“El país no se ha podido recuperar. El impacto que provocó el COVID 19 en todas las ramas de la economía es como si hubieran lanzado un torpedo a la línea de flotación de un buque. Cuando usted estudia las cifras, sean del ámbito económico, productivo o social, saca una conclusión muy simple: técnicamente, Cuba colapsó hace tres años. Y la peor noticia es que no hay soluciones si no se llevan a cabo profundas reformas económicas y políticas. El sistema hace metástasis. No tiene salvación. Se agotó el tiempo”, indica el experto.
Cambio sin demora
Considera que los cambios no deben retrasarse más, deben comenzar a aplicarse ya. "Cada día que pasa el país se apaga. No es una metáfora, ese tiempo perdido repercute en el ciudadano común que será cada vez más pobre. Si no se rescata con urgencia a Cuba, corremos el riesgo de convertirnos en la Somalia del Caribe”.
“El secreto mejor guardado de las autoridades no es si negocian o no con Estados Unidos. Es cómo salir del atolladero. Los cubanos, asfixiados por la crisis multisistémica, apagones prolongados y desabastecimiento general, viven al día. El envejecimiento poblacional es una bomba que ya detonó. Las soluciones pasan porque regresen uno o dos millones de cubanos que residen en el exterior o se contrate mano de obra extranjera, algo complicado, porque el país está en ruinas”, describe el sombrío panorama Gustavo.
“En Cuba hay que tirar abajo las actuales estructuras y comenzar de cero. Eso pasa también por una amplia limpieza de funcionarios incompetentes y parasitarios, quienes lastrarían el futuro desarrollo del país. Y aunque se ponga mucho dinero encima de la mesa, con ese capital humano y el colosal burocratismo será complicado salir adelante”.
Punto de no retorno
En su opinión, Cuba hace rato pasó el punto de no retorno. “Como en un videojuego, ya las vidas se agotaron. Se sobrevive gracias al control de la sociedad ejercida por el partido comunista y la Seguridad del Estado. Pero el país no genera riquezas. Excepto la venta de algunos servicios médicos, las remesas y el turismo, que permiten captar unos pocos miles de millones de dólares, cantidades que resultan insuficientes".
“Con donaciones de países aliados y consignas desde una tribuna no puede vivir una nación. En cualquier momento el gobierno decreta el Estado de Guerra con cero combustibles, luz eléctrica racionada y toque de queda en las ciudades. El futuro de Cuba, si no hay cambios, será mucho peor que el presente. La incontrolable inflación es ahora mismo uno de los enemigos más peligrosos, porque impacta en los bolsillos del consumidor y afecta en la estabilidad y calidad de vida", afirma el economista.
Si damos crédito a cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), la inflación del mercado formal en Cuba del mes de febrero de 2026 se ubica en el 12,33% interanual. Por categorías resalta el incremento interanual en Restaurantes y Hoteles (22,27%), Servicios de la Vivienda (15,75%), Transporte (14,35%) y Alimentos y Bebidas no Alcohólicas (14,34%).
Cifras irreales
Según economistas independientes, esas estadísticas no recogen de forma adecuada los datos en el mercado informal ni los incrementos del sector privado. Gustavo habla claro: “Como la mayoría de las estadísticas en Cuba en los últimos diez años, esas cifras de la ONEI no son reales”.
Y explica: “El 80 por ciento de las compras de alimentos, medicamentos y otros servicios, los cubanos lo hacen en el sector privado. El 70 por ciento de la población se está transportando en vehículos particulares. El comercio minorista lo lidera el sector privado. Y debido a la subida del dólar y la crisis del combustible, que impacta en un alza de precio en cascada que incluye al productor, transportista y vendedor, la inflación real es casi el doble de las estadísticas oficiales, y es la que devora los miserables salarios y pensiones de los cubanos”.
Diana, ama de casa, reconoce que la subida de precios ha sido escandalosa. "Lo mismo en un bodegón de una MIPYME que en una tienda dolarizada del gobierno. En los servicios es igual. Un albañil, plomero o mecánico de refrigeración te cobra un 30 por ciento más caro que hace dos meses”.
Pone ejemplos. “En diciembre, la carne de cerdo importada costaba entre 950 y mil pesos. Ahora cuesta entre 1,250 y 1,400 pesos. La libra de pollo, la carne más barata, aumentó de 370 pesos a casi 500 pesos. El precio del yogurt es para halarse los pelos. Hace cuatro meses, un litro de yogurt probiótico elaborado por una MIPYME costaba 900 y subió a 1,600 pesos. Así en cada producto alimenticio, de aseo o medicamentos”.
Precios exorbitantes
En las tiendas por divisas los precios son aún más exorbitantes. Leonides, cubano radicado en la Florida, asegura que “los precios de los mercados en dólares estatales son más elevados que en el sector privado. Te puedes ahorrar miles de pesos si compras en bodegones de MIPYMES, son caros, pero menos que los del Estado. Te rinden más los dólares vendiéndolos en el mercado informal (515 pesos por cada dólar), porque si pagas con divisas, los dueños te valoran el dólar entre un 20 y 30 por ciento menos. Muchos precios en las tiendas estatales por dólares son más caros que en Miami. La diferencia es que allá uno gana dos mil dólares o más y en la isla, la mayoría gana el equivalente a 20 o 30 dólares al mes”.
El déficit de combustible ha provocado un alza de precios en taxis colectivos y autos de alquiler a domicilio. “De 250 pesos hace dos meses a 700 y 800 pesos por viajes de menos de diez kilómetros. Si alquilas un taxi a domicilio, un viaje de veinte kilómetros de ida y vuelta te puede salir en 15.000 o 16.000 pesos. Y por la noche, te dan con un cinto. Yo he pagado 13.000 pesos para que me lleven hasta la casa después de trabajar hasta las cuatro de la madrugada”, comenta un DJ.
Comer una vez al día
Debido a la creciente inflación, desde hace seis años, Andrea y su esposo Nicolás, profesores de bachillerato jubilados, comen poco y mal una vez al día. Nicolás se ha dejado crecer la barba. “No me la corto, así ahorro dinero en máquinas de afeitar. Tampoco nos bañamos todos los días y estiramos el jabón. Limpiarnos el fondillo se ha convertido en un problema: hemos gastado casi todas las páginas de los libros. Y ya no venden periódicos ni revistas”.
Su menú habitual consiste en un poco arroz blanco, a veces con un caldo y un trozo de yuca. “La libra de boniato subió de 80 pesos a 130. Y la malanga anda por los 200 pesos una libra. Los precios de las frutas son imposibles de pagar". Las pensiones de Nicolás y Andrea suman 7,253 pesos. Y un paquete de pollo de diez libras cuesta entre 4.700 y 5.000 pesos.
La única carne que comen, una vez a la semana, es picadillo MDM importado de Estados Unidos, a 340 pesos la libra. “Hace meses que no entran medicamentos a la farmacia. Y en la calle los precios son muy caros. Para la vida que llevamos, lo mejor es morirse lo más rápido posible”, confiesa Andrea.
Ancianos al límite
Por las noches, alumbrados por una vela, hablan con nostalgia del pasado, cuando “un litro de leche costaba 20 centavos, una malta 15 centavos y 10 centavos un pan con frita. Éramos ricos y no lo sabíamos”. Pasada las nueve de la noche, al ver que no llega la electricidad, Andrea se va a dormir. Su esposo se queda llenando un crucigrama. Quiere esperar un par de horas por si ponen la luz, recoger un poco de agua.
La feroz inflación golpea con fuerza a los ancianos. Son los grandes perdedores de la utopía instaurada por Fidel Castro en1959.
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