el Estado les da uniformes y guantes. Casi todos los peloteros se están marchando de Cuba en edades comprendidas entre los 14 y 18 años. A la mayoría de las futuras estrellas ni siquiera les interesa jugar en las Series Nacionales”.

Por qué se van

Un viejo entrenador deportivo reconoce que los salarios de seis ceros de la MLB constituyen la principal motivación para que los jugadores deseen marcharse del país. “De los muchachos que he preparado, hay varios que ya han firmado contratos millonarios con organizaciones de Grandes Ligas. Se fueron con 15 y 17 años. Por ejemplo, Lázaro Armenteros, contratado por los Atléticos de Oakland y que yo formé, tiene todas las condiciones para llegar y brillar en la MLB”, vaticina el preparador y añade:

“Se firmó un acuerdo con la MLB en la etapa del presidente Obama que beneficiaba a la Federación Cubana de Béisbol (FCB). Pero Trump la tumbó. Para volver a lograr un acuerdo deben darle independencia a la FCB e invertir el dinero que se obtenga de los contratos, en desarrollar la pelota a nivel municipal, provincial y nacional. Desde hace 25 años el béisbol cubano retrocede. Solo en La Habana se han perdido más de 40 terrenos. Y los entrenadores, debido a los pésimos salarios, se dedican a otras cosas o buscan un contrato en el extranjero que les permita vivir con decoro”.

La marcha de doce peloteros, la mitad del equipo, en el torneo que se jugó en México, ha sido la mayor fuga de talentos de una delegación deportiva de Cuba. En la temporada de 2020, 38 peloteros cubanos jugaron en la Gran Carpa y en la de 2021, estaban confirmados 26. Alrededor de 60 jugadores habían firmado en diferentes organizaciones de la MLB e integran equipos en categoría Rockie, Doble AA y Triple AAA. Numerosos peloteros juegan regularmente en ligas del Caribe, Asia y Europa.

Según un funcionario deportivo la aspiración de todos ellos es llegar a Grandes Ligas. “Es el máximo nivel del béisbol en el mundo. Un jugador de MLB gana como mínimo medio millón de dólares anuales. Pero si no llegas a la Gran Carpa, jugando en cualquier liga profesional se ganan salarios que les permite vivir con desahogo y mantener a sus parientes pobres en la Isla. El salario de un pelotero en Cuba es de mil o dos mil pesos (de 40 a 80 dólares). El gobierno no tiene cómo parar el éxodo de peloteros hacia la MLB”, afirma el funcionario.

Irse es la primera opción

Pero no solo los peloteros saltan la cerca. “Ese es el problema. Del país se está fugando la gente más talentosa: artistas, profesionales y deportistas de élite. Lo que va quedando en Cuba es el menudo”, señala el sociólogo Carlos.

La mayoría de los que se están yendo o se quieren ir, son jóvenes de 20 a 30 años. Yunior, músico, dice que “la primera opción de un profesional es conseguir una carta de trabajo o un contrato en el extranjero. En mi caso, hago gestiones para tocar en una banda de jazz. La gente está desesperada por emigrar. Envían sus perfiles a cualquier sitio”.

Muchos estudiantes universitarios y graduados de bachillerato optan por becas en otros países. Incluso profesionales consagrados, deciden hacer másteres y doctorados en universidades foráneas, una vía que les permite escapar de la pobreza y falta de futuro en su patria. “Estudiar en una universidad prestigiosa del Primer Mundo siempre será una garantía para obtener un buen trabajo. Los que se marchan a estudiar al exterior no tienen entre sus planes regresar”, indica un profesor universitario jubilado.

A pesar de los peligros que acecha el periplo migratorio por lugares recónditos como el Tapón de Darién, en Panamá, una selva espesa de ríos crecidos que ha provocado la muerte de al menos una docena de compatriotas en lo que va de año, los cubanos lo siguen intentando. Un joven que se encontraba en un barco rumbo a Capurganá, pueblo colombiano fronterizo con Panamá, declaró a la agencia española EFE que “un cubano nunca tiene nervios. El susto mío era quedarme en Cuba pasando hambre”.

Según datos del servicio migratorio panameño hasta el 6 de junio de 2021, 17.000 emigrados cubanos habían llegado al país. También se lanzan al mar en precarias balsas intentando cruzar el peligroso Estrecho de la Florida y arribar a Estados Unidos, o les pagan a bandas criminales para cruzar la frontera mexicana rumbo al sueño americano.

Cuando el próximo 15 de noviembre Cuba reabra sus fronteras y se reanuden los vuelos internacionales, la cifra de emigrados promete duplicarse o triplicarse.

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@DesdeLaHabana

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