Especial
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MIAMI.- La verdad aflora a retazos, pero el misterio prosigue como en una novela de John Le Carré.
El jueves la agencia de noticias Associated Press dio a conocer una grabación singular: una muestra de sonido de lo que primero se calificó de “incidente” y luego de “ataque sónico”. Es la primera vez que se conoce públicamente lo que empleados de la embajada de Estados Unidos en La Habana dicen haber escuchado en sus residencias, hoteles o la propia legación.
Desde la noche del jueves las principales cadenas de televisión y publicaciones de internet pusieron dicha muestra a consideración del público. Vale aclarar que existen varias grabaciones y que solamente una de ellas se dio a conocer. Además, a esta se le rebajó la intensidad y volumen. Así y todo, el sonido, como de un coro de grillos enloquecidos, resulta bastante molesto.
Los ataques —que se produjeron desde fines del 2016 y hasta mediados del 2017— han afectado hasta ahora a 22 diplomáticos de Estados Unidos y a cinco de Canadá, aunque es posible que ese número aumente.
Los médicos que atendieron a los diplomáticos diagnosticaron lesión traumática cerebral leve, pérdida de audición permanente y trastornos de equilibrio, jaquecas severas, alteración cognitiva e inflamación cerebral.
A fines de septiembre el Departamento de Estado decidió retirar al 60 % de su personal en La Habana y expulsó a una cifra similar de funcionarios cubanos de Washington. Estados Unidos no ha responsabilizado directamente a Cuba en los hechos, pero sí destacó la obligación —según los acuerdos de Viena— de proteger al personal de la embajada y sus familias.
No está claro durante cuánto tiempo se recogieron esas grabaciones (en agosto se detectó el último ataque) ni en qué momento se entregaron a las autoridades de Estados Unidos. La nota de la AP informa de que la Marina —U.S. Navy, por sus siglas en inglés— las analiza, pero no aclara cuándo las recibió. Una de los primeros objetivos de la pesquisa sería revelar qué dispositivo produjo tales sonidos; la siguiente, si estos guardan relación con las lesiones de los diplomáticos.
Ni la Marina ni el Departamento de Estado quisieron hacer comentarios sobre la grabación. Por su parte, Cuba sigue negando su participación y sostiene que los ataques constituyen “insólitas patrañas sin evidencia alguna”. Es poco probable que esta muestra sonora modifique esa postura.
En Estados Unidos, la vocera del Departamento de Estado, Heather Nauert, dijo que Cuba “podría tener más información de la que sabemos ahora”. Y el jefe de gabinete de la Casa Blanca, John Kelly, declaró su convicción de que “el gobierno cubano podría detener los ataques a nuestros diplomáticos”.
En este contexto de escabroso silencio, es dable pensar que la AP recibió un “filtrado” oficial con suficiente asesoría técnica. Las grabaciones fueron tomadas en diferentes momentos y circunstancias, pero en todas, asegura la AP, está presente el mismo sonido agudo. De los 22 estadounidenses lesionados no todos escucharon sonidos, pero aquellos que pasaron por la desagradable experiencia reconocieron que lo que se ha difundido es similar a lo escuchado en La Habana. “Ese es el sonido”, citó la agencia que afirmó uno de ellos.
Según declararon a la AP expertos en acústica, hay hasta 20 frecuencias incrustadas en el extraño sonido, espaciadas de manera regular, al igual que los momentos de silencio. ¿Siguen un patrón o es pura casualidad?
En opinión del teniente coronel del Ejército (en retiro) Octavio Pérez, analista militar y político, los ataques con armas sónicas no son novedad. “Estas armas existen desde hace tiempo. Las hemos utilizado en acorazados en el Estrecho de Ormuz y en el Golfo de Adén con el fin de ahuyentar las embarcaciones piratas; en casos extremos se han usado contra disturbios civiles”, afirmó.
El ingeniero Manuel Álvarez, de Advanced Digital Communications, con larga experiencia en el área de telecomunicaciones, escuchó la grabación y comentó a DIARIO LAS AMÉRICAS que “se trata de un sonido de banda ancha, de entre 8 a 22 kiloherz, y ciertamente puede hacer daño, si se escucha a gran volumen”. Y subrayó: “Incluso de tan solo oír esto puedes sentirte mal”.
Con todo, hasta el momento no se ha establecido una relación de causa-efecto entre los chirriantes sonidos y las dolencias que sufren los diplomáticos estadounidenses y canadienses.
Por experiencia personal, Octavio Pérez sabe de lo que habla: “Un sonido de más de 3 kilohertz puede ser dañino al sistema auditivo; todo eso se va acumulando con el tiempo y deja una secuela. Yo mismo he tenido pérdida de audición y tinnitus, por haber estado sometido a ruidos intensos de helicópteros y tanques, y al alto volumen de la radio”, indicó.
Más allá de los tecnicismos, de la acústica y los exámenes médicos, la intriga mayor radica en la identidad del agente y sus motivos, toda una trama para una novela de espionaje.
Álvarez aseguró haber seguido esta historia desde el principio. “Si fuera un acto deliberado”, argumentó, “quedaría en pie saber qué ganaría el gobierno cubano con eso”.
El teniente coronel Pérez no tiene dudas: “La evidencia más fuerte son las diferentes frecuencias presentes en el sonido, las variaciones, que son dañinas y demuestran toda una intención, repetida y consistente. Quizás el propósito inicial no fue lesionar sino solo responder, una especie de contramedida de defensa, pero el resultado es este”.
Hasta que nos llegue un retazo más de la verdad, todas las variables están sobre la mesa.
“En Cuba todo es posible: un ataque consciente o mal manejo de un sistema de escucha de los órganos de inteligencia”, reflexionó el ingeniero Álvarez. “O quizás es más simple: solamente efectos de equipos defectuosos, sin mantenimiento, o trabajos hechos con descuido en redes wifi de la capital. Eso pudiera corroborarse si hay cubanos que se quejan de los mismos síntomas”, apuntó.
¿Sabremos la verdad algún día? Álvarez lo duda. “Nunca lo dirían”, enfatizó.
Por su parte, el coronel Pérez estimó que ambas partes están interesadas en ocultar los hechos. “En el caso de Estados Unidos porque podría revelar la existencia de sistemas tecnológicos avanzados”, sostuvo.
Por lo pronto, las tensiones entre Cuba y Estados Unidos tienden a agravarse. El futuro se presenta incierto.
“El gobierno de Donald Trump puede aprovechar la coyuntura como instrumento de negociación. La suspensión de los visados, unida a la crisis política de Venezuela, que recorta la ayuda a la isla, podría colocar al gobierno cubano en una situación difícil que lo obligue a sentarse a dialogar con Estados Unidos”, concluyó Pérez.
