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LA HABANA.- Probablemente Jesús Jank Curbelo, reportero de la plataforma digital Periodismo de Barrio, no conozca a su colega Luis Cino Álvarez, un periodista abiertamente anticastrista que hace más de veinte años escribe columnas firmadas en La Habana y que el pasado 7 de agosto fue interrogado y amonestado por dos oficiales de la Seguridad del Estado, a propósito de sus artículos publicados en Cubanet.

A quien Luis Cino sí conoce es al guantanamero Roberto Jesús Quiñones Haces, abogado, escritor y periodista independiente que también publica en Cubanet. Quiñones acaba de ser sancionado a un año de privación de libertad, condena reemplazada por ‘trabajo correccional con internamiento’. Su caso ha tenido repercusión internacional.

El 10 de agosto, la Encargada de Negocios de la Embajada de Estados en Cuba, Mara Tekach, viajó a Guantánamo y se reunió con Quiñones en su domicilio. En Facebook, además de una foto, un breve texto al final denuncia que "para añadir crueldad a la injusticia, desde hace meses a Roberto Quiñones inhumanamente le prohíben salir de Guantánamo para visitar a su padre enfermo en Cienfuegos. El gobierno de Cuba continúa violando los derechos humanos y libertades de sus ciudadanos".

Jesús Jank Curbelo y una fotógrafa del medio digital que dirige Elaine Díaz, fueron detenidos el 31 de julio en Holguín, provincia localizada a unos 735 kilómetros al este de La Habana, mientras preparaban un reportaje para Periodismo de Barrio. Posterior a su detención por los servicios especiales, Curbelo redactó una nota para el sitio digital El Toque, y en la cual reconocía el temor y la paranoia que produce hacer periodismo en Cuba en condiciones precarias y sin la autorización de la autocracia verde olivo.

Unos días después, el 9 de agosto, Yoe Suárez, reportero de Diario de Cuba y El Estornudo, permaneció varias horas detenido en Guantánamo, a donde se había trasladado para realizar trabajos periodísticos.

En Cuba no se conocen casos de reporteros asesinados ni de ejecuciones extra judiciales. La policía política no ha llegado a ese extremo. Con intimidaciones veladas o abiertas a la integridad física del reportero, actas de advertencias y amenazas de cárcel, han logrado que decenas de periodistas renuncien a su labor y emigren del país.

Desde luego, los métodos operativos utilizados por la Seguridad del Estado para amedrentar a los reporteros son ilegales. Hace unos años, al periodista independiente Carlos Torres, residente en la provincia de Villa Clara, lo amenazaron con un arma de fuego y simularon una ejecución al colocarle en la sien una pistola sin cargador.

Lázaro Yuri Valle Roca, bloguero y comunicador sin mordaza, en numerosas ocasiones ha sido arrestado por los cuerpos represivos utilizando una violencia desmedida. Al menos un par de veces, Valle Roca fue agredido en la vía pública por supuestos agentes vestidos de civil.

A Rolando Rodríguez Lobaina, director de Palenque Visión, además de innumerables detenciones arbitrarias y decomisos ilegales de equipos de trabajo, le han robado tres veces en su casa de Guantánamo, y a pesar que se conoce el nombre y paradero del perpetrador del delito, hasta el momento el responsable no ha sido arrestado ni enjuiciado.

Augusto César San Martín, Henry Constantín, Ana León y Luz Escobar, son algunos de los colegas que con frecuencia han sido citados por la policía política y amenazados por ejercer su profesión. Arbitrariamente les han confiscado móviles y medios de trabajo. El récord de la Seguridad del Estado contra la prensa independiente es nefasto.

Existe un cuerpo exclusivo de la contrainteligencia para reprimir y acosar a los periodistas. Da igual del tema que escriban. No importa si intentan desmarcarse de determinada tendencia política. Lo mismo se reprime a un periodista que escribe sobre arte o deportes, comunidades vulnerables o artículos contra el gobierno.

El régimen castrista es el único en el continente americano que prohíbe la oposición política y el periodismo alternativo y se arroga el derecho a determinar quién, cuándo y dónde se puede publicar en Cuba.

Todos los medios están controlados por el Estado. El partido comunista tiene una oficina, denominada Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR), dirigida por el Comité Central del Partido comunista de Cuba, que fiscaliza, censura y ordena lo que se debe publicar en el país.

La Ley 88, aprobada por el monocorde y antidemocrático Parlamento Nacional y vigente desde febrero de 1999, sanciona con veinte años o más de cárcel a cualquier periodista independiente si así lo determinara el Estado.

En la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2019, dada a conocer por Reporteros sin Fronteras, de 180 países evaluados, Cuba aparecía en el lugar 169. El nuevo gobierno del presidente Miguel Díaz-Canel, designado por Raúl Castro, ha recrudecido el acoso y la represión contra el periodismo independiente.

Utilizan varios procedimientos. Desde la amenaza dura y pura y elevadas multas, hasta la prohibición de viajar al exterior e inclusive fuera de la provincia donde resida el periodista. En los dos últimos dos años, más de 40 freelancers cubanos no han podido viajar al extranjero por órdenes expresa de la Seguridad del Estado.

La policía política en Cuba tiene poderes absolutos. Puede montarte una causa cualquiera con la colaboración de instituciones jurídicas, expulsarte del centro de trabajo o estudio o en plena madrugada hacerte una llamada telefónica amenazando tu integridad física. Más que una fuerza para proteger la seguridad nacional, sirve como guardia pretoriana del régimen.

Los periodistas independientes cubanos cuentan con el apoyo de diversos organismos regionales e internacionales. La Sociedad Interamericana de Prensa, Reporteros sin Fronteras, el Comité de Protección a los Periodistas y Artículo 19, entre otros, les dan seguimiento a las sistemáticas violaciones de la libertad de expresión en Cuba.

La prensa alternativa tiene que crear mecanismos internos que se encarguen de denunciar las violaciones y abusos de las autoridades. Para ello, es necesario que exista colaboración entre las diferentes entidades periodísticas cuyos textos y audiovisuales se realizan en la Isla, al margen de su perfil profesional y su postura ideológica.

Para el régimen, todos los periodistas independientes somos el enemigo.

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