Huracanes, terremotos y ahora la pandemia de COVID-19. Las islas del Caribe raramente han sido tan vulnerables, ahora con una temporada de huracanes inusualmente activa que amenaza una región que aún se recupera de tormentas recientes mientras enfrenta una sequía grave y una pandemia que ha drenado presupuestos y obstaculizado los preparativos.

“Es increíble”, dice Iram Lewis, ministro de desastres de Bahamas. “Nadie pudo imaginarlo”.

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Entre tres y seis tormentas huracanes grandes pudieran formarse este año como parte de un total de entre 13 y 19 tormentas con nombre pronosticadas para la temporada que empieza el 1 de junio y termina el 30 de noviembre, de acuerdo con la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA). La temporada promedio tiene 12 tormentas nombradas y tres huracanes grandes.

El pronóstico sombrío llega en un momento especialmente duro para el Caribe. Miles de personas han perdido sus viviendas en el sur de Puerto Rico debido a fuertes sismos y en el norte de Bahamas debido al huracán Dorian, que azotó el área en septiembre de 2019 como meteoro de categoría 5, matando a unas 70 personas y dejando centenares de desaparecidos. Los trabajos de demolición en algunas áreas no habían siquiera comenzado cuando estalló la pandemia y comenzaron los confinamientos, causando millones de dólares en pérdidas económicas en una de las regiones más dependientes del turismo.

Como resultado, los gobiernos están pasando más trabajo de lo normal en prepararse para una temporada que comenzó temprano: la tormenta tropical Arthur se formó a mediados de mayo y arrojó aguaceros en islas vapuleadas por Dorian en las Bahamas antes de irse al mar.

La respuesta a la pandemia de COVID-19 ha agotado los fondos gubernamentales y los encierros han demorado los preparativos para los huracanes, especialmente la identificación de suficientes albergues.

“Es un panorama muy complejo este año”, dijo Elizabeth Riley, directora ejecutiva de la Agencia de Manejo de Emergencias del Caribe. En Bahamas, el gobierno colocará a familias en aulas en lugar de preparar gimnasios amplios, como lo hizo con el huracán Dorian, dijo Lewis, pero ésa no es una posibilidad en Puerto Rico, donde decenas de escuelas en el sur de la isla fueron cerradas permanentemente por un sismo de magnitud 6,4 y sus réplicas, con más de 70 familias aún viviendo en hoteles mientras continúa la búsqueda de viviendas.

“Definitivamente tenemos unos retos adicionales, que son todas estas emergencias simultáneas”, dijo William Rodríguez, administrador de viviendas públicas en Puerto Rico.

El cierre de escuelas significa menos albergues en un momento en que se necesita más espacio para evitar una segunda ola de casos de coronavirus.

El territorio no ha dado a conocer su lista final de albergues y todavía hay muchas personas viviendo con lonas azules como techos desde el huracán María de 2017, dijo Ariadna Godreau, abogada de derechos humanos y directora ejecutiva de Ayuda Legal Puerto Rico.

El gobierno calculó varios meses atrás que más de 20.000 de esos techos seguían colocados en toda la isla, pero ni los funcionarios ni la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias de Estados Unidos (FEMA) pudieron dar cifras actualizadas.

FUENTE: Con información de AP

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