Leo que en varios barrios de La Habana la gente está saliendo a protestar, no solo por los apagones y el hambre, sino también por la falta del servicio de agua. Un país que hace sesenta y siete años era civilizado, tan civilizado era que esas mismas calles, ahora llenas de baches, sobre las que hoy protesta la gente con hambre, sin bañarse y con sed, fueron trazadas y construidas antes de la llegada de la barbarie destructora que resultó el castrismo.
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El acueducto por el que ahora no les llega agua también fue construido antes de que nuestros padres y abuelos le entregaran su destino a un Orate parlanchín llamado Fidel Castro. Cuando esto hicieron, ese acueducto conducía agua: agua fresca y abundante.
Durante los 507 años que han transcurrido desde su fundación, La Habana solo sufrió por falta de agua los primeros setenta años, hasta que en 1592 se inauguró la Zanja Real. Durante la mayor parte de ese tiempo, La Habana fue una pequeña villa con pocas casas, una iglesia rústica y una fortaleza pequeña e inservible.
En 1592, bajo la dirección de Bautista Antonelli, las aguas de la Zanja Real llegaron a lo que es hoy la Plaza de la Catedral como “el cuerpo de un buey”. Caudalosa y abundante. Agua de sobra que abasteció a la siempre creciente ciudad hasta 1834, en que se inauguró el acueducto de Fernando VII —de tuberías de hierro— y luego, en 1893, el muy moderno canal de Vento o acueducto de Albear, que todavía funciona porque no necesita de electricidad. Funciona, pero no da abasto para tanta demanda.
Sesenta y siete años después de que nuestros padres y abuelos le entregaran sus destinos —y, por ende, el nuestro— a un Orate y su pandilla de bandidos, hoy los habaneros no tienen servicio de agua. Bueno, tampoco tienen electricidad, servicio médico, transporte público o alimentación sana. El castrocomunismo los sacó de la civilización.
Hace justo 430 años no se había inventado la electricidad, pero La Habana, ya con categoría de ciudad, recibía agua de sobra para el consumo de su cada vez mayor número de habitantes y visitantes de su puerto. El 24 de junio de 1596, un habanero que pedía permiso para fundar un ingenio azucarero justificaba su petición en la abundancia del líquido:
En esta ciudad y puerto de ella no había agua dulce para beber y gastar los vecinos y gente de guarnición de las fortalezas y fábricas de ellas y de las flotas y armadas de Su Majestad, y se iba por ella al río de la Chorrera, dos leguas de esta ciudad, con grande costo y riesgo de todos y muchas veces no se podía traer habiendo temporal en la mar, hasta que habrá cuatro años que se trajo y corre en tanta abundancia que todos la toman cuando quieren, sin ninguna costa ni riesgo en muchas partes de la ciudad por donde viene a la mar (...). [Y continúa, especificando lo que ha significado el acueducto para el progreso de la ciudad], y si saben que en ella había muy poca vecindad por razón de la falta de la dicha agua y de los dichos cuatro años [desde 1592, cuando se terminó la Zanja] a esta fecha que aquella vino se ha aumentado de tal manera que hay doblada gente y vecinos de lo que solía y se han labrado y edificado otras tantas casas de las que había, y muchas de ellas de piedra y muy bien labradas y costosas...
Hace cuatro siglos no se había inventado la electricidad, había agua de sobra y los habitantes de Cuba fundaban ingenios azucareros. Hoy no tienen agua, les quitaron la electricidad, les destruyeron los centrales azucareros y les impiden siquiera pensar en hacerlo.
Hace cuatro siglos la población aumentaba y se edificaban casas “bien labradas y costosas”. Hoy la población huye, emigra a cualquier lugar del mundo mientras las casas y edificios —antes “bien labrados”— hoy se derrumban sobre sus sedientos inquilinos.
Y todavía hay gente que justifica al comunismo totalitario; que sigue cómplice o apoyando a esa Junta Militar de Barrigones que desgobierna y oprime a lo que queda de Cuba y de los cubanos.
Cuba no será libre, próspera y feliz mientras esa pandilla de asesinos e ineptos sigan en La Habana balbuceando inútiles soluciones mientras encierran a menores.