MIAMI.- Para los venezolanos, la hallaca es la pieza gastronómica por excelencia que envuelve la mayor cantidad de emociones, historias y sabores que los identifica no solo como nación sino como una cultura que se ha esparcido por el mundo sin abandonar su esencia.
La hallaca, más allá de un platillo, es un ritual familiar que se ejecuta con perfecta sincronía entre los participantes que custodian con recelo la sazón heredada, y con el pasar de los años van escalando posiciones y responsabilidades en un proceso que principalmente es dirigido por los mayores de la casa, quienes muestran a las generaciones siguientes los secretos de alguna abuela, para poder decir sin temor a dudas, que la mejor hallaca “la hace mi mamá”.
Ante la importante migración de venezolanos al sur de la Florida, no es difícil ver cómo se ha incrementado la venta de este producto que requiere mucha laboriosidad, el cual varía en ingredientes, dependiendo de la zona de origen de quien las haga y de las manos que la elaboren. No hay una receta única de la hallaca. Cada familia defiende los aromas con los que ha crecido. Cada cocinero (a) le coloca su punto particular, sus adornos preferidos, sus proteínas o sus vegetales. Hasta la forma del amarrado puede variar de una casa o otra. El tamaño del círculo, o el grosor de la masa, o el color de ésta. Los puntos de sal, los dulces y ácidos que se combinan con las pasas y los encurtidos. Cada quien tiene una receta para el producto preferido de la navidad venezolana.
Aquí la historia de cuatro familias que decidieron en esta navidad vender las hallacas con las recetas que atesoran en sus corazones.
La receta de la abuela, aún vigente
Dalia Fernández hace dos años decidió vender sus hallacas a los amigos y conocidos, que le pidieron que hiciera para la venta luego de probarlas. El secreto de su éxito podría decirse que se debe a que mantiene la receta de la familia, sin quitarle ni ingredientes ni bajar la calidad o cantidad de lo que le coloca. Habla de sus hallacas como si se tratase de una obra de arte. Asegura que su sabor mantiene la sazón de su abuela paterna, que a su vez enseñó a su mamá y ahora es ella quien lleva la batuta en la cocina.
“Mi abuela era una viejita muy alegre, ocurrente y siempre hacia sus hallacas al ojo, sin medidas. Por eso era difícil seguirle el ritmo. Nos encantaba reunirnos en familia para hacer las hallacas. Yo era la que amarraba y como buenas maracuchas (Maracaibo, estado Zulia) las gaitas no podían faltar”.
Cada semana hace más de cien hallacas. Nunca las congela, lo que garantiza que su producto esté fresco. Tiene la particularidad que llevan garbanzos y en vez de pasitas se le coloca ciruelas pasas.
“Cuando la gente prueba mis hallacas, ya no quieren comprar en otra parte. Y eso me llena de orgullo. Se que si mi abuela las probara estaría orgullosa de mi”.
Contacto: @daliaderojas y (954-393-5607)
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Dalía Fernández se especializa en hallacas maracuchas.
CORTESÍA
Entre el amor y la oración
Carolina Quiroz recuerda que cuando tenía 13 años la mamá de una amiga la invitó a aprender a hacer hallacas. Eran andinas. El guiso se colocaba crudo y en vez de hojas de plátano las hacía con hojas de bijao. Durante varias navidades fue la aprendiz en esta tradicional elaboración. Años más tarde, su esposo le pidió hacer hallacas con una receta de Caracas, y él la fue guiando y diciendo que agregar y que no. Carolina terminó creado una versión que une las dos regiones, con la que asegura que ha deleitado paladares y gana los elogios de los comensales que las saborean.
“Me encanta cocinar. Es una expresión de amor. Es una acción sagrada. No es hacer un arroz por hacerlo, para mí es ponerle un sentimiento especial por lo que hace. Ese creo que puede ser mi secreto, el amor con que hago cada platillo, y cuando hago hallacas son aún más especiales”·
Carolina ha vivido entre su profesión de cantante y su pasión por la cocina. Muchos le han recomendado montar un restaurante, pero hasta ahora ella había preferido guardar su talento para sus allegados. Comenta que decidió vender las suyas, una vez que probó una en un restaurante y no le gustó. “Respeto la elaboración de las hallacas de los demás porque es un proceso muy complejo. Son muy trabajosas y el que la hace, es porque quiere hacerlas. Para mí la hallaca es Navidad, y ésta es la época más bonita del año”.
El ritual de Carolina inicia mientras hace la masa o el guiso. En cada momento ella coloca una música diferente. Luego eleva oraciones para cada hallaca para que quién se la coma reciba sus bendiciones. Carolina se puede contactar al IG @Carolinacantante
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Carolina Quiroz ofrece a la venta una deliciosa hallaca que es entre andina y caraqueña.
CORTESÍA
Una señora hallaca
María Espinoza nunca comió una hallaca de su mamá. Su historia no entra en la tradicional herencia de sabores. Ella decidió aprender con el libro de Armando Scannone. En Venezuela todos en la familia esperaban con ansias que cocinara las hallacas para comer y regalar. “A mis hijos le llenaba de orgullo llevarle algunas a sus compañeros de trabajo para que luego los felicitaran por mi sazón”.
En Venezuela nunca vendió hallacas. En Madrid, visitando a su hijo, comenzó a hacerlas y al ver que los venezolanos estaban encantados decidió venderlas. “Cuando emigré a EEUU lo vi como una posibilidad de generar ingresos y han sido dos navidades en las que, de boca en boca, y ahora de post en post, se han estado sumando personas para comprarlas. La mayor satisfacción es que todos, absolutamente todos los clientes del año pasado volvieron a encargar este año, lo que para mí ha sido una muestra de que les han gustado. Lo especial en estas hallacas es el equilibrio perfecto de sabores en la boca. Estimo que el secreto creo que es la sazón”. Contacto (786-585-2705).
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María Espinoza hace una hallaca grande, para satisfacer paladares en un solo platillo.
CORTESÍA
Esposos y emprendedores
La historia de Judith Linares y su esposo José Font se mueve entre fogones. Ella aprendió a hacer hallacas con su mamá y su abuela, y él aprendió con la receta de Scannone. Cuando se casaron decidieron combinar ambos estilos y crear una hallaca propia que se ha ganado los elogios de los comensales que la degustan.
Judith comenta que creció con los rituales familiares en torno a la hallaca en el que estaban involucrados padres, hermanos y primos, donde todos tenían alguna función de acuerdo con la edad y la experiencia. “Comencé limpiando hojas, y luego me dejaban amarrar y más tarde poner los adornos. Una tradición que nos unía alrededor de una mesa”.
Al llegar a EEUU, luego de dos años separados por un obstáculo migratorio, retomaron la cocina en pareja. “Decidimos iniciar un emprendimiento en medio de la pandemia. Y las hallacas han sido nuestro platillo estrella. Nuestras hallacas son caraqueñas, aunque llevan otros ingredientes que las hace diferentes. Les colocamos papas, pimentón asado, encurtidos, cebolla, aceitunas y almendras peladas, un toque curioso que deleita los paladares. “Hemos comenzado de boca en boca, y nos alegra recibir los elogios de quienes las prueben, y lo mejor es que siempre nos encargan más”. Contacto: @misazonymelao o al (786- 3620567).
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José Font y Judith Linares comparten el amor por la cocina y preparan una suculenta hallaca caraqueña, con algunos detalles gourmet.
CORTESÍA