Más allá de ser una tradición muy nicaragüense, de fuerte religiosidad católica, la celebración mariana de la Purísima se ha convertido en una especie de fiesta nacional dentro del país, y una celebración en el exterior que trasciende a ciudadanos de diversas posiciones políticas, diferencias sociales, culturales y geográficas, por lo tanto, la concibo como una referencia de unidad entre nosotros descendientes de la Patria de Rubén Darío y Pablo Antonio Cuadra, que nos viene a unificar en su celebración, a todos por igual, eso es lo más grande de esta tradición, el que nos convierte por momentos en personas, seres iguales, cuando entonamos uno de sus cantos, cuando nos acercamos a que nos den un refresco de "chicha", un "ayote en miel", un "gofio" y tantas otras cosas que regalan quienes la celebran, a todos por igual.

Estar en una Purísima no es solo un momento de ofrendar nuestro amor a la Virgen María, es también pasar un momento agradable, ir con nuestros hijos, reencontrarnos con los amigos y hacer votos de fe en el amor al prójimo y por las cosas buenas de la vida. Es conversar con los amigos entre canto y canto, maximizar nuestra fe y nuestro amor a la Virgen y para quienes somos parte de esa infinita diáspora, recordar aún más nuestra infancia, nuestro terruño y los recuerdos que nos asaltan cuando niños que, en gavillas de amiguitos y con nuestras tíos, primos y mayores que nos acompañaban "a gritar", salíamos a recorrer las calles en busca de altares para cantarle y recoger lo que nos regalaran como parte de la costumbre luego de cantarle.

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De niña recuerdo lo alegrísimo que era cada 7 de diciembre juntarnos con los amiguitos, llevar nuestros bolsos "salveques”, echarles pedazos de caña de azúcar, limones dulces (que aquí en el Sur de la Florida no existen), las canastitas llenas de caramelos, cajetas, bananos, naranjas, "leche de burra" y los juguetes de madera como las "matracas" de Masaya con las que hacíamos un ruido infernal para los adultos en esa alegre noche de amor y algarabía.

Esta fiesta, además, no olvidemos, abarca otros espacios dentro de la familia y el sentido comunitario y de solidaridad entre la gente, ya que ahora ante la pobreza social, muchos cooperan para ofrecer más que un dulce tradicional o una fruta en temporada, para dar alimentos como granos básicos, utensilios de cocina, comida etc., preservando la tradición pero generando empatía.

Ahora todo es diferente, pero a pesar de la llamada influencia de la "revolución sandinista" y de otras religiones evangélicas, la celebración de la Purísima sigue siendo una fiesta que nos convoca a todos, desde Potosí en Rivas hasta Waspam en Laguna de Perlas, desde Somotillo en Chinandega, frontera con Honduras y El Salvador, hasta San Juan del Norte en la frontera con Costa Rica y en la desembocadura de nuestro hermoso Río San Juan, los niños, los adultos, con revoluciones fracasadas, con gobiernos democráticos, con pandemias o sin ellas, esta fiesta siempre es un gran acontecimiento.

Aunque han habido varias iniciativas, fue el doctor y religioso Juan Bautista Arrien (QEPD), quien propuso en una ocasión, proponer como Patrimonio de la Humanidad ante la UNESCO esta celebración de la Purísima, y en realidad, muchos nicaragüenses estaríamos de acuerdo con esta propuesta, pues en realidad se lo merece por su férrea religiosidad, su encumbrado respeto popular y por su desbordado esmero en quienes la veneran, le cantan y le muestran diversos afectos de cariño y religiosidad.

Retomando el caso de la unidad de los nicaragüenses, y aunque no es mi motivo polemizar en este escrito, he visto como en varias partes del mundo se celebra esta fiesta entre paisanos, lo cual debería ser motivo de unidad en medio de la tan compleja diversidad que pulula entre nosotros, en medio de tantas campañas negras entre hermanos nicaragüenses, La “Purísima”, como se le conoce con cariño a la virgen María en nuestra querida Nicaragua, en base a la celebración de la Inmaculada Concepción, patrona del país, que se celebra el día 8 de diciembre, es también pues, un factor de unidad entre nosotros en busca de la libertad y la democracia.

Por: Sophia Lacayo

*La autora es empresaria, directiva del programa radial “Empodérate” y activista comunitaria

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