Desde enero de 2017, la conjeturada apertura política de Cuba comenzó a desvanecerse con el cambio de estrategia de Washington hacia La Habana. Los privilegiados del régimen optaron por presionar a las fuerzas de seguridad interior para atajar brotes de protestas o levantamientos e impedir que las candidaturas de los opositores a las elecciones no llegaran ni a la primera fase y para que el statu quo que los mantiene en el poder siga incólume.

Quienes no estén familiarizados con lo que sucede en Cuba podrían leer los informes sobre Derechos Humanos de Amnistía Internacional y despojarse del complejo denominado “Willy Toledo”. Toledo, actor y productor español devenido activista político, va a Cuba a gozar de un ‘sociolismo’ que él confunde con socialismo. Alguien como él lo pasa en grande mezclando, con mirada acrítica y vidriosa, la condescendencia interesada de los barrios pobres y los actos de agasajo de la burguesía de izquierdas.

Existen miles que, como Willy, pasean por las calles sin levantar la vista del suelo para no percatarse de la falta de libertades, la represión arbitraria y la vigilancia constante a quienes piensan diferente y tienen la capacidad de influir. Quizás verá normal y hasta justificará que sacudan, chantajeen, difamen, vigilen y apresen a quienes critiquen al gobierno cubano, ya sea desde el activismo o desde la cocina de su casa. También le dará igual que la cifra de detenciones arbitrarias por disentir del régimen haya ascendido a 4.665 solo entre enero y diciembre.

Cambio de táctica

El Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) denunció que las últimas 306 detenciones arbitrarias corresponden solo a noviembre, mes en que el régimen decidió aplicar, al unísono, sus tácticas burdos o sutiles.

El régimen ha emprendido una campaña de confiscación de bienes personales y de medios de trabajo a periodistas independientes con tácticas muy preocupantes. Si antes realizaban seguimientos y vigilancia a discreción, ahora persiguen y detienen a los reporteros en medio de entrevistas o reportes. Si hasta 2016 se valían, en gran medida, de los soplos de informantes anónimos, ahora vigilan desde las patrullas policiales y abiertamente. Si antes actuaban en secreto, ahora patrullan en uniforme. Tres tics represivos provenientes de las dictaduras más violentas de América Latina.

Algunos brotes verdes

Los cubanos llevan más de medio siglo sin derechos humanos, el año 2017 no fue una excepción. Después de varios meses de una aparente mano menos dura, cuando las decisiones del expresidente Barack Obama eran una esperanza económica para el pueblo y una tabla de salvación para la cúpula militar de la isla, llegó una encrucijada de desesperanza que ha puesto muy nerviosos a los altos funcionarios encargados de la represión.

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<p>Captura de pantalla de la protesta realizada en Santiago de Cuba, el 26 de julio pasado, por miembros del Comité Cubano de Derechos Humanos, quienes fueron más tarde arrestados.</p><p></p>

Captura de pantalla de la protesta realizada en Santiago de Cuba, el 26 de julio pasado, por miembros del Comité Cubano de Derechos Humanos, quienes fueron más tarde arrestados.

En 2017, el Ministerio del Interior tuvo que movilizar como nunca a sus reservistas del oriente cubano. Hasta Santiago de Cuba, el bastión por excelencia de la evocada Revolución Cubana de 1959, tuvo que ser prácticamente sitiada para que Raúl apareciera varios días después del aniversario de la muerte de Fidel Castro.

"Abajo la dictadura. Abajo Fidel. Abajo Raúl. Abajo el Congreso", se escuchó en una céntrica plaza muy cerca de donde Fidel proclamó su triunfo definitivo, al bajar de la Sierra Maestra. Fue el 26 de julio, otro de día célebre en que el Comité de Ciudadanos Defensores de los Derechos Humanos (CCDH) logró perturbar el acartonamiento oficial castrista.

Unos meses antes, un periodista transmitió por Twitter y en tiempo real, el momento en que un manifestante sacó la bandera estadounidense en el desfile del Primero de Mayo para después ser detenido y literalmente arrastrado por fuerzas de la seguridad del estado en plena Plaza de la Revolución y frente a toda la plana mayor del régimen. La Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) subió a Internet el video de la demostración de protesta.

"58 años de engaño, hambre y miseria. Viva el derecho de expresión, opinión y de prensa". Decían los carteles de ese día, una especie de resumen de los cientos de acciones no violentas con que la oposición cubana de la Isla ha logrado ha logrado denunciar y manifestarse en contra de la falta de libertades democráticas.

Desde el activismo artístico y político, la mediación de organizaciones internacionales y los medios de prensa que, como DIARIO LAS AMÉRICAS, denuncian la actitud autoritaria del régimen con quienes disienten, cada vez son presentadas mayor cantidad de pruebas irrefutables con capacidad para movilizar a la opinión pública internacional frente a las injusticias del régimen.

El grupo opositor cubano Las Damas de Blanco recibió el Premio Libertad 2017 que otorga el Instituto Republicano Internacional. María Elena Alpízar Ariosa, una de sus fundadoras considera que este año “ha sido uno de los más duros para la integrantes del grupo”. Las opositoras llevan meses intentando acceder a actos en defensa de la libertad y casi no las dejan salir a la esquina de su casa.

Más represión

En las últimas semanas del año, aumentaron las denuncias de periodistas y opositores encarcelados durante varias horas, han confiscado más de 400 dispositivos entre cámaras, micrófonos, móviles y computadoras. “Nos vigilan de cerca y, cuando sacamos el micrófono para que el pueblo hable, ahí ya están ellos para quitárnoslo”, declaró a este medio, Rolando Rodriguez Lobaina, director de Palenque Visión.

Desde la cúpula central han movido las fichas para designar a dos jóvenes altamente manipulables como directores de los periódicos oficialistas Granma y Juventud Rebelde, sus dos medios de propaganda oficialista. Han iniciado la revisión de uno de los negocios adyacentes del régimen, el ‘Paquete Semanal’ (recopilación de material digital que se distribuye en el mercado clandestino de Cuba como sustituto del Internet de banda ancha) para que los contenidos no inciten ni a la violencia ni al levantamiento popular.

La orden de apaciguar todo lo que huela a insurrección ha sido dictada desde el círculo cercano a Raúl Castro, como siempre, pero esta vez persiste una singularidad que la agrava, la olla de presión en que se está convirtiendo Cuba pudiera implosionar en cualquier momento. Tiene obstruidas sus históricas válvulas de escape. El éxodo de cubanos hacia Estados Unidos se limitó desde principios de año con la suspensión de la política “pies secos/pies mojados”, la reunificación familiar por razones migratorias corre peligro y pocos quedan cubanos quedan ya con la posibilidad de nacionalizarse españoles.

Todo lo sucedido desde finales del año 2016, desde la muerte del dictador mayor, hasta el cambio de la política de Estados Unidos hacia Cuba en junio de 2017, ha provocado el retorcimiento de las estrategias con que el gobierno cubano suele apaciguar los peligros que surgen. Para empezar, han optado por vigilarse entre ellos hasta dejar frentes importantes abiertos como el de la seguridad nacional por el que entraron los ataques acústicos.

En octubre, Cuba fue reelegida para integrar el Consejo de Derechos Humanos durante el período 2017-2019, sin embargo, el gobierno de la isla controla todos los medios de comunicación y restringe el acceso a información proveniente del extranjero y de Internet, da golpizas a los opositores, desprestigia a los intelectuales, hostiga a artistas y restringe el desplazamiento de ciudadanos dentro de Cuba. Más de lo mismo, pero aún peor.

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