LA HABANA.- En una vieja parroquia al sur de La Habana, un monaguillo prepara el altar antes de la misa dominical. Unos pocos fieles se sientan en los amplios bancos de madera y esperan en silencio la ceremonia.

Una banda de gorriones grises rompe el mutismo con su trino inalterable. A lo lejos se escucha un piano desafinado y un coro juvenil que ensaya antes de comenzar la misa. Es un domingo cualquiera del falso otoño cubano.

El presbítero del templo, culto y conversador, viste una sotana negra impecable que desentona con sus desgastados zapatos. Lleva 27 años de labor sacerdotal en La Habana. Ha oficiado misas en barrios duros, pobres y mayoritariamente negros como Párraga, en el municipio Arroyo Naranjo, o Palo Cagao, en Marianao.

“Suelo visitar prisiones para llevar el aliento del Señor. Considero que el papel de la Iglesia es estar al lado de todos. Pero más aun con los enfermos, los desvalidos y los reos. Yo me debo a mi iglesia. Pero no quiere decir que siempre esté de acuerdo con sus estrategias. Es cierto que después de El Amor todo lo espera, aquella memorable Carta Pastoral de septiembre de 1993, nuestra Iglesia bajó el tono en temas de carácter político”, señaló el prelado, quien después de pedir anonimato, añadió: “Lograr el reconocimiento de la Iglesia por parte del Estado tuvo su costo. Se optó por disminuir los decibeles en temas críticos como el retroceso en educación, salud pública y derechos humanos. Se buscaba un equilibrio”.

Y agregó: “Pero creo que más bien hubo un desbalance. La Iglesia fue fundamental en el diálogo con el Gobierno para liberar a los presos políticos de la Primavera Negra de marzo de 2003. Luego, en las altas instancias, para no disgustar al Estado o por simple complacencia, se prefirió acompañar al más fuerte”.

Narrativa más crítica

Más tarde el sacerdote argumentó: “Con la llegada en marzo de 2009 de monseñor Dionisio García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba, al frente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, se ha retomado gradualmente una narrativa más crítica, intentando no empañar las buenas relaciones que existen con el Gobierno. Es una prudencia compleja dado las atípicas característica de nuestro sistema político”.

Para concluir, subrayó: “El último mensaje pastoral de los Obispos Católicos, por el proceso de consulta del Proyecto Constitucional, es el mejor ejemplo. Desde luego que nuestra Iglesia no aprueba el matrimonio homosexual, ni el aborto que actualmente se practica a destajo en Cuba. En lo personal considero que existe una lista, extensa por cierto, de prioridades ciudadanas. Y sí, el Gobierno debe abrirse o al menos no reprimir a los que piensan diferente y se decantan por otros modelos sociales. Ése, y no otro, debe ser el rumbo de la Iglesia Católica cubana”.

De hecho, ese comunicado oficial de los obispos plantea que el proceso constitutivo que lleva a cabo la dictadura en la isla “no se puede subordinar a leyes, decretos, resoluciones, partidos políticos, ideologías, disposiciones o sentencias judiciales, ya que una Carta Magna prevalece por encima de todos ellos”.

Entre los ciudadanos de a pie, el Mensaje Pastoral de la Iglesia Católica no ha tenido gran impacto. La ostensible indiferencia política y difíciles condiciones de vida que impone el régimen dictatorial en la Isla, donde la principal prioridad es comer, emigrar o ganar la mayor cantidad de dinero posible para hacer más llevadero el día a día, son las principales causas de la apatía social.

Religiosidad

Fernando, licenciado en Teología, opina que la religiosidad ha ido aumentando en el país. "El número de practicantes del catolicismo ha disminuido, pero en cambio han crecido los adeptos a las religiones afrocubanas, evangélicas, protestantes y otras. El Mensaje de la Iglesia Católica, difundido el 24 de octubre, no tuvo el mismo impacto de El Amor todo lo espera, porque 25 años atrás, debido a la aguda crisis económica y social, la Iglesia Católica desempeñaba un rol más importante que ahora, sin contar que se han multiplicado los credos y desperdigados sus fieles”.

“De una forma u otra”, continuó, “casi todas las congregaciones en Cuba se oponen al Artículo 68 de la futura Constitución, que da luz verde al matrimonio igualitario. Incluso otras iglesias cristianas han tenido un discurso más fuerte que el de los católicos”.

Nayda, dependienta de una tienda en divisas, dice que es católica cuando se acuerda, aclara que en Cuba lo mismo creen en Dios que en Shangó y reconoce que "desconocía ese mensaje de la Iglesia católica sobre el proyecto de la Constitución que según he leído, se debatirá hasta el 15 de noviembre. Pero considero que se ha sobrevalorado la importancia del matrimonio gay en un país con otras prioridades. Me preocupa más el consumo de drogas y alcohol entre los jóvenes y la pérdida de valores. La indecencia y mala educación campea por su respeto”.

En el artículo El meollo de la cuestión pastoral, publicado en Cubanet, la opositora Martha Beatriz Roque Cabello, católica practicante y expresa política, se cuestiona algunos aspectos del Mensaje Pastoral de los Obispos Católicos de Cuba: "Los obispos hablan de la creación de un Tribunal de Garantías Constitucionales, lo cual pienso es un error porque para nada sirve tener un órgano de este tipo si las garantías que defiende son las que están escritas en el Proyecto de Constitución”.

También explicó que “en primer lugar, los que piensan diferente pueden seguir siendo sometidos a cualquier tipo de vejamen, sin que la ley los proteja. ¿Qué tribunal va a garantizar que las Damas de Blanco puedan asistir a misa los domingos, como cualquier otra persona que quiera encontrar a Dios?

"De igual forma, la observación de que los cubanos deben tener la posibilidad de invertir, es algo hasta infantil por parte de la Iglesia. ¿Qué cubano que viva en la Isla y que no esté vinculado a la cúpula en el poder, tiene capital o liquidez para invertir a partir de la famosa 'cartera' que se brinda a los extranjeros?".

Mensaje pastoral

A 315 kilómetros al este de La Habana, en Trinidad, ciudad de la provincia de Sancti Spiritus, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1988, oficia José Conrado, probablemente el párroco más incómodo tanto para el Gobierno como para la Iglesia. Siempre ha sido un defensor a ultranza de la democracia y el respeto por la libertad de expresión.

Por vía telefónica comenta que “es loable el rol que viene desempeñado la Iglesia. Está acompañando a la labor social. No creo que el último mensaje pastoral vaya a tener el alcance de El Amor todo lo espera, que fue un documento trascendental suscrito por personalidades como Pedro Meurice (arzobispo de Santiago de Cuba durante 34 años, fallecido en 2011. El padre Meurice fue muy crítico con el castrismo). Los problemas de Cuba van mucho más allá de legalizar o no la unión entre personas del mismo sexo. El país se cae a pedazos y el futuro es bastante caótico”.

En la otrora elegante barriada de El Vedado, en la Calle 20, número 160, entre 13 y 15, radica la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, DIARIO LAS AMÉRICAS intentó varias veces recoger las impresiones de altos funcionarios eclesiásticos sobre el tema. Pero la gestión fue infructuosa.

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