Desde la década de los noventa, Evo Morales es el líder máximo de los sindicatos de coca ilegal de Bolivia que son su aparato de presión, movilización y amedrentamiento con que implementó un partido político, adquiriendo la sigla de una facción de la derechista Falange Socialista Boliviana, (MAS movimiento al socialismo), bajo el sofisma de “instrumento político”, cuando en verdad es solo la participación en política de grupos vinculados a la producción y tráfico de cocaína. El líder cocalero tomó el poder con sus sindicatos, auspiciado y sostenido por el proyecto de Castro y Chávez que hoy se denomina socialismo del siglo XXI (SSXXI), que compuesto por Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua se ha proclamado antiimperialista y sostiene que “la lucha contra el narcotráfico es un instrumento de opresión del imperialismo” (discurso de Morales en la ONU 2016).

La cocaína es el alcaloide más importante de la coca. “La cantidad de cocaína obtenida en las hojas frescas va desde un 0,1% a un 1%”. La cocaína como droga se obtiene a partir del secado de la hoja de coca más reactivos químicos, es prohibida, penalizada y altamente adictiva pues es un “estimulante que afecta directamente al cerebro” y se ha convertido en una de los ilícitos más importantes. Toda la cocaína del mundo se produce en América del Sur en la región de los Andes, siendo Colombia, Perú y Bolivia los principales productores. La producción de cocaína está en directa relación con la extensión de los cultivos de coca y sus formas más comunes de consumo son “la inhalación, insuflación o inyección en vena” causando “efectos mentales que provocan la perdida de contacto con la realidad, agresividad, agudización del estado de alerta y manía persecutoria”. La cocaína es una droga “dura”.

La ONU informa que el 94% de la coca de los sindicatos de Evo en el Chapare-Bolivia “no pasa por el mercado legal”, o sea que se convierte en cocaína, proceso ya incorporado a la actividad de los cocaleros del partido de gobierno, cuya evidencia se oculta por el gobierno a la opinión pública boliviana e internacional. La DEA está expulsada y satanizada porque Evo Morales quiere controlar por sí y ante sí la producción de coca con los resultados de incremento geométrico de la cocaína que los informes de organismos especializados ya acreditan.

Morales desde Bolivia ha inundado de cocaína a los países vecinos. Argentina es considerada hoy el país de mayor consumo de cocaína en el mundo; los pueblos de Chile, Brasil, Paraguay y Bolivia sufren incrementos dramáticos en el consumo de cocaína. Venezuela y Bolivia son señalados como “narco estados”, el tráfico de droga parece centralizado en Venezuela que maneja la producción de las FARC y de los cocaleros de Evo, al extremo de tener hoy a su vicepresidente acusado y a los sobrinos de Maduro presos por narcotráfico en Nueva York. El jefe antinarcóticos de Evo Morales cumple sentencia por delitos vinculados a este crimen en los EEUU. La narco valija diplomática de Ecuador está lejos de ser esclarecida, la protección de Correa a las FARC se probó con el bombardeo de Angostura. El “pollo Carvajal” es asambleísta de la dictadura en Venezuela. La defensa del narcotráfico ha sido ideologizada por el SSXXI.

Para el SSXXI el tema narco de cocaína es un tema político de vital importancia, un “instrumento contra el imperio” y por eso han encubierto la expansión de narcotráfico en discurso populista, nacionalista y contra los Estados Unidos. En ejecución de esta política, Venezuela, Bolivia y Ecuador –rompiendo acuerdos internacionales- han expulsado a la DEA, a USAID y a los embajadores de los EEUU. Hoy ni en Venezuela ni Bolivia hay embajadores norteamericanos. Ecuador ha sacado físicamente a los EEUU de la Base de Manta destinada al control del tráfico de drogas. Liderados por Cuba todo el SSXXI ha sostenido, protegido y arropado a las FARC, la mayor productora de cocaína del mundo y que durante el proceso de paz en Colombia está acusada de haber incrementado los cultivos de coca de 50.000 a cerca de 200.000 hectáreas.

Si alguna duda quedaba que Bolivia es hoy un narcoestado, Evo Morales la acaba de disipar. No se puede hacer cocaína sin coca y por esta razón coca está en las convenciones de ONU sobre estupefacientes. Para consumo tradicional y medicinal Bolivia reconoce 12.000 hectáreas de coca legal, aunque según un estudio financiado por la Unión Europea solo necesita 6.000 hectáreas. Existen cultivos ilegales para el narcotráfico (coca narco), que desde el derrocamiento del gobierno constitucional en octubre de 2003 han subido de 3.000 a más de 40.000 hectáreas por sindicatos que tomaron el poder político con su líder Evo Morales, que ahora por ley, aumenta las legales a 22.000 hectáreas en una acción para legalizar la coca narco.

Toda esta trama de politización y defensa del narcotráfico por Evo Morales y todos miembros del SSXXI, tiene conexiones muy graves con el terrorismo de origen islámico. Existen declaraciones e investigaciones en torno a que “Hezbollah está generando cientos de millones de dólares en un esquema de lavado de dinero de cocaína en América Latina que provee una fuente interminable de financiamiento para sus operaciones terroristas”. Buques con bandera boliviana han sido interceptados con armas en las zonas terroristas y con droga diferentes puertos. Es cada vez más evidente la relación “coca-cocaína-SSXXI-terrorismo islámico”, y para no dejar dudas Evo Morales avanza con una “ley infame para legalizar el primer eslabón de la cocaína”.

Abogado y politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy

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