viernes 5  de  junio 2026
Memorias de Cuba

De una casa de citas a una residencia diplomática

A la casa de Delia acudían personas cuya respetabilidad no les impedía "pegar tarros". Hombres y mujeres bien vestidos llegaban furtivamente y se encontraban dentro de la habitación con su pareja

Diario las Américas | TANIA QUINTERO
Por TANIA QUINTERO

En 1959, ansiosa por trabajar, supe que en la Havana Business Academy, en Monte entre Romay y San Joaquin, al doblar de mi casa, por ocho pesos al mes se podía aprender mecanografía y taquigrafía en inglés y español. Se lo dije a mi padre y estuvo de acuerdo, no sin antes advertirme: "Trata de aprender en un mes, porque ocho pesos es demasiado dinero". Con un mes me bastó. Las clases se impartían cuatro horas diarias, de lunes a viernes.

La directora era una mulata china, elegante y culta. Pero su refinamiento no le impedía que se viera con un señor en uno de los dos cuartos que para esos menesteres alquilaba Delia, una portuguesa que vivía en el primer piso de nuestro edificio. Si dos hermanas se ganaban la vida dando clases en la escuelita que todos los veranos montaban en la sala de su casa, en la cuadra donde vivíamos, Delia se buscaba los pesos con una discreta casa de citas.

En uno de esos dos cuartos, años después, viviría Jorge Luis Piloto, famoso compositor radicado en Miami desde 1980. Jorge compartía el cuarto con Beba, su madre. Lo recuerdo alto y flaco como una vara de pescar, siempre acompañado de la guitarra con la que regresó después de pasar el servicio militar.

A la casa de Delia acudían personas cuya respetabilidad no les impedía "pegar tarros". Hombres y mujeres bien vestidos llegaban furtivamente y se encontraban dentro de la habitación con su pareja. Uno de los asiduos visitantes se llamaba Reynaldo. Cuando le conocí, era ya un "subversivo" (así le decían a los revolucionarios antes de 1959), pero no lo sabía.

Después de enero de 1959 nos enteramos de su nombre completo: Reynaldo Castro Fernández (Reynaldo Castro Fernández - EcuRed) y había sido uno de los asaltantes al cuartel Moncada. Por la Calzada de Vento había una fábrica que llevaba su nombre. Cuando pasaba por allí y veía el letrero "Reynaldo Castro", me costaba creer que una fría placa representara al hombre jodedor que yo había conocido en casa de Delia la portuguesa.

En 1984 conocí en La Habana a Oswaldo França Jr. (Oswaldo França Júnior – Wikipédia, a enciclopédia livre), escritor brasileño fallecido en 1989. Cuando lo traté, me recordó a Reynaldo Castro. Oswaldo también era muy alegre y jaranero, pero a diferencia del cubano, no vestía de cuello y corbata.

Junto a Thiago de Mello, Frei Betto y otros intelectuales brasileños, Oswaldo integró el jurado del Premio Casa de las Américas de 1984 en la categoría de lengua portuguesa. Se hospedaron en el hotel Habana Riviera, en Paseo y Malecón. Un sábado por la tarde, junto con Oswaldo y tres o cuatro brasileños más, salimos a caminar por el Vedado. Subimos por todo Paseo y al llegar a Línea recordé los encuentros sabatinos en la residencia del Sr. Kuhn, embajador de los Países Bajos. Un tipo chévere, a quien le gustaba recorrer la ciudad en bicicleta.

Les propuse a los brasileños llegarnos hasta la mansión del embajador, en la calle 2 entre 17 y 19. El portón estaba abierto. Entramos y a mis amigos les mostré a algunos de los artistas e intelectuales asistentes aquella tarde: el actor Mario Balmaseda, la teatrista Miriam Lezcano, el escritor Miguel Barnet, el poeta Pablo Armando Fernández, el ensayista José Prats Sariol y su esposa Maruchi, profesora de la escuela de ballet, entre otros.

En 1986, Oswaldo França Jr. publicó un libro titulado Recordações De Amar Em Cuba, en el cual me menciona.

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