viernes 16  de  febrero 2024
DESDE LA ISLA

Cuba: el calvario de los cubanos es permanente sin importar la época del año

Crecen violencia, maltrato a prisioneros políticos, falta de asistencia médica y no hay rebajas de fin de año

Diario las Américas | IVÁN GARCÍA
Por IVÁN GARCÍA

LA HABANA. - Cuando cae la noche en el barrio de Atarés, municipio Cerro, a diez minutos del centro de La Habana, Leticia, 55 años, peluquera, cierra una reja de barrotes y pone tres pestillos de acero niquelado detrás de la puerta.

Luego activa la alarma y una cámara de vigilancia instalada en la entrada de su casa. “Como está la delincuencia en Cuba, cualquier medida de seguridad que tomes para proteger tu propiedad es poca”, dice, mientras sazona un trozo de pechuga de pollo antes de introducir en el horno.

Es domingo 19 de noviembre. A lo lejos se escucha un toque de tambor en una fiesta de santería, el bullicio de varios jóvenes que juegan dominó y los pregones grabados de un vendedor de tamales que, cansado de dar pedales, se sienta en el portal de un antiguo cine en la calzada de Montes.

Una zona de guerra

Atarés parece una zona de guerra. Calles destrozadas y chorros de agua que brotan de las cañerías rotas de desagües de albañales. Es un barrio esencialmente de casas bajas construidas entre los años veinte y treinta del siglo pasado. Abundan las cuarterías [ciudadelas] y la mayoría de sus residentes son negros o mestizos.

Las broncas [rencillas] son habituales. Los agravios se dirimen a golpes, navajas o pistolas, de acuerdo con su gravedad. Y el ron se bebe como si fuera agua. Existen códigos no escritos sobre el comportamiento en la comunidad.

Los vecinos llaman a la policía solo cuando hay un muerto de por medio. Los trapos sucios se lavan en casa y la justicia se suele gestionar de manera personal.

Leticia, cuenta que “nació y se crió en Atarés. Antes, los delincuentes no robaban ni agredían a la gente del barrio. Ahora no. Un día sí y otro también te enteras de un atraco o un asalto para quitarle el dinero o el teléfono móvil a alguien. Los jóvenes no quieren trabajar. Muchos varones se inician en el ñañiguismo [sociedad secreta, otrora creada para ayuda mutua entre sus miembros; actualmente asumida por personas de cuestionable conducta]. Y muchas hembras se prostituyen”.

El mercado ilegal funciona a todo gas. Y las ventas de drogas y sicotrópicos son el negocio más lucrativo de la zona. “Se vende marihuana, melca, pastillas, en fin…cualquier cosa pa’ponerte rico”, señala Emilio, un tipo de pinta patibularia que ha estado la mitad de su vida preso.

Yoislen, dueña de una pequeña cafetería, apunta que nadie “quiere comprar o permutar para barrios como Atarés, El Pilar o Carraguao. La gente dice, solavaya, esos guetos son calcañal de indígena. Aquí una casa, por muy bonita que usted la tenga, difícilmente alguien te pague 10.000 dólares”.

Crónica roja

Cuenta Amaury, conocido en el barrio como ‘Matute’, que "si en la prensa de aquí existiera crónica roja, los robos, hechos de sangre y asaltos que pasan en Atarés llenarían la página de un periódico. En la última semana hubo cuatro robos en viviendas, media docena de fachos [hurtos] en tenderas, dos asaltos para arrebatar una cadena de oro y un tipo que le cayó a machetazos a su jevita porque le estaba pegando los tarros. Y no te cuento las broncas por tipos que estaban disparando [masturbándose] o por estafas para no cansarte", enumera.

El desabastecimiento generalizado y la creciente violencia son ahora mismo los temas que más preocupan a la población en Cuba. La revista oficial Bohemia realizó una encuesta y el 92% de las personas coinciden en admitir que perciben un incremento de los delitos violentos en los dos últimos años en el país, una realidad que las autoridades se resisten a aceptar, pese a la evidencia y abundantes testimonios en las redes sociales al respecto.

La delincuencia

La impunidad contra la delincuencia también alarma a los ciudadanos. El 48,9% de los participantes en el sondeo fueron víctima de delitos. Y un 73,4% de los afectados dijeron que no han encontrado solución alguna por parte de las autoridades.

La Habana es la provincia que registra mayor aumento de delitos violentos. En los diez meses que han transcurrido de 2023 se han conocido 76 feminicidios y “los decesos por eventos de intención no determinada, que pudiera incluir algunos asesinatos sin esclarecer, sí ha sufrido un aumento significativo, (de 185 defunciones en 2011 a 544 en 2021 y 495 en 2022)”, precisa la publicación estatal.

Las familias blindan sus propiedades cómo si fueran bunkers. Jaime, herrero, indica que “el negocio de hacer rejas para ventanas y puertas es bastante lucrativo. La gente que tiene un baro largo paga cientos de miles pesos. Y los que tienen poco dinero también refuerzan sus casas. Los ladrones le roban al rico y al pobre. He realizado trabajos a dueños de MIPYMES que prácticamente construyeron una caja de caudales en una habitación para guardar el billete, pues nadie confía en los bancos”.

Prisioneros mueren

A casi un kilómetro de la casa de Leticia en el barrio de Atarés, en el hospital Covadonga, enclavado en la Calzada del Cerro, el pasado domingo falleció el preso político Luis Barrios Díaz, de 37 años.

Carlos Hernández, cuñado de Barrios, denunció que “los directivos de la cárcel 1580, en el municipio San Miguel del Padrón, al sureste de La Habana, han cometido un asesinato”.

Según Hernández el 14 de noviembre “su cuñado tuvo visita y unos amigos fueron a visitarlo. Cuando llegaron, vieron que estaba deteriorado de salud, que estaba muy mal. Él les dijo a esos amigos que lo habían llevado al hospital Miguel Enrique y que le habían dado orden de ingreso, pero que los guardias que lo llevaron dijeron que ellos no tenían gasolina para sustituir al guardia que debía cuidar a Luis y que en el hospital no había antibióticos para tratarlo”, supuestamente por esas razones, los guardias devolvieron a Barrios a la prisión.

La violencia del régimen contra los disidentes es de vieja data. Desde enero de 1959 a la fecha, un número indeterminado de opositores al castrismo han sido fusilados y otros miles encarcelados sufriendo malos tratos y golpizas.

Leticia supo de la muerte de Luis Barrios Díaz mientras asaba la pechuga pollo para la comida. “Estaba navegando por las redes sociales cuando leí la noticia. Qué horror, machucan a los disidentes y tienen al pueblo pidiendo el agua por seña. Lo de esta gente -el régimen- no tiene perdón de Dios”, alega.

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Una empleada cubana en un mercado vacío en La Habana, el 4 de enero de 2021.

Una empleada cubana en un mercado vacío en La Habana, el 4 de enero de 2021.

No hay rebajas

Dos días antes del Día de Acción de Gracias, Cosme, 67 años, hablaba por video llamada con sus hijos que residen en Hialeah, Miami-Dade. “Me mostraban por el teléfono el mercado abarrotado de comida y un pavo grandísimo que compraron para comer en familia con sus amigos. También me comentaron de las rebajas de precio a partir del viernes. Y aquí las tiendas vacías y la comida cada vez más cara”, apunta.

El Día de Acción de Gracias es una fecha intrascendente en la Isla. Las autoridades no suelen publicitarla ni hacer rebajas de precios. Muchos cubanos ni siquiera tienen dinero para celebrar las Navidades.

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