lunes 14  de  septiembre 2026
REPORTAJE

Cuba es una sociedad anestesiada por la propaganda del régimen castrista

A diferencia de los meses de junio y julio, en agosto el OCC contabilizó 34 manifestaciones en la calle, una reducción considerable si la comparamos con las 107 de junio y 72 de julio

Diario las Américas | IVÁN GARCÍA
Por IVÁN GARCÍA

Tres horas antes de que comenzara a sonar la conga, Doris, una mujer demacrada de 49 años y madre de cuatro hijos, apilaba trozos de madera para encender una fogata y preparar algo de comer.

La tarde amenazaba con lluvia. En un caldero tiznado con agua hirviendo, su esposo removía las viandas con una paleta, mientras Doris se daba un trago de ron casero. Suelen comer caliente una vez al día.

“A veces ni eso”, comenta Guillermo, el marido. “No se puede coger lucha. No vamos a resolver nada. Cuando se puede, se compra un poco de pollo o un paquete de salchichas. Lo normal es hacer una caldosa o jamar arroz con salsita, una tajada de aguacate y escapas”, dice Doris y suelta una carcajada.

Se tapa la boca por pudor para que no vean su mala dentadura. En los últimos cinco años, cuenta la hija, su madre ha perdido más de 25 libras debido a la pésima alimentación y el consumo de ron. “No soy alcohólica, soy bebedora social. Si no te das unos tragos te vuelves loca en este país”, se justifica Doris y vuelve a reírse.

Los salarios de ella, su esposo y tres hijos equivalen a 32 dólares. “No alcanza ni para las meriendas de las dos nietas”, aclara Guillermo. Viven en condiciones precarias en un pequeño y caluroso apartamento interior de dos habitaciones con paredes de cemento sin pintar y techo de tejas acanaladas en un reparto a 40 minutos del centro de la ciudad de Cienfuegos, a unos 250 kilómetros al sureste de La Habana.

El cielo se oscurece y empieza a tronar. Pero en la calle se escuchan las cornetas y tambores de una conga con un pegajoso estribillo: “chofe, apura esto” y decenas de vecinos se van sumando. Doris, su marido y sus hijos dejan lo que están haciendo y salen a arrollar.

Un residente de la zona cuenta que “todo eso lo organiza la UJC junto con el partido municipal y otros factores políticos de la provincia. Pan y circo, men. La gente pasando hambre y necesidades, con apagones de tres y cuatro días seguidos y la respuesta de las autoridades es preparar pachangas para desconectar a la población de la dura realidad que vivimos”.

Joel, licenciado en cultura física, expresa que “las instituciones del gobierno se han reunido con nosotros y con los instructores de arte para organizar en los barrios competencias de dominó, planes de la calle, ruedas de casino y venta de libros. También, de acuerdo a las disponibilidades de combustible y recursos, presentación de películas en lugares donde los apagones pueden superar los treinta días. Una forma de despejar”.

En todas las provincias, los aparatos de propaganda del partido comunista han orientado la realización de eventos festivos. Un funcionario estatal revela a DLA que “hay cosas que no se pueden resolver, como los apagones, la distribución del agua y una mayor distribución de alimentos a precios módicos. Por tanto, la estrategia es normalizar el complejo escenario con actividades comunitarias de ocio que sean 'apolíticas' y conseguir que se sume la mayor parte de la población. Por ejemplo, con una planta eléctrica, se montan equipos de audio en la casa de la cultura de la localidad y contratan a un reguetonero de moda".

"Sin discursos políticos ni consignas. Al poco rato, cientos de muchachos están perreando y se alejan por un momento de la tragedia que viven. En el municipio Diez de Octubre, todos los sábados en varios Consejos Populares, se organizan ruedas de casinos, actuaciones de payasos, aparatos infantiles inflables o se coloca una pantalla en un parque para que los jóvenes vean partidos de fútbol de la Liga española”, explica el funcionario.

Carlos, sociólogo, asegura que la estrategia es “desmovilizar y neutralizar a esa masa crítica que cada noche salía a protestar en las calles y no solo reclamaba luz y agua, también gritaba libertad y pedía la renuncia del gobierno. En medio de tantas carencias y debido a la falta de cultura cívica y política, esa maniobra del gobierno está logrando atraer a miles de personas, que consciente o inconscientemente, participan en actividades cuyo objetivo es apaciguar a la población en un momento crítico del régimen. Ese estado mental se conoce como Síndrome de Estocolmo: los mismos que oprimen intentan empatizar con sus rehenes”.

De cierta manera, la dictadura ha logrado contener el descontento social. Según el último informe del Observatorio Cubano de Conflictos (OCC) hubo una baja sensible de protestas callejeras. “Parece que es debido al agotamiento y la disipación del efecto Trump”, opina el periodista e investigador Rolando Cartaya, miembro de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba y portavoz del OCC.

A diferencia de los meses de junio y julio, en agosto el OCC contabilizó 34 manifestaciones en la calle, una reducción considerable si la comparamos con las 107 de junio y 72 de julio.

Un ingeniero de la empresa eléctrica explica que “en octubre, coincidiendo con la votación en la ONU sobre el bloqueo a Cuba, se está desplegando una serie de medidas para mejorar los apagones en La Habana. No son soluciones efectivas ni duraderas. Son parches. Aprovechando que a partir de octubre el consumo eléctrico nacional disminuye al bajar las temperaturas, el número de horas sin electricidad se reducirá en la capital”.

“Los apagones de 30 horas pueden que se reduzcan a 12 o 14 horas en determinados circuitos de la ciudad. Ya comenzó a refinarse el petróleo cubano, que es muy denso y contiene altas dosis de azufre. Con ese diésel se espera generar un nivel de electricidad con los grupos electrógenos". Según el ingeniero, se escogió La Habana porque ha sido el epicentro de la mayor parte de las protestas. “Y por el descontento social reclamando mejores servicios públicos. Además de ser sede de embajadas y de agencias de prensa extranjera”.

En los últimos tres días, los apagones se han reducido en varias zonas. Pero en otras han empeorado. “Hay que volver a tocar las cazuelas. En La Víbora los apagones siguen siendo de 18 y 20 horas”, dice una vecina. En El Cotorro, Arroyo Naranjo, Guanabacoa y San Miguel del Padrón se reportan apagones prolongados. “Es un golpe de efecto. Ponen la luz en lugares céntricos y el resto que se joda”, comenta un residente de Mantilla.

Poco o nada ha cambiado en los últimos meses en la vida de los cubanos. La basura sigue acumulándose en las esquinas, comer se ha convertido en un lujo cada vez más costoso y en casi toda la Isla se mantienen los prolongados apagones y continúa la escasez de agua.

“Llevamos ocho años viviendo en un contexto de crisis polisistémicas que se agrava cada año. No hemos tocado fondo. No hay un proyecto para solucionar la situación. Tampoco voluntad gubernamental que propicien reformas políticas y económicas de calado. Lo que vemos son triquiñuelas de las autoridades que pocos consideran que van a funcionar. Es un juego para engañar y confundir a ingenuos”, afirma el sociólogo Carlos.

El ciudadano promedio se siente atrapado entre un gobierno ineficaz y algunas políticas aprobadas por Washington que por ahora no han dado resultado. Solo han traído mayor represión por parte de la Seguridad del Estado y una frustración general en un segmento amplio de la población, que se había ilusionado con el final de la dictadura castrista.

“Al pueblo cubano no lo escucha nadie. Nos hemos convertido en una pelota que cualquiera golpea con un bate”, se queja Doris, quien hace tres meses no come huevo ni carne y lleva cuatro días sin luz en su casa. Para olvidarse de la realidad, después de tomarse un trago de ron barato, Doris se fue a rumbear en un callejón polvoriento del barrio donde vive en Cienfuegos.

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