CARACAS.- Ambas partes se dicen dispuestas a sentarse a dialogar, pero cada uno ha puesto condiciones que, por el momento, no parecen acercarlos a una negociación.
CARACAS.- Ambas partes se dicen dispuestas a sentarse a dialogar, pero cada uno ha puesto condiciones que, por el momento, no parecen acercarlos a una negociación.
Por un lado, el dictador Nicolás Maduro dijo el jueves en una reunión de trabajo televisada que estaría dispuesto a entablar pláticas con el líder opositor y presidente encargado de Venezuela Juan Guaidó siempre que éste cumpla tres requisitos: reconocer su legitimidad como mandatario, aceptar a la nueva Asamblea Nacional —de mayoría oficialista— e impulsar el levantamiento de las sanciones internacionales impuestas para forzarlo a dejar el poder.
Guaidó, pese a que fue él quien tomó la iniciativa dos semanas atrás, se muestra cauteloso ante el eventual diálogo y en una entrevista transmitida en redes sociales con el emebajador de EEUU para Venezuela, James Story, dijo el jueves que “cuando se enfrenta un régimen dictatorial, hay que ser escépticos”. El opositor de 37 años se había mostrado reticente a iniciar un acercamiento con Maduro en el pasado, pero a principios de mes pareció ceder. “Hemos atravesado muchos procesos de negociación en Venezuela; sabemos que los utilizan en ocasiones o siempre para distender la presión, para tratar de distraer la atención de la comunidad internacional”, advirtió.
La primera vez que Guaidó se mostró públicamente abierto a negociar, el 11 de mayo pasado, dijo que la crisis local ameritaba buscar “soluciones realistas y viables”. Su “Acuerdo de Salvación Nacional” implicaría negociaciones con el régimen y sus aliados locales, organizaciones de oposición y la comunidad internacional. En aquel momento Maduro dijo: “la derecha extremista que pretendió de manera trágica-cómica asumir vía de facto el poder político con el apoyo de potencias imperialistas y no pudo ahora dice que quiere sentarse hablar. Estoy de Acuerdo”.
La crisis en Venezuela se agudizó aún más en 2018 cuando Nicolás Maduro celebró unas elecciones presidenciales, en las que él se midió solo con candidatos opositores escogidos por la dictadura. Es decir, el régimen que controla abiertamente al Tribunal Supremo de Justicia, utilizó esta institución para inhabilitar a los partidos políticos con verdadera fuerza electoral y a algunos líderes, además detuvo y encarceló a otros, mientras que persiguió al resto forzando su salida del país. Ante este panorama tan favorable salió electo, pero el proceso no fue reconocido ni por la oposición ni por la comunidad internacional. En enero de 2019, cuando Juan Guaidó asume la presidencia de la Asamblea Nacional, Nicolás Maduro decide juramentarse para cuatro años más en el poder, sin haber celebrado unas elecciones justas ni transparentes.
Al ser considerado un proceso ilegítimo, Juan Guaidó como presidente del Parlamento ( último poder electo en procesos democráticos) y haciendo uso de varios artículos de la Constitución de Venezuela, asumió el cargo como presidente encargado, y fue respaldado por más de 50 países que consideran que Maduro es ilegítimo.
En sus declaraciones del jueves, Maduro especificó que un eventual diálogo con la oposición estaría condicionado a que esas sanciones se levanten de inmediato y se devuelvan “todas las cuentas bancarias” y el dinero que ha sido “confiscado” a Venezuela. Guaidó se había mostrado abierto a ello, aunque dijo que el proceso sería gradual e insistió en la necesidad de realizar comicios “libres y justos” para elegir a un nuevo mandatario y una Asamblea Nacional que no fueran “ilegítimos”.
El embajador de EEUU para Venezuela James Story aseguró que eliminar las sanciones impuestas al régimen, si una garantía clara, sería un error.
Por su parte, Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), aseguró que la situación con la dictadura en Venezuela es aún más complicada, porque las actividades ilegales dejan más ganancias que cualquiera actividad legal. “Cómo se convence a este régimen de que tiene que detener estas actividades ilegales. Cuál es la negociación que lleva a decir que esta dictadura no va a seguir ejerciendo actividades de narcotráfico, actividades de minería ilegal. Estos dictadores van a seguir robando los recursos de los venezolanos y de Venezuela”.
Intentos previos de llegar a un acuerdo naufragaron sucesivamente. El más reciente, promovido por Noruega, se truncó en agosto de 2019. Maduro ordenó el retiro de sus delegados en rechazo de nuevas sanciones que entonces le impuso Washington. Semanas después, Guaidó anunció el agotamiento de los diálogos.
Analistas aseguran que las condiciones anunciadas por Maduro son tacticas dilatorias para ganar tiempo, pero que en todo caso su intención no es sentarse a dialogar salidas que impliquen entregar el poder.
FUENTE: Con información de AP
