LA HABANA.- En algún momento del otoño de 2015, recuerda un especialista de marketing que trabajó durante diez años en GAESA, un alto directivo del holding militar entró a la oficina y pidió la atención de sus empleados.
Economistas, pequeños empresarios y ciudadanos comunes coinciden en definir al emporio militar como un holding creado para apropiarse de la riqueza nacional sin rendir cuentas y beneficiar a un exclusiva élite
LA HABANA.- En algún momento del otoño de 2015, recuerda un especialista de marketing que trabajó durante diez años en GAESA, un alto directivo del holding militar entró a la oficina y pidió la atención de sus empleados.
“Les traigo buenas noticias. Hemos sobrecumplido el plan de captación de divisas en todas las divisiones de la empresa. El fin de año habrá una estimulación importante para los trabajadores. Y el próximo fin de semana celebraremos esos éxitos con una fiesta. Esto ha sido posible gracias a su esfuerzo”, dijo.
Aunque en la oficina todo el personal vestía de paisano, “los empleados sabíamos quiénes eran militares y quiénes eran los tecnócratas civiles”. El sábado nos llevaron a una finca ubicada al este de La Habana, un auténtico paraíso, y el olor del puerco asado en púa se sentía a dos kilómetros a la redonda. Había pargo, boliche de res, una colección de whiskies americanos y escoceses y un montón de cajas de cerveza. Se podía comer y beber sin miseria”, rememora.
Ese mes le pagaron, de acuerdo con su estatus en la empresa, “honorarios mayores en pesos convertibles (CUC). Además del salario en moneda nacional, que era tres veces más elevado que el promedio en Cuba; se nos daba entre 30 a 60 chavitos (CUC) mensuales. Pero los meses de octubre, noviembre y diciembre, a los especialistas nos dieron 100 pesos convertibles a cada uno”.
“Los que llevaban más tiempo de trabajo tenían autos de la empresa y podían llevárselos a sus casas. Contábamos con transporte obrero, teléfonos móviles pagados por GAESA y a los más destacados les entregaban apartamentos con wifi, casi siempre en comunidades militares. A precios baratos nos vendían cajas de pollo, carne de cerdo, carne de res y pescado de calidad como salmón. Todo importado de Brasil, España o Estados Unidos. Siempre tuvimos privilegios. Pero en esos tres meses se excedieron. Nunca nos contaron por qué”, cuenta el antiguo empleado.
Once años después, si seguimos la cronología de ciertas informaciones que intentaban pasar de puntilla, se entiende el ambiente festivo entre los pesos pesados de GAESA. El holding había logrado absorber al 95 por ciento de los negocios y empresas estatales que generaban moneda dura.
GAESA era, y sigue siendo, un gobierno paralelo en la sombra. Sus vehículos no tienen membretes de la empresa. No cuentan con página web institucional y según varios expertos, solamente de cinco a quince personas conocen las ventas en bruto, las ganancias, planes de negocios y expansión del emporio militar.
Asegura el especialista en marketing que “toda la información y balances contables eran clasificados. En las computadoras de la empresa no podías insertar ninguna memoria flash o utilizar internet para entrar a determinados sitios. El administrador de redes era implacable. Usar el correo electrónico, acceder a internet y redes sociales era después del horario de trabajo, en nuestros teléfonos móviles u otros dispositivos”.
“La información era muy compartimentada. Como si fuéramos un servicio de inteligencia. Podías conocer un detalle, por ejemplo, en mi caso, el balance de ventas en las tiendas TRD Caribe, pero era muy complicado saber la cuantía de esas ganancias. Mucho menos, el monto de las inversiones en la construcción de hoteles o la zona especial en el puerto del Mariel. El secretismo era absoluto”, afirma el exempleado.
De 2010 a 2015 fue la etapa de vacas gordas de GAESA. En noviembre de 2013 ya se había inaugurado el puerto y la primera fase de la terminal de contenedores del Mariel, a 45 kilómetros al oeste de La Habana.
Una obra, que según la prensa brasileña costó alrededor de 900 millones de dólares, y de acuerdo con informaciones de diversas fuentes confiables, el gasto real no llegó a 600 millones de dólares, el resto son datos inflados pagados por la empresa brasilera Odebrecht probablemente en coimas a diversas instituciones tanto en Brasil como en Cuba.
En ese quinquenio dorado, GAESA había absorbido a ETECSA, la única empresa de telecomunicaciones en la Isla, comprándole las acciones a su antiguo socio, una compañía italiana. Por esa fecha, ETECSA generaba entre 900 y 1.200 millones de dólares anuales por el pago de llamadas telefónicas internacionales, recargas y venta en divisas para acceder a internet, entre otros servicios.
GAESA también administraba la exportación de servicios médicos, entre ocho y once mil millones de dólares en esa época, la reexportación del petróleo venezolano (Cuba llegó a ocupar el puesto 35 de los países exportadores de combustible), y ya eran dueños de Habaguanex y el Banco Financiero Internacional.
Controlaban cada dólar que se enviaba a Cuba por la empresa estadounidense Western Union y un grupo de agencias de remesas enclavadas en la Florida son sospechosas de colaborar con el entramado militar.
Cada vez que una persona hacía sus compras de alimentos, adquiría juguetes o un televisor de pantalla plana en la amplia cadena de tiendas dolarizadas controladas por GAESA, el holding ingresaba entre un 240% al 300% de ganancias por cada billete verde del 'enemigo imperialista' enviado por los antiguos 'gusanos' a sus parientes pobres en la Isla, quienes intentaban sobrevivir a las duras condiciones del socialismo castrista.
GAESA tiene diversas carteras de negocios en las cuales puede ingresar cifras millonarias: desde buques petroleros y más de doscientas gasolineras hasta la exportación de plasma sanguíneo. Donde más ha invertido, sin importarle la dramática caída de las producciones agrícolas, un déficit de viviendas que supera el millón y la pobreza extrema que ronda el 90 por ciento de la población, es en la construcción de hoteles e inmobiliarias dedicadas al alquiler y venta a extranjeros.
En plena crisis económica, GAESA ha invertido entre catorce y dieciséis veces más que todo el presupuesto estatal destinado a salud pública, educación y agricultura. Según documentos filtrados por El Nuevo Herald, en 2024 GAESA poseía activos por al menos 17.900 millones de dólares, entre ellos más de 14 mil millones de dólares en cuentas bancarias fuera de la Isla.
Economistas, disidentes y voces críticas de la dictadura coinciden en que la desaparición de GAESA es un requisito indispensable para salvar a Cuba de su crisis sistémica.
Llamémosle Yoel, economista, considera que el holding militar deber ser eliminado por varias razones: “Esa concentración de riqueza, además de un latrocinio a las arcas del Estado, al tener la mayor parte de los activos y capitales del país, provoca una competencia desleal con otras compañías, que, en una subasta pública y transparente, quisieran comprar empresas en bancarrota. GAESA acapara los sectores más rentables de la economía como el turismo, la banca, las remesas, los puertos y las telecomunicaciones. Mientras, el resto de los nuevos ofertantes solo tendrían acceso a las ramas económicas más deprimidas como la agricultura".
"Otra de las razones para abolir GAESA es la falta de transparencia, pues opera como un ente opaco y militarizado, que no rinde cuentas ni al ejecutivo, la rama legislativa ni siquiera al ministerio de Economía y Finanzas o la Contraloría General de la República y se desconoce el destino final de esas inmensas ganancias, lo que facilita la concentración de capital en manos de una élite reducida. Una tercera razón, es que bloquearán cualquier reforma económica que les afecte y tratarán de instaurar una oligarquía perversa con derecho de pernada y prácticas deshonestas como el tráfico de influencias, la corrupción y el nepotismo”, precisa Yoel.
Raydel Fernández, emprendedor y financista radicado en República Dominicana, piensa que se debe crear una comisión encargada de gestionar el proceso de privatización de los activos de GAESA, dentro y fuera de Cuba.
“Primero se debe hacer una auditoría y un catastro de búsqueda de los activos en el extranjero. Que no pase como en la desintegración de la antigua URSS o la famosa piñata nicaragüense. Unos diez miembros debería tener esa comisión de privatización, funcionarios muy competentes y demostrada probidad, bajo la supervisión directa del presidente de la República durante la etapa de transición".
"Se harían licitaciones públicas donde los cubanos tendrían la primera opción de compra. Todo el proceso deberá ser muy transparente y con acceso a la prensa y los ciudadanos, para que controlen que no haya nepotismo ni corrupción. Y supervisado por firmas auditorias de reconocida solvencia y prestigio internacional”, explica Raydel.
En una encuesta exprés, 19 de 26 personas de distintas edades consultadas, opinan que GAESA debe ser eliminada y sus fondos pasar al erario. “Se han robado y lucrado con miles de millones de dólares que les pertenecen a la población. Esa empresa debe ser cerrada y sus cabecillas juzgados por un tribunal independiente. Se han robado las riquezas de la nación”, señala un taxista habanero.
Yorgelis, ingeniera, señala que “GAESA no ha invertido un dólar en mejorar la calidad de vida de la ciudadanía. No ha construido viviendas, termoeléctricas, hospitales, círculos infantiles. Los militares que la dirigen se han convertido en multimillonarios, malversando el dinero y los recursos del Estado. No se puede asaltar un banco y salir ilesos. En un futuro deben ser procesados”.
GAESA recibió su primera tanda de sanciones en 2016, durante la primera administración de Trump, puso a varios de sus negocios en una lista negra. En el segundo mandato, con la colaboración del secretario de Estado Marco Rubio, la Casa Blanca implementó medidas más severas que repercuten en las finanzas de GAESA.
La salida de varias compañías hoteleras extranjeras y la cancelación de las tarjetas Visas y Mastercard en Cuba, es un mazazo importante para el imperio militar. El objetivo de Washington es forzar a negociar a la dictadura verde olivo, sumamente debilitada por la terrible crisis multisistémica.
Cuando usted le pregunta a la gente, en La Habana y otras provincias, la mayoría opina que, en cualquier trato futuro, GAESA debería devolver los activos que poseen. Les pertenece a los cubanos.
