MIAMI.- Con la tardía aparición de internet en Cuba, que trajo consigo un despertar del interés de la población por conocer la realidad que no muestra el régimen castrista a través de sus medios de comunicación, los cuerpos represivos de la isla han tenido que echar mano a leyes con las que intentan retomar el monopolio de la información, que hoy puede estar en poder de la comunidad con solo un ‘clic’ en sus dispositivos móviles, tabletas o computadoras. El Decreto-Ley 370, conocido como “Ley Azote”, tendría ese propósito.

Periodistas independientes como Abraham Jiménez Enoa @JimenezEnoa, entre otros con una sólida formación y destreza en su oficio, son víctimas de un clima de hostigamiento en cuyo marco “todo” les está permitido a quienes tienen la misión de servirles de cuidadores al sistema totalitario cubano que ya supera seis décadas.

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DIARIO LAS AMÉRICAS conversó con Jiménez Enoa, de 31 años, en espera de ser padre, recién contratado por el Washington Post para reportar desde Cuba y también columnista de la revista Gatopardo.

De ascendencia negra y orgulloso de serlo, este habanero tiene claro que su profesión es de alto riesgo, pero también que “no es el momento de callar”.

Legitimación de la censura

Jiménez Enoa, quien en su labor cotidiana relata para el mundo lo que sus ojos ven y sus oídos escuchan, so pena de ser reprimido y arrestado, no se va por las ramas para denunciar que el Decreto-Ley 370, promulgado en 2018, pero aplicado con mayor severidad a partir de este año, es “un instrumento para legitimar la censura”.

Desde la perspectiva del comunicador, la “única intención” del Decreto-Ley 370 es “callar e imponer el autoritarismo y totalitarismo de esta dictadura”, en un país en el que, como lo afirma cada vez que puede el régimen, “no se mata a los periodistas”, aunque, retomando palabras del corresponsal de nuestro diario en Cuba, Iván García, recientemente señaló en un reportaje que “es cierto [no matan periodistas]. [Pero] ni falta que le hace. Utilizan otros métodos. Asesinan tu reputación”.

El Decreto-Ley 370, en su artículo 68 inciso i), considera una contravención “difundir, a través de las redes públicas de transmisión de datos, información [que el régimen califica de] contraria al interés social, la moral, las buenas costumbres y la integridad de las personas”.

En un foro del Instituto Interamericano por la Democracia, la semana pasada, la también periodista independiente cubana Camila Acosta, que tributa para Cubanet, se refirió a las multas (de 3.000 pesos cubanos, unos 120 dólares) que le ha impuesto el régimen a ella y otros periodistas, activistas y artistas, conforme a esa disposición, además de la confiscación de los dispositivos celulares que utilizan para realizar su trabajo.

Las sanciones recibidas por Acosta se han producido tras reportar casos como las filas de espera o colas que hacen los cubanos para comprar alimentos y publicar en las plataformas virtuales epítetos como “Castro Virus”, para referirse al aparato totalitario que gobierna en Cuba.

En el caso de Jiménez Enoa, no ha recibido ese tipo de multas, pero está en curso una “campaña de difamación”, según contó, promovida por las "conocidas ciberclarias”, agentes informáticos asignados por el régimen en las redes sociales, con perfiles falsos, para “atacar” a opositores, activistas y periodistas o contravenir cualquier información que sea contraria a las permitidas para los medios oficialistas.

Bajo la óptica del comunicador, esa norma es para los periodistas independientes y activistas en general lo mismo que significa el Decreto 349 para artistas y personas del mundo de las artes, por el control que con esa legislación pretende ejercer el aparato represor cubano sobre quienes se desempeñan en esas lides.

Hostigamiento

Hace unos días, Jiménez Enoa estuvo detenido en su propio domicilio. Es común que el régimen recurra a este procedimiento cuando se anuncia un evento importante en la isla, por ejemplo, la visita de un presidente, o en momentos en que se programa alguna manifestación contra una de las tantas arbitrariedades que suceden cotidianamente, como la muerte el pasado 25 de junio, de un joven a manos de la Policía en el habanero municipio de Guanabacoa.

El hecho condujo a la convocatoria de una protesta nacional prevista para el 30 de junio, que fue imposible realizarla a consecuencia de una ola de arrestos que se efectuó en todo el país para poner en control a los organizadores. A algunas figuras que consideraban clave, como a Jiménez Enoa, les impidieron salir de sus casas ese día.

En su artículo titulado “Periodismo independiente, profesión de alto riesgo en Cuba”, nuestro corresponsal en la isla recalca que la visibilidad a través de internet y el reconocimiento internacional hacia la prensa independiente cubana, han sido de gran ayuda para “periodistas sin mordazas”, a los que se les han abierto las puertas en medios internacionales. Precisamente, García destaca el reciente nombramiento de Jiménez Enoa, en The Washington Post.

Sin embargo, esa “visibilidad” que tiene como gran aliado a las redes informáticas hace que la prensa paralela, que rompe los esquemas trazados por la dictadura, esté cada día más en la mirilla.

Así como Jiménez Enoa, muchos comunicadores que salen a las calles provistos de un teléfono celular, una grabadora o una simple libreta de apuntes, son objetos de amenazas que, en la mayoría de los casos, afectan a sus familiares y amigos.

“En los últimos tiempos, las amenazas y el acoso contra mi persona ha sido el mismo de los últimos años: hostigan a mi familia, se acercan a ellos, también a mis amistades, y los presionan. Por un lado, para crear discrepancias ideológicas hacia mí y, por otro, convencerlos de que lo que yo hago está mal y que deben colaborar con la Seguridad del Estado para sacarme información”, dijo Jiménez.

A un amigo cercano, según su testimonio, lo citaron a un interrogatorio para hablar de él, mientras que a su padre y a su pareja les escriben mensajes por sus redes sociales o directamente a sus teléfonos, como una forma de acosarlos. “A mi pareja se lo han hecho de noche, y también a mi suegra”, explicó.

Además, agentes de la Seguridad del Estado “preguntan por mí en el CDR (Comité de Defensa de la Revolución)” y, asimismo, “me acosan de manera permanente con ofensas”. En plataformas como Twitter y Facebook, dijo, hay ejemplos de lo que denuncia el periodista.

Empero, Jiménez Enoa estima que internet es una gran ayuda para seguir mostrando al mundo lo que realmente sucede en la isla caribeña. “Internet ha sido un tiro en el pie que se ha dado el propio Gobierno, que no tenía conocimiento de todo lo que iba a generar entre los cubanos”, puntualizó.

dcastrope@diariolasamericas.com
@danielcastrope

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