La Carta de los Tres Curas –como ya se le conoce en Miami– es un canto a favor de la libertad y de las libertades, además de un aldabonazo sobre la conciencia de los cubanos.

Hay en ella fuetazos a diestra y siniestra, como aquellos que resonaron en el Templo de Jerusalén cuando Jesús expulsó los mercaderes. El modelo totalitario y su corolario: la ausencia de las libertades de expresión, pensamiento, asociación, culto y educación; el control monopólico de los medios de comunicación; la hipocresía y doble moral como práctica cotidiana; el delito como modo generalizado de sobrevivencia; la falacia de las elecciones (en verdad, votaciones); el fracaso del modelo económico, el empobrecimiento del país, y el desamparo y la desesperanza de la población; el exilio forzado en busca de mejores horizontes.

Fue publicada el 24 de enero coincidiendo con la fecha de las palabras de bienvenida del obispo Pedro Meurice (1932-2011) al papa Juan Pablo II, durante la Misa por la Patria en Santiago de Cuba en 1998.

No es la primera que un sacerdote cubano dirige al máximo representante del régimen. La primera, en 1994, fue una carta abierta a Fidel Castro reclamando cambios y apertura que elaboró Conrado en Palma Soriano. La segunda, con similar exigencia, fue enviada a Raúl Castro en el 2009 desde Santiago de Cuba. Esta tercera –de la que son coautores los sacerdotes Castor José Álvarez, de Camagüey, y Roque Nelvis Morales, de Holguín–, es tal vez la más contundente y transparente. Sin duda la más oportuna.

Filo y valentía

Por su filo y valentía, la misiva recuerda las palabras del obispo Pedro Meurice pronunciadas ante Juan Pablo II en 1998. Vale recordar que, delante del propio Fidel Castro, Meurice exaltó la “soberanía de la persona humana” y reconoció que “la Nación vive aquí y vive en la diáspora”. Asimismo, fustigó la “despersonalización que es fruto del paternalismo" y la “cultura del egoísmo, debido a la dura crisis económica y moral”, mencionó los daños a la iglesia como resultado de la confrontación con “el marxismo-leninismo estatalmente inducido” y lamentó que un número creciente de cubanos hubieran “confundido la patria con un partido, la nación con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas décadas, y la cultura con una ideología”.

Ahora llega este texto que ya ha producido un fuerte impacto en Miami, así como repercusión en Europa y Latinoamérica, y se le empieza a conocer en la isla. DIARIO LAS AMÉRICAS lo publicó íntegramente en su edición del 24 de enero. Para consultarlo pulse aquí.

Apoyo de la oposición

Miembros de la oposición –Ángel Moya Acosta, exprisionero político; Berta Soler, Damas de Blanco; Ángel Santiesteban, escritor y exprisionero político; Antonio G. Rodiles, Estado de Sats– también manifestaron su rotundo apoyo. Los opositores, junto con su admiración por los sacerdotes, mostraron sus dudas respecto de la disposición del Gobierno por atender lo demandado.

Al sacerdote, que recién salió de una operación quirúrgica, se le nota algo cansado. Precisamente, días atrás suspendimos esta entrevista en vista de que el cura necesitaba con urgencia dormir unas horas. Y solamente tres días después es que hemos vuelto a hablar. “He estado verdaderamente muy ocupado. Con este asunto de la carta no paro”, me dice con su buen humor de siempre. Le prometo que esta vez será breve.

Obra de muchos

Los tres sacerdotes residen lejos uno de los otros. Muchos se preguntan cómo se las arreglaron –hay que pensar en las condiciones de Cuba– para armar el texto. “Hace poco más de un mes uno de los firmantes vino a verme; conversamos sobre la situación del país y ahí surgió la idea de la carta y los temas que podríamos abordar. Luego la fuimos elaborando entre los tres”, explica.

En otras ocasiones Conrado escribió en solitario. Y en solitario afrontó las consecuencias, no siempre agradables o en correspondencia con sus deseos. Ahora tuvo la compañía, para dar la cara frente a las autoridades políticas y a la jerarquía de la Iglesia, de Castor José Álvarez y Roque Nelvis Morales. “Era importante que la carta no fuera obra de una sola persona. De hecho, la idea de la carta no es mía”, dice.

Esta revelación me sorprende con agrado. Resulta reconfortante observar que la integridad y el valor se multiplican. Porque no solo fueron los firmantes. “Otros sacerdotes y laicos también dieron ideas y ayudaron en la redacción”, afirma.

La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC) no hizo comentarios mayores; ni la desautorizó ni la suscribió. Señaló que eran opiniones personales. Otro individuo podría sentirse frustrado; no es el caso de Conrado. “Nada de frustración. Decir que la Iglesia solo interviene cuando hay asuntos doctrinales significa que la carta no contiene errores desde el punto de vista de la Doctrina Social de la Iglesia”, apunta. “Destacar que son opiniones personales es una forma de expresar que cada cual tiene su responsabilidad y la asume. Tampoco es una condena, porque, efectivamente, el contenido de la carta no es impugnable”, expresa.

La carta va dirigida a Raúl Castro. En otras ocasiones la respuesta del gobierno fue de enojo –para decir poco– y soberbia. Hay algo ha cambiado hoy: el desastre de la economía y la crisis moral son más profundas. Sería demasiado ingenuo creer que ahora se tomarán más en serio esta llamada y citarán a los tres curas al Palacio de la Revolución para escuchar más detalles. Ese no es el estilo. Pero sin duda habrá más curiosidad. Muchos que antes no escucharon quizás ahora lo hagan. Y piensen.

Obligación de conciencia

“Uno tiene que hablar y decir las cosas”, sostiene el sacerdote. “La parte que le toca a uno es decir la verdad; el otro puede aceptarla o no. Uno quisiera que escuchara, porque nos parece razonable lo que decimos. Lo hemos hecho con las mejores intenciones, pero lo consideramos una obligación de conciencia”, dice. “Cabe la posibilidad de que las autoridades se disgusten, y eso supone cierto riesgo, pero cuando uno actúa en obediencia a su propia conciencia, a lo que siente que Dios le pide, hay que hacerlo”, alega.

Quiero saber si la fe de Conrado le alcanza para esperar que el gobierno ha de tener la voluntad de responder positivamente. Se demora en responder. “No sé si escucharán, pero el deseo es que los ilumine, que los ayude”, declara. “Ahora bien, es una carta abierta y, aunque va dirigida a Raúl Castro, también habla para los demás, los cubanos de aquí y de allá. La carta quiere hacer pensar y recordar que existe una situación, muy compleja, que afecta a muchos cubanos y que urge buscarle solución”, subraya.

En Miami, los diarios, la televisión y la radio han recogido el tema abundantemente. Las agencias de noticias le han dado adecuada cobertura y las redes sociales trinan. “La carta ha despertado adhesión y apoyo; supongo que entre algunas personas provoque lo contrario. Hasta ahora lo que he notado es mucha gente interesada en conversar sobre los temas que tratamos”, afirma complacido.

De vuelta en Trinidad

La semana próxima el padre Conrado estará de vuelta en su parroquia de San Francisco de Paula, en Trinidad. Después de este aldabonazo, ¿qué viene? “Viene seguir trabajando al lado del pueblo y predicando el evangelio; continuar nuestra labor de sacerdotes; iluminar las conciencias, como siempre lo hemos hecho, mediante la predicación y el testimonio de la vida”.

En el pasado, las misas del padre Conrado, con referencias a historias del Antiguo y Nuevo Testamento, se vestían de actualidad y hablaban –y a veces tronaban– con lenguaje de este tiempo. No hay por qué pensar que en lo adelante no será igual. Y hasta es posible que en alguna de las próximas homilías aborde alguno de los temas de la carta.

“Desde luego, puede ser que algo aflore, aunque siempre dependiendo de la lectura que corresponda para la homilía. En general, la Doctrina Social de la Iglesia va saliendo a lo largo de las lecturas del domingo para iluminar a la gente sobre las realidades de la vida”, manifiesta. “No quiere decir que ahora me ponga a leer la carta en la misa, porque no fue hecha para eso”, advierte. “Pero las cosas a las que esta se refiere las venimos diciendo desde el trabajo pastoral”.

Lo sabemos bien: las viene diciendo bien y alto.

Conferencia en Miami

El padre José Conrado Rodríguez, de la parroquia San Francisco de Paula, Trinidad, y coautor de la reciente Carta a Rául Castro, publicada íntegramente en DLA, ofrecerá la conferencia La iglesia católica en Cuba: situación actual y retos para el futuro, auspiciada por el Cuban Research Institute (CRI) de la Universidad Internacional de la Florida (FIU). La cita será el martes 30 de enero a las 7: 00 pm en el Centro Graham de FIU, salón 150 (GC150). Para confirmar asistencia, llamar al 305 348-1991, o escribir a cri@fiu.edu

Al final, los asistentes podrán adquirir el libro de José Conrado Sueños y pesadillas de un cura en Cuba.

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