Un artículo de Rafaela Cruz para DIARIO DE CUBA describe un escenario de oportunismo del comunismo en Cuba, sobre las muletas de la crisis económica. Reproducimos el texto a continuación:

Y uno se pregunta, cuál será el día en que los señores obesos amos del cotarro en Cuba se llenarán de vergüenza y reconocerán, porque saber siempre lo han sabido, que el sistema económico castrista es una ficción más "triste que un torero al otro lado del Telón de Acero", una entelequia sin más propósito que perpetuar el status de un grupúsculo parasitario.

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Aunque, qué vergüenza puede esperarse de quienes, sin sonrojarse, se hacen llamar comunistas mientras tienen 479 empresas obteniendo beneficios, en enero y febrero, superiores al 150%, un saqueo a los consumidores que envidiarían "monopolios" como Microsoft o Apple, con el inri de conseguir tales ganancias no revolucionando la industria, sino rentabilizando la escasez y la inflación provocadas por el Gobierno mismo.

Un margen de beneficio tan extraordinario es socialmente eficiente si expresa que las empresas en cuestión están satisfaciendo la demanda de unos consumidores que tienen en altísima estima el producto o servicio que esas compañías ofrecen. A su vez, esos márgenes de beneficio sirven de efecto llamada para que muchas otras empresas entren al sector, deseosas de obtener tan jugosas ganancias, y comience así una cruenta competencia comercial que reducirá los precios hasta equilibrar oferta y demanda. ¿Algo de eso sucede en Cuba?

Según el ministro de Economía, en Cuba estos extraordinarios resultados se deben a que los jefes de empresas estatales elaboran planes "cómodos y complacientes por debajo de sus potencialidades". Narrativa que puede parecer coherente pero es falsa, pues evita admitir que la razón por la que tantos administradores están sub-planificando, está en los incentivos para la rapiña creados por las estrambóticas reformas económicas recientes, que pretenden hacer funcionar como empresas capitalistas a las empresas estatales socialistas, obviando las intrínsecas incongruencias que derivan de tan opuestos modelos de propiedad.

Como muestra de esas incongruencias, muchas de estas empresas estatales con utilidades superiores al 150%, ¡a la vez incumplen sus planes de venta! Una paradoja solo posible porque están aprovechando su posición monopólica en medio de la escasez para dar salida a inventarios obsoletos que tienen valorados a precios pre-ordenamiento, es decir, sus beneficios no se deben a prestar servicios altamente apreciados, sino a que los consumidores están forzados a pagar muy caros los servicios que esas empresas estatales ofrecen: pura rapiña.

Pero no solo de la rapiña monopólica vienen esas obscenas ganancias del 150%, sino de que, contablemente, se registran los ingresos como dividendos —por lo que el dinero sale de la empresa— y no como inversión de capital, amortización o reparación, porque los administradores prefieren ganancia inmediata antes que sostenibilidad empresarial, calculando correctamente que, a largo plazo, lo más probable es que ellos ya no estén en la empresa… y posiblemente ni en Cuba.

Este cortoplacismo suicida que está descapitalizando aun más la economía cubana, es consecuencia de sustituir el monopolio estatal centralizado por cientos de monopolios estatales descentralizados con patente de corso para saquear al pueblo, pero sin dar pasos sólidos hacia la liberalización del mercado, la propiedad y la competencia.

Lo patético es que, en vez de corregir ese rumbo y reorientar los incentivos, el ministro, en trance alucinatorio, prefiere convocar a un "alto grado de conciencia" en los administradores estatales. Pero, ¿qué conciencia puede exigir el Gobierno con esos hijos y nietos millonarios que se exhiben en Facebook?

Hoy en Cuba, conciencia y nada son la misma cosa, el ministro lo sabe, de ahí se deduce que el Gobierno prefiere no hacer nada para así permitir que sus empresas sigan rentabilizando una inflación que se está convirtiendo en el cuento de la buena pipa.

Si el Gobierno no quisiera que sus empresas aprovecharan la inflación para esquilmar al pueblo, devolvería lo que ha recaudado mediante "precios abusivos y especulativos" —algo por lo que multa y decomisa a los cuentapropistas— y además, enjuiciaría públicamente a los directivos que, sin "conciencia revolucionaria", usaron los recursos estatales para enriquecerse. Así, nadie pensaría que la alta jerarquía comunista es cómplice de este defalco institucional… como mismo nadie cree que Fidel y Raúl fueran cómplices de Ochoa, ¿o no?

FUENTE: DIARIO DE CUBA

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