lunes 23  de  febrero 2026
CUBA

Las vicisitudes de una cubana tras el paso de un huracán

Ante las penurias, la destrucción y la apatía de unas autoridades que no ayudan, la mujer ha intentado suicidarse para terminar el sufrimiento
Diario las Américas | IVÁN GARCÍA
Por IVÁN GARCÍA

ESPECIAL
@DesdeLaHabana

LA HABANA.- El problema de la vivienda en Cuba es una tragedia. Según estadísticas oficiales, el déficit habitacional afecta entre 800.000 y un millón de personas, de los casi 11 millones que habitan la isla. Edilberto, exdirectivo del Poder Popular en La Habana, asegura que las cifras reales son aún más dramáticas, porque “los datos están maquillados. No contemplan a los millones de ciudadanos que viven en una misma casa con dos o tres generaciones diferentes. Solo en la capital, más de un millón de núcleos familiares necesitan una vivienda. Y cada núcleo familiar en Cuba suele estar integrado por tres o cuatro personas. Así que el problema es mucho más grave”.

Cuando Fidel Castro conquistó el poder en enero de 1959, prometió que cada cubano tendría una vivienda digna. El Estado planificó construir no menos de 20.000 viviendas anuales. Las promesas nunca se cumplieron. Antes de 1959, en La Habana existían dos barrios insalubres y alrededor de 2.000 solares o cuarterías con baños colectivos y habitaciones precarias. Tras 64 años, han surgido más de 70 barrios insalubres y miles de habaneros residen en cerca de 5.000 cuarterías diseminadas por toda la ciudad.

El 40% de las viviendas del país están en regular o mal estado constructivo. En la Cuba profunda, alrededor del 18% de las casas tienen pisos de tierra. Hay cientos de familias que perdieron sus inmuebles hace más de veinte años, destrozados por los vientos furiosos de un huracán y todavía continúan albergados en tugurios donde el robo, las riñas y la violencia son frecuentes.

El Observatorio Cubano de Derechos Humanos, con sede en Madrid, España, ha reportado que, según los estándares establecidos por el Banco Mundial, “el 72% de los cubanos viven muy por debajo del umbral de la pobreza”. A ese grupo de cubanos pertenece Oriadys Salas García, vecina de Avenida 100 y Calle 69, Marianao, municipio al oeste de La Habana. Ella ofreció su testimonio a DIARIO LAS AMÉRICAS.

“Mi historia empezó en 2017 con el huracán Irma, que me llevó la mitad del techo y provocó una rajadura en un muro de contención. Por esa fecha falleció mi madre. Cuando empecé los reclamos, las autoridades me decían que yo trabajaba en turismo (supuestamente mejor empleo). Peleando con la burocracia, al cabo del año, fue que algunos funcionarios vinieron a mi casa. Tuve entrevistas con el entonces presidente del gobierno municipal de Marianao y con los funcionarios Yoan y Yamira. El presidente municipal mandó a buscar a 'aguas negras', como dicen a los encargados del saneamiento básico de La Habana. Toda esa gente se metió en mi casa porque ya el agua me llegaba a media pierna”, comentó.

Luego añadió: “La inundación me afectó la casa, al derrumbarse el techo me mojó todas las camas y el televisor se hizo añicos. Por las quejas que di, la directora de vivienda en aquel tiempo, Odalys Menocal, vino a mi casa. Cuando llega se impresiona y dice ‘aquí qué pasó’ (todavía no entraban los excrementos a la casa). Hace su dictamen y dice que todo eso lo tenía que pagar el Estado. Yoan, le dijo a Odalys, que ya no es directora de vivienda, pero sigue en el gobierno municipal, que ella les quitaba la moral a las autoridades y no era nadie para decir eso. Odalys le fue a explicar y salió llorando de aquella entrevista, había gente que lo vio. A ese hombre le pregunté ‘qué usted me quiere decir’, y decidió en ese momento que fueran Aguas de La Habana y Saneamiento Básico”.

“Esa brigada estuvo en mi casa más de 100 veces, metieron la alta presión y provocaron un derrumbe parcial en toda la parte de atrás. Sinso y Vincent, recuerdo sus apellidos, eran los directivos de Saneamiento Básico, que radicaba en 144 entre 43 y 45, Marianao. Todos los funcionarios y especialistas que fueron dijeron que eso no tenía solución. Pero Yoan dijo que había que dársela. Me visitó el antiguo viceintendente de las construcciones, un tal Velázquez, a los cinco meses, para que le firmara un papel si estaba de acuerdo con lo que se estaba haciendo. Le dije que no, porque me estaban desbaratando todo. Pusieron unas tuberías grandes que las metieron por dentro de la casa, incluso dentro del closet”.

“Cuando los vecinos descargaban el inodoro, el excremento salía directo para mi casa debido a la mala instalación. Cuando llovía se mezclaba esa agua con el agua de lluvia. Tuve problemas con los vecinos porque tenían miedo a sufrir una infección. Comentaban que me iba a morir allí adentro, cuando se abría la puerta salía humo de los gases. Los días que entraba el agua de la calle, si la gente lavaba o llovía aquello era un infierno. En el patio pusieron tubos y por ahí salía la mierda. Estuve tres años viviendo en la mierda y rodeado de ratas. Me hicieron un pasadizo con palos para que no estuviera permanentemente con la fosa en los pies, caca y orine con agua”.

“Cambiaron a la directora de vivienda, pusieron a una funcionaria que se llama Margarita. Mientras, yo seguía con mis quejas y daba bateo todos los días, cada vez que bajaba una queja mía del Consejo de Estado, venían a mi casa. Volvieron a hacer una acometida nueva. Después pusieron a una nueva directora de Saneamiento Básico y desde que llegó a la casa dijo ‘Cambio de vivienda’. Pero se aferraban y no me daban una vivienda. Me enfermé, no sabía lo que tenía. Salía del trabajo e iba directo al gobierno municipal. Eso me estaba matando, me habían dado más de seis infecciones respiratorias. Llegaron enfermeras a pedir en el policlínico que me dieran un consultorio hasta que se resolviera mi situación, pero el director. Hice dos derrames neurales y no pude ingresar”.

“Las puertas he tenido que arreglarlas porque la fosa lo calcina todo. Ellos me dejan de ver, pero yo estaba con tratamientos en los riñones, los pulmones, con falta de aire. Empezaron los desmayos, los dolores, nada me aliviaba y por 'palanca', resuelvo en el Hospital Frank País, porque una noche, desde las diez a las cinco de la mañana, estuve en el Hospital Militar de Marianao en el cuerpo de guardia y el médico que estaba de guardia me dijo que no era de los riñones, que fuera al policlínico para hacerme pruebas. En el Frank País me atendieron ortopédicos, vieron mis placas y no creían que la que estaba en la consulta era la dueña de las placas. Casi no podía caminar, necesitaba operarme. Primero no había camas en el hospital, después vino la pandemia. Finalmente, me pudieron ingresar. La pasé muy mal en el hospital, por el derrame que había hecho en el pulmón, no me podían poner anestesia general. Me dio una crisis en pleno salón de operaciones, pero la especialista clínica decidió que había que operarme. A los veintiún días empecé a botar líquido y en diciembre de 2020 me tuvieron que abrir por segunda vez, perdí la flora intestinal por tantos medicamentos. El 8 de enero de 2021, todavía con los puntos, fui para el gobierno municipal”.

“Había entrado de presidente César, un antiguo policía. Apenas podía caminar, pero tenía que ir porque no podía seguir reinyectándome. Como el personal lo habían cambiado, no me conocían. La de Atención a la Población, al verme con drenajes, me preguntó qué me pasaba, le dije que fue por una caída mientras limpiaba la casa. Aunque en ese momento César, el nuevo presidente, fue mentiroso conmigo, fue el único que dio un paso al frente. Desconocía mi caso, pero al verme recién operada, me dijo que tenía que citarme formalmente. Me citó en enero, no recuerdo el día exacto. En la reunión estaban todos los factores y César le dijo al intendente que me diera la casa de la Calle 69 porque yo estaba enferma”. Ella me quería mandar a un albergue, argumentó que había mujeres enfermas de cáncer y con niños y no tenían vivienda. Me negué, le dije que estaba así por culpa de mala de ellos. Margarita, la directora de vivienda, habló con esa gente, para que me dieran la casa de la Calle 69”.

“Les dije que tenía que ver si esa casa reunía condiciones. Cuando la veo, no la quise. Pero ellos te envuelven. En el hospital hicieron un resumen clínico donde dice que, por mi delicado estado de salud, no puedo vivir en lugares húmedos. Margarita trató de ayudarme me tiró una placa, mal echada, pero bueno. La casa se moja a chorros cuando llueve. Esta vivienda no tiene condiciones. Empecé otra vez con la fiebre. César pidió que me dieran una ayuda económica, pero a él lo quitaron en 2023. No hicieron más nada, todavía estoy esperando. Fundora fue uno de los directivos que luchó para que los de Trabajo Social me dieran algo. Pero a Fundora lo sacaron y pusieron a Alfredo. Mi expediente se perdió. No hay certificados ni nada, todo se perdió. Fundora era el que tenía el papel de las cosas que me tienen que pagar, como el juego de comedor y otras cosas que se echaron a perder, pero el nuevo director dice que no va a pagar nada porque no tiene recursos".

“Todos mis efectos eléctricos se estropearon, les estoy pidiendo menos de lo que por su culpa se me estropeó. Eso es lo que más me molesta, ahí hay muchos testigos que lo vieron, pero ahora ¿qué papeles avalan lo que yo tenía? Mi casa permaneció cerrada tres meses, cuando estuve ingresada y se echaron a perder todos los equipos. Se cayeron los azulejos, por el agua que entró por las paredes y los tomacorrientes hacían tierra. Cuando estaba en la casa, los muebles los dejaba arriba de la meseta de la cocina y los bajaba cuando tenía que cocinar. Por esa falta de higiene en la cual tanto tiempo viví, fue que me enfermé. También debo decir que soy negra y este color molesta. Los negros en Cuba tenemos menos posibilidades que los blancos. No obstante, sigo reclamando. Pero el nuevo director no tiene interés en mi caso”.

“El año pasado estuve una semana ingresada por la caída que me di, por el agua que entraba, no debo estar limpiando ni haciendo faenas domésticas, pero tengo que hacerlas. Por el estrés, ahora padezco de hipertensión. He perdido más de 80 libras de peso, si no hubiera sido por el chequeo antes de la operación, no me entero de que soy diabética. Estuve cuatro meses pidiéndole a la intendencia una entrevista en Atención a la Población y como nunca me la dieron, un día hice la primera publicación en las redes sociales. Hice la primera denuncia y mucha gente tuvo miedo a comentar y compartirla, otros no. Había una delegada que me dijo “no comenté porque eso me afecta, pero lo dijiste claro”. Lo que quiero es que alguien resuelva mi situación. Tengo que volver a operarme, no he podido por problemas del hospital y por tener descompensada el azúcar. El médico me dijo que aguante con la morfina, que me alivia el dolor, porque es muy probable que me quede sin caminar después de la operación”.

“Necesito tomar vitaminas, pero no las hay en las farmacias y en el mercado negro un frasco cuesta 1.500 pesos (unos siete dólares al cambio irregular) y yo gano 1.400 pesos. Las resolví porque todavía queda gente humana en Cuba. En la segunda denuncia que hice en Facebook decidí poner mi nombre y apellido. Al día siguiente, a las nueve y pico de la noche, me toca la puerta una funcionaria, a quien le molestó que dijera de la mala forma para atenderme y que ignoraron mis problemas. Pero se quedó impresionada cuando vio el estado de mi casa. Lo revisó todo y le informó al director de vivienda, Julio, del que tengo una mala opinión, pues desde que cogió el cargo, lo único que sabe decir es que no hay recursos. En diciembre le dieron un adelanto de dinero y no me incluyó en el plan. Lo que hizo fue buscar a alguien que me abriera unos huecos en la pared para que saliera el agua y la humedad. Tenía todos los cables en el techo empatados con jabas de nylon. No podía ni pegarme a la pared. A Julio le armé tremendo escándalo. Vinieron otros funcionarios y no resolvieron nada. Me dieron un colchón y la funcionaria me dijo ‘coge eso que a ti no se te va a dar lo que perdiste’ y además de dañarse todos los electrodomésticos, por los huecos que tenía dentro de la casa, entraban las ratas. Hubo cosas que me pudieron arreglar en su momento y no lo hicieron, según dijeron por una cuestión de costos. Se llevaron mis electrodomésticos. Confié en ellos y ahora me entero de que no existe nada mío. Todos los años me hacen un expediente nuevo porque nunca aparece el otro. Pero lo que más me molesta es que no aparecen mis bienes. ¿Cuándo me van a devolver mis cosas? Todos esos problemas han afectado mi salud. Hice una espondilolistesis traumática, tengo puestos cuatro tornillos y cuatro varillas en mi columna, que hoy en día están partidas. En 2019 me detectaron tres etnias en el hígado, pero no le dieron mucha importancia. Después, la doctora me dijo que era una bacteria de cuidado y ahí me entero de que está en los excrementos. Una trabajadora de salud pública la detectó en mi casa y me dijo que no anduviera descalza, usaba chancletas, pero igual me contaminé. Cuando limpiaba, tenía que echar la mierda en jabas. Cuando me detectan la tenía, me dijeron que el hígado es un órgano que se regenera. Le hice reacción al levamizol, me mandaron otra medicina que me resolvieron, pero está vencida. Un médico me dijo debo ser atendida en el IPK (Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí), pero no conozco a nadie ahí. Necesito levantar mis defensas y no hay inmunólogo en el policlínico, llevo cinco años que no se me quita el catarro. Ya he hecho dos EPO y no hay medicamentos”.

“En los papeles está lo que debía recibir. Tenía tres ollas reinas, me dieron una arrocera en vez de darme, aunque sea una olla de presión. No quiero que me den todo lo que me echó a perder, pero es que ni lo fundamental me han dado. He aprendido cosas de mi enfermedad porque tengo que vivir con ella. La psiquiatra escribió: "Intento suicida a repetición. Estado anímico relacionado por las dificultades que presenta su vivienda”. Yo trabajaba en el hotel Neptuno Tritón, en Miramar. No he podido trabajar más. Cobro solo 1,400 pesos mensuales. Actualmente tengo peritaje médico hasta el mes de septiembre. El último ultrasonido arrojó que las tenías en el hígado aumentaron y que tengo cinco quistes. Por eso he intentado suicidarme, porque no sé cuándo voy a salir de esta pesadilla”, concluyó Oriadys Salas García.

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