La Habana, Cuba - Cuenta un matarife de reses que cuando salen a ‘trabajar,’ viajan en un jeep hasta una granja ganadera en las afueras de La Habana. “Robar vacas no es jamón. Si te pilla [sorprende] la Policía te pueden caer entre ocho y veinte años de cárcel. Sin contar que ya casi todos los guajiros poseen armas de fuego. A pesar de los riesgos, el sacrificio ilegal de ganado aumenta por año. Gracias a nosotros, muchos cubanos pueden comer carne de res”.

Al igual que una gran cantidad de cubanos, el matarife está descontento con el gobierno. Cree que han administrado mal el país. La palabra democracia le suena bien. “Me gustaría votar para elegir al presidente, hacer huelgas para reclamar aumentos salariales y que las opiniones políticas diferentes no sean un delito. Pero eso en Cuba nunca ocurrirá. Es demasiado el miedo, empezando por mí. Tengo más valor para descuartizar una res en medio de la madrugada que pertenecer a un grupo opositor”.

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¿Por qué ser disidente provoca tanto temor en Cuba?, le pregunto. “Porque a un disidente la Seguridad lo lleva contra la tabla. Un tipo que roba cemento, combustible o una vaca puede comprar a policías y funcionarios corruptos. El opositor es un perseguido del gobierno. Solo tiene dos opciones, ir a prisión o largarse del país”, responde.

Ilegalidad sí, oposición no

Un recogedor de bolita (lotería clandestina), coincide con el matarife: la peor elección que se puede hacer Cuba es ser opositor político.

"Hay que ser muy idealista, y desde luego valiente, para desafiar al gobierno. Hasta finales de la década de 1980, el Estado perseguía el juego prohibido y la prostitución. Pero como es tanta la corrupción, algunas autoridades policiales y políticas miran hacia otro lado, a no ser la venta de drogas, que es un poco más perseguida, pero nunca tanto como a la oposición. Los cubanos, sean o no partidarios del gobierno, compran carne de res por la izquierda, le pagan a una prostituta y montan una fiesta o juegan en la bolita, a ver si se ganan un parlé [premio] que les pueda resolver sus problemas financieros”, argumenta el ‘bolitero’.

Para él, ser disidente es otra cosa. "Te pueden condenar a un montón de tiempo encarcelado. Quienes viven al margen de la ley, cuando en una barriada un opositor provoca la presencia constante de agentes policiales y ‘segurosos’ [agentes encubiertos], tienen que parar sus 'bisnes', se molestan con el disidente e incluso desean que lo metan preso. La Seguridad [del Estado] lo sabe y manipula a los vecinos, pues en cualquier barrio existen negocios por la izquierda y se lucra con lo que ‘se cae del camión’”.

Carlos, sociólogo, considera que “los cubanos no tenemos un ADN distinto ni somos más ni menos cobardes que otros pueblos. Simplemente en los sistemas dictatoriales las discrepancias políticas se controlan provocando el pánico en la población. El modelo cubano, aunque se encuentra en su momento de decadencia, permite ilegalidades como los juegos prohibidos, la prostitución y alquilar el 'Paquete', entre otras ilegalidades que no les causan conflictos, siempre y cuando se mantengan al margen de la política. El régimen castrista ha sobrevivido porque tiene claro quién es su enemigo. Ha llegado a hacer alianzas con religiones que anteriormente había prohibido y permitido conductas que en el pasado castigó. Esa permisividad nunca la ha tenido ni tendrá con la oposición política. Es cavar su propia tumba”.

El sociólogo piensa que generar cambios democráticos de forma pacífica en una dictadura, es un camino poco alentador para la ciudadanía. "El grupo Solidaridad de Lech Walesa en Polonia, por ejemplo, pudo crear un movimiento disidente fuerte y popular porque Walesa trabajaba en los astilleros de Gdansk y allí, con su labor sindical, pudo organizar un entramado opositor. Contaba con el apoyo de la iglesia católica y un fuerte sentimiento antisoviético de una mayoría de los polacos, incluidos funcionarios del partido comunista. La perestroika de Gorbachov le permitió consolidarse y obligar al gobierno del general Jaruzelski a negociar. Con la caída del Muro de Berlín y el fin de la dictadura de Erich Honecker, en la antigua Alemania Oriental, sucedió algo parecido. De ahí que la primera medida que toman los servicios especiales en Cuba con un disidente en ciernes es expulsarlo de su puesto de trabajo y cortar sus vínculos con el resto de la sociedad”, subraya Carlos y concluye:

El miedo supera la voluntad

“Además, el modelo autocrático cubano ha diseñado un control social que comienza en el barrio, sigue en la escuela y se mantiene en los centros laborales. Tienen a su favor los clanes corruptos que imperan en el sector turístico, gastronomía, almacenes de víveres y empresas rentables, en los cuales una ley no escrita permite que se puede lucrar con los bienes del Estado mientras no te involucres en ‘actividades contrarrevolucionarias’. Eso ha impedido que la oposición en la Isla no tenga una base obrera sólida. Es en ciertos sectores intelectuales donde se ha roto el dique. Pero el miedo sigue superando el deseo de trabajar de forma organizada por un cambio democrático”.

¿Cuánto puede durar el castrismo? Raydel Fernández, financista cubano residente en República Dominicana, considera que con “la muerte de Raúl Castro, el único freno y sostén del frágil equilibrio actual en la lucha de poder, el edificio institucional que sostiene a la dictadura (FAR [fuerzas armadas], MININT [Ministerio del Interior] y PCC [Partido Comunista]) sufrirá un terremoto y habrá un colapso interno general”. Eso pudiera suceder en un plazo de tres a cinco años, vaticina Fernández.

El régimen verde olivo ha demostrado una resistencia a prueba de balas. Sobrevivió a la caída del Muro de Berlín en 1989, a la extinta URSS [Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas] en 1991 y en Cuba, al llamado ‘Periodo Especial’, una etapa de penurias colectivas y apagones de doce horas que comenzó en 1990 y se extendió hasta 1997. Superó una protesta popular en La Habana, el 5 de agosto de 1994, conocida como el ‘Maleconazo’. También, a la muerte de Fidel Castro, en 2016. Y recientemente, a las manifestaciones de miles de cubanos que el 11 de julio de 2021 exigieron libertad y democracia en más de 50 localidades del país.

Con una oposición fragmentada y reducida por el hostigamiento, la represión, la cárcel y el destierro, las alternativas de cambio se limitan a probables reformas políticas dentro del régimen, masivas protestas callejeras o el factor biológico tras la muerte de Raúl Castro. Es como tirar una moneda al aire. Por eso una buena parte de los cubanos optan por emigrar.

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