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@DesdeLaHabana

LA HABANA.- Dora, residente en el barrio de Juanelo, en el municipio de San Miguel de Padrón, en La Habana, señaló que "el pasado fin de semana una familia se metió a la fuerza en una casa colindante con la mía. Llamé a la Policía y me dijeron que ellos no se encargaban de esos trámites, que fuera a Vivienda. Cuando llegaron los dueños, que estaban de vacaciones en Varadero, se armó una bronca bestial. Palos, machetes y hasta revólveres. El dueño de la casa golpeó a una mujer y lo acusaron de lesiones. Este país no hay quien lo entienda, se meten en tu casa y si intentas sacar a los ocupantes puedes ir preso”.

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Un jefe de la Policía en la barriada de Lawton, a 30 minutos del centro de La Habana, explicó que "en su demarcación, en los dos últimos años, cuatro familias han ocupado casas de manera ilegal. La denuncia debe hacerse en el Instituto de la Vivienda municipal. Después, con la ayuda de la policía se desalojan. Pero el proceso es dilatado. Son casas de personas que emigraron, están cumpliendo misiones en el extranjero o trámites de venta. Sacarlos es un problema. Son familias numerosas con varios hijos que ya no tienen nada que perder y enfrentan con violencia a los que lo quieren desalojar”.

Maikel, exconvicto, confesó que “después de cumplir 12 años en el tanque (prisión), cuando llegué a mi antiguo domicilio no tenía dónde dormir. Los hijos de mis hermanos dormían en la sala. Estuve varios meses en la calle, durmiendo en edificios deshabitados con peligro de derrumbe o en las guaguas. Me enrolé con una jevita (muchacha) y tuve jimaguas. Una noche rompí la puerta de un cuarto que estaba vacío en un solar. Llevo seis años viviendo ilegal. De ahí no me saca ni Dios”.

En junio, el sitio oficialista Cubadebate publicó un reportaje sobre los okupas en la ciudad Santa Clara, provincia de Villa Clara, a 279 kilómetros al este de La Habana. En el texto, el intendente villareño señala que el primer paso es persuadir a la persona para que salga del lugar, es lograr un entendimiento y atender a su situación que no significa resolverle su problema. Según las leyes cubanas, el que ocupe o se apodere ilegítimamente de un inmueble incurre en sanción de privación de libertad de tres meses a un año o multas de cien a trescientos pesos o ambas.

Maikel, expreso y ahora un okupa, conoce al dedillo las leyes: “Quienes nos vemos obligados a irrumpir en casas deshabitadas llevamos un montón de años planteando nuestra situación a las autoridades y se burlan de nosotros. metiéndonos un montón de cuentos y mentiras. Somos familias que, por diferentes razones, no tenemos un techo. Entramos en las viviendas donde los dueños se fueron del país. Si no la ocupamos nosotros, el Estado se la otorga a un militar o un funcionario del gobierno. Y a nosotros nos mandan para un albergue promiscuo y violento que es peor que estar en la cárcel”.

La feroz crisis económica, hiperinflación y desabastecimiento general que vive el país, ha incidido en las familias más pobres, sobre todo los ancianos.

De acuerdo con cifras oficiales, el año pasado se duplicó el número de cubanos que reciben asistencia social. En 2021, un total de 404.815 personas fueron favorecidas por la asistencia social, el doble de 2020, cuando alrededor de 200 mil recibieron ayudas.

Magalys, trabajadora, social, consideró que “probablemente, este año las familias y personas vulnerables crezcan un cinco o diez por ciento. Se percibe un aumento visible de la pobreza extrema”. Es el caso de Octavio, jubilado, que recibe una chequera de 1.528 pesos, unos 7 dólares en el mercado informal, "una cantidad que no me alcanza ni para comprar viandas", asegura mientras hace cola para almorzar en una sucia fonda capitalina.

En alta voz, Octavio comentó que "mucho código de la familia, mucha pamplina del gobierno y mucho bla, bla, bla. Quieren que nuestros hijos, que también cargan con un saco de necesidades, nos atiendan o de lo contrario pueden ser sancionados. Pero el culpable de nuestros problemas es el Estado. Si nos pagaran pensiones decorosas no tuviéramos que vivir en el umbral de la indigencia en el que estamos viviendo".

Por qué

“El problema en Cuba es ver cómo llegamos al día siguiente”, señaló Yasmani, empleado de salud pública, encargado de erradicar al mosquito Aedes Aegypti en un distrito al sur de La Habana. Hace tres meses quedó ‘disponible’, un término utilizado en el manicomio socialista de la Isla para camuflar el desempleo.

Yasmani era pailero en Antillana de Acero, pero debido al déficit de combustible se quedó sin trabajo. "Me propusieron tres empleos: custodio de una escuela, agricultura o fumigador en la campaña contra el dengue. Opté por la fumigación, se trabaja poco y suele haber búsqueda” ('búsqueda' significa ganar un puñado de pesos extras, casi siempre robándole al Estado).

Confiesa que a veces vendía veneno para ratones y cucarachas o cobraba por fumigar en determinados locales. “También se vendía el petróleo que se utiliza para fumigar, pero últimamente hay más control. Los ladrones y okupas ilegales de casas suelen pagar por determinada información. Conocen que nosotros visitamos muchas casas. Y hay un montón de viviendas vacías, pues sus dueños no están en Cuba. Cuadrar con facharines (rateros) no es una buena opción. Si los coge la policía te echan pa’lante y puedes ir preso. Pero la gente que se mete en las casas vacías no es un delito grave. Y pagan bien”, aseguró Yasmani.

Y contó que la semana pasada un señor le pagó 3.000 pesos (unos 18 dólares según la cotización en el mercado negro), para que le confirmara las viviendas de la zona que estaban desocupadas. El modo de operar es simple: en la noche rompen las cerraduras y una familia, por lo general madre soltera con varios hijos, se queda allí viviendo.

Miriam, madre de un hijo parapléjico, afirmó que los 1.200 pesos (cerca de ocho dólares) que recibe de la asistencia social, es “simbólico, no alcanza para nada. De vez en cuando me dan una colchoneta o un par de jabones de lavar. Tengo que salir a la calle a vender jabas de nailon o limpiar casas para que a mi hijo no le falte un poco de comida”.

Carlos, sociólogo, aseveró que la pobreza extrema en Cuba ha crecido considerablemente: “Es un tema tabú para el gobierno. La última estadística, realizada en una etapa de supuesta bonanza, hablaba de un 27% de pobreza. Pero no se especifica el tipo de pobreza. Considero que entre un 60 o 70 por ciento de la población cubana es pobre, porque sus salarios no cubren sus necesidades primordiales y muchos viven en la miseria”.

Para escapar de la pobreza los cubanos hacen cualquier cosa. Deisy, maestra jubilada, hace colas de tres noches para comprar 100 dólares en una Cadeca -casa de cambio estatal- que luego revende en el mercado negro. “Una vecina me presta el dinero. Los 100 dólares los compro a 123.60 y los revendo a 175 pesos o al precio que esté en la calle. En esa operación gano cinco mil pesos, dos veces más que mi pensión. Eso lo hago tres o cuatro veces al mes. Tengo unas ojeras tremendas, apenas duermo. Vamos a ver hasta cuánto dura la venta de dólares por parte del Estado".

Otras, como Daimara, se prostituyen: “Cuando era más joven cobraba 30 o 40 dólares por noche. Pero ya tengo 40 años y estoy bastante gastada. Ahora me voy a la cama con un hombre o una mujer por unos tragos o algo de comer”.

Elizabeth, ama de casa, se dedica a canjear ropa de uso, sal y azúcar. “Como ya casi toda mi ropa la he tenido que vender para comprarle pollo a mi hijo, lo que estoy haciendo ahora es cambiar la sal y el azúcar prieta que me venden por la libreta, por arroz o viandas y poder comer arroz, frijoles, yuca o una tajada de aguacate”, aseguró.

Alfredo, desempleado, ya perdió toda esperanza. Una noche sí y otra también, se sienta con sus amigos a beber como piratas alcohol filtrado con carbón vegetal. Es la manera que tienen de escapar a sus problemas cotidianos.

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