LA HABANA.- Todavía en el supermercado Los Marinos del barrio marginal El Romerillo, en el municipio Marianao, en el oeste de La Habana, en una pared pintada de blanco cuelgan dos bocetos de Servando y Raúl Martínez.

Entre sacos de arroz, azúcar blanca, despensas vacías y una cola de jubilados y amas de casas que esperan la venta de los siete huevos distribuidos mensualmente por la libreta de racionamiento, nadie se detiene a contemplar los bocetos.

El calor dentro del mercado es bestial. La gente acostumbra a hablar de lo mismo: que el dinero está perdido, los altos precios de los alimentos o chismorrean sobre vecinos y conocidos.

El Romerillo es una barriada pobre y dura. La calle principal está mínimamente asfaltada. El resto son caminos polvorientos. En ese entorno, por su interactuar con la gente de a pie y la costumbre de ligarse a gente del bajo mundo se hizo popular Alexis Leyva Machado, Kcho.

Cuando usted le pregunta a Olga, ama de casa, sobre Kcho, que hasta hace poco fuera un artista plástico, favorecido por la autocracia de los hermanos Castro, mira de un lado a otro de la calle y comenta: “Algunos dicen que está ingresado en un hospital recibiendo tratamiento para curarse de la dependencia de las drogas y otros que está preso. Podría tener mil defectos, dicen que le gustaban las bacanales. Pero gracias a sus contactos con los del Gobierno, le resolvió un montón de problemas a cantidad de familias en El Romerillo. Puso alumbrado público, remozó el supermercado, pintaron las fachadas de decenas de viviendas, creó una escuela de teatro llamada La Colmenita del Romerillo, una galería de arte y una sala de internet. Antes de Kcho, aquí no venía nadie importante. Excepto la policía pa’ detener a los rateros”.

Luis, dependiente de una tienda en divisas, asegura risueño que “si Pablo Escobar era un Dios en los distritos pobres de Medellín, Kcho tenía un pueblo en El Romerillo. Él será un drogadicto al que le gustaban las muchachitas o muchachitos, pero en estos barrios eso es normal. Kcho gestionó mil problemas. Saludaba a todo el mundo y le compraba un litro de ron a cualquiera. Mucha gente le decía 'el padrino'. Ahora cayó en desgracia, pero no podemos olvidar las cosas buenas que hizo”.

En una entrevista para un medio oficialista, Kcho expresaba por qué escogió al Romerillo para desplegar su arte. “Éste es mi barrio. Con 15 años, cuando estudiaba en la Escuela de Arte, me crie aquí. Todo el que estudió arte en Cuba y dijo que no vino aquí todos los días a hacer algo es un mentiroso, a tomarse un durofrío, o comerse un pan con tortilla, o atrás de una muchacha, o buscar una botella de ron, pues el barrio colinda con la escuela y es donde uno venía a socializar”.

Kcho nació el 12 de febrero de 1970 en Nueva Gerona, antigua Isla de Pinos [renombrada Isla de la Juventud]. Ignacio, su padre, era carpintero y su madre, Marta Machado, artista popular. Su carrera profesional comenzó en 1990. Desde entonces ha realizado más de 90 exposiciones individuales y 200 colectivas. En 1995, a los 25 años, Kcho se convirtió en el artista más joven de América Latina que formó parte de la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA).

Conocido por sus instalaciones a gran escala, Kcho es también dibujante y grabador. Su lealtad a Fidel Castro no parece que haya sido por simple oportunismo político. Al menos así piensa un artista plástico que en ocasiones compartió con él.

“Era fidelista a todas. Cuando estaba en la cúspide no se olvidó de sus amigos. Gastaba dinero a manos llenas, bebía ron como un pirata y halaba más cocaína que Tony Montana. En Cuba hay hijos cuyos padres son pejes gordos, intelectuales de calibre y deportistas famosos que en sus vacilones se drogan y los cuadros lésbicos son habituales. Creo que Kcho se endiosó. Sobrevaloró su poder real. Él tenía la venia de Fidel, pero no de Raúl. Kcho es un artista de vocación que le gustaba codearse y comportarse como un marginal”, cuenta el artista que optó por el anonimato.

Kcho tenía un estudio de fotos. Yuris Gabir Garrote Rodríguez era el fotógrafo. "Un día se organizó una cena a la cual asistiría Raúl Castro y Yuris también estaba entre los invitados. Pero descubrieron que Yuris tenía antecedentes penales y se canceló la cena. Después, Kcho se reunió con Raúl y al regresar de ese encuentro le pidió a Yuris que dejara las cámaras y le dijo que ya no trabajaría más con él en el estudio", relató a Diario de Cuba la periodista independiente Sol García Basulto, quien tiene un hijo de cuatro años con Yuris. Posteriormente, Gabir Garrote fue detenido y condenado a 10 años de prisión por el delito de tráfico de drogas.

Un periodista con buenos contactos en Cuba, Juan Juan Almeida García, en una nota publicada en Martí Noticias informaba que Kcho fue trasladado del hospital donde recibía tratamiento médico, a un centro de instrucción donde presuntamente sería procesado legalmente por varias acciones delictivas.

A escasos días de esa publicación, a pesar de que muchos aseguran que Kcho cayó en desgracia con quienes hasta ahora le protegían, en su cuenta en Facebook y cuidando dar fe de la actualidad de las imágenes, el artista reapareció este sábado, retratado junto a un grupo de niños, frente a una imagen de Fidel Castro.

Desde 2003, Alexis Leyva Machado había sido diputado a la monocorde Asamblea Nacional (Parlamento). En el proceso electoral de 2017-18 no fue reelegido.

Una persona que conoció de cerca a Kcho afirma “que el hombre se fundió por el consumo de drogas. Estaba ‘tostao’ (desequilibrado), como suele ocurrirle a quienes tienen dinero y poder. Lo que pasa es que cayó en baja y ahora de Kcho quieren hacer leña del árbol caído. Su comportamiento no dista mucho de otros personajes que tienen las riendas del poder en el país. Su error, pienso, es haberse creído que estaba jugando en Grandes Ligas, cuando era un pelotero de provincia”, subraya y añade:

“Le van a ir pa’rriba con todos los hierros. El restaurante de Varadero ya se lo quitaron. La galería de arte está cerrada hasta nuevo aviso igual que la sala de internet que abrió con Google. Si de ésta se salva, se queda loco”.

Hace dos años, visitar la moderna sala de navegación con equipamiento de Google que administraba Kcho era como dar un salto adelante en la máquina del tiempo. Alfombras, cómodos sofás, buena iluminación, aire acondicionado, 20 laptops y un pequeño artefacto robótico desplazándose por el suelo.

La velocidad en la conexión a internet los habaneros no la habían visto en los puntos wifi. Las sesiones de navegación eran gratis. Ahora, la sala está cerrada al público y según un custodio, "a veces la utilizan cadetes de una escuela del Ministerio del Interior, MININT, y oficiales del 'aparato' (policía política)".

Cuando DIARIO LAS AMÉRICAS le pregunta si el artista seguía siendo dueño de la sala, hace un gesto con la cabeza y responde: “Ese se escachó, ahora el patrón es el Estado”.

En solo seis meses, Kcho pasó de ser un ícono de la prensa oficial a ser un ciudadano invisible. Y aún debe esperar por el dictamen final del régimen.

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