lunes 23  de  febrero 2026
EDITORIAL

La justicia no prescribe

Con la consumación del crimen, planeado y materializado bajo las órdenes de Fidel y Raúl Castro, el mensaje para implantar terror quedaba claro

Por ILIANA LAVASTIDA

El blanco era Concilio Cubano, las víctimas mortales fueron cuatro tripulantes que abordaban dos avionetas civiles de la organización humanitaria Hermanos al Rescate. La fecha escogida para perpetrar el crimen no fue al azar.

El 24 de febrero en Cuba, cuando la historia Patria recoge el levantamiento del grito de Baire, con el cual dio inicio la gesta independentista de 1895, Concilio Cubano, una coalición de organizaciones opositoras al régimen de La Habana, había convocado su congreso.

Así lo explica el periodista, escritor y cineasta cubano exiliado, Luis Leonel León, en un ensayo incluido en el Anuario Histórico Cubanoamericano número 3, de la Academia de Historia de Cuba en el Exilio.

Y es que, con ese encuentro, convocado para ese día significativo, la coalición opositora desafiaba el poder, así como también lo hacían desde 1991 los vuelos humanitarios para rescatar balseros que realizaban sobre el estrecho de la Florida las aeronaves de la organización Hermanos al Rescate.

Quizás por eso, con la sangre fría de quien se prepara para dar un golpe de efecto sin medir consecuencias, Castro ideó ese plan que encontró respaldo en la labor de los espías que su aparato de Inteligencia consiguió infiltrar en organizaciones del exilio, entre las que Hermanos al Rescate no fue una excepción. Por ello, el plan macabro ideado en La Habana se ejecutó sin contratiempos.

Con la consumación del crimen, planeado y materializado bajo las órdenes de Fidel y Raúl Castro, el mensaje para implantar terror quedaba claro: hacia quienes internamente decidieran obviar los riesgos de encarar el totalitarismo; también para aquellos que incluso desde el mundo libre ofrecieran su respaldo desinteresado a los cubanos dispuestos a romper el cerco.

Acostumbrados a obrar impunemente, la afrenta a la justicia internacional que constituyó el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, fue asumida por los perpetradores como un acto sin consecuencias, pero la justicia por un hecho criminal no prescribe en el tiempo.

Por eso, tres décadas después, y aunque el dictamen de la Organización de Aviación Civil Internacional concluyó que las avionetas fueron pulverizadas en aguas internacionales, los autores confesos del crimen no han sido juzgados. Por ello, la solicitud formal del encausamiento de Raúl Castro presentada en días recientes por congresistas cubanoamericanos del sur de Florida, materializa el anhelo de justicia de quienes sobrevivieron a Carlos, Armando, Mario Manuel y Pablo.

Con una sentencia, la valiosa vida de estos jóvenes mártires no se puede recuperar, pero una forma de honrarlos es exigir justicia y el procesamiento de los responsables.

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