MIAMI.- El arrollador triunfo de Andrés Manuel López Obrador, que logró la presidencia de México a nombre de la coalición Juntos Haremos Historia y su movimiento MORENA, de tendencia izquierdista, ha puesto a muchos a pensar, tanto al sur como al norte del río Bravo.

Unos plantean que el mal de la corrupción, la inacción de gobiernos anteriores y la explotación generalizada en el vecino país, que han provocado “miseria y desilusión”, han resultado en la búsqueda de “otra opción política”, mientras están los que opinan que “el remedio será peor que la enfermedad” cuando se apliquen medidas que ocasionen el endeudamiento fiscal, las restricciones a las libertades y la limitación al emprendimiento, y por ende la generalización de “la miseria y la desilusión”, como ha sucedido en Cuba y Venezuela.

“A Palacio”, anunció el presidente mexicano electo, “porque la gente quiere que haya un cambio verdadero”.

Según un sondeo de la firma mexicana Consulta Mitofsky, el actual partido que gobierna el país, el PRI, tiene una marcada tendencia hacia la derecha, con 3,8 en una escala del 1 al 5, donde 1 es “totalmente a la izquierda” y 5 es “totalmente a la derecha”.

Entretanto, la agrupación MORENA, que forma parte de la coalición Juntos Haremos Historia, que llevó a López Obrador al triunfo y gobernará México a partir del 1 de diciembre, obtuvo 1,8 en la mencionada escala, lo que la sitúa en la “extrema izquierda” mexicana.

“López Obrador no es porfiado ni ambicioso como Fidel Castro, ni ignorante como Hugo Chávez o Nicolás Maduro”, declaró a DIARIO LAS AMÉRICAS Charlie Anderson, profesor de ciencias políticas de George Washington University, quien ha seguido de cerca la historia de México en los últimos 50 años.

“Si tuviera que agruparlo con alguien, lo colocaría cerca del brasileño Lula Da Silva: un hombre de izquierdas pragmático, que no renuncia a la realidad del mundo sociopolítico y económico en el que vivimos”, acentuó el académico.

López Obrador dijo que “la transformación que llevaremos a cabo consistirá, básicamente, en desterrar la corrupción de nuestro país”.

Y subrayó que atenderá primero a los más pobres y desfavorecidos.

“Escucharemos a todos, atenderemos a todos, respetaremos a todos, pero daremos preferencia a los más humildes y olvidados; en especial, a los pueblos indígenas de México. Por el bien de todos, primero los pobres”, subrayó.

“Me preocuparía la manera que trate de afrontar esos problemas, que son muy reales. Espero que haga algo más que asignar fondos, que terminarían afectando otros servicios públicos”, comentó el profesor Anderson.

Cambios

López Obrador señaló que los cambios serán profundos, pero se darán acorde con el orden legal establecido. Prometió libertad de expresión, de asociación y de creencias.

“En materia económica, se respetará la autonomía del Banco de México; el nuevo gobierno mantendrá disciplina financiera y fiscal; se reconocerán los compromisos contraídos con empresas y bancos nacionales y extranjeros”, lo que fue interpretado como el buen mensaje que la banca y el poder económico necesitaban escuchar.

No obstante, hay estudiosos de la sociedad mexicana que tratan de descifrar lo que creen leer entre líneas, cuando el presidente mexicano electo habla de libertades.

“Cuando una democracia está en peligro, el síntoma más claro de esa desviación es el ataque a la libertad de expresión”, opinó el politólogo del vecino país Ricardo Alemán.

Y para respaldar su parecer, el politólogo mexicano argumentó cómo López Obrador calificó de “mal escritor, dedicado a explotar el conservadurismo y la ignorancia de la sociedad” a un importante periodista por haber escrito un comentario, en el que planteó “una severa crítica a las mentiras y engaños” y por qué no votaría por él.

Política exterior

Respecto a política exterior, el presidente mexicano electo reclamó que serán “amigos de todos los pueblos y gobiernos del mundo. Se volverán a aplicar los principios de no intervención, de autodeterminación de los pueblos y de solución pacífica a las controversias”, lo que podría ser interpretado como el abandono de la crítica a regímenes cuestionados como el de Maduro en Venezuela, los Castro en Cuba o la alineación de México con otras naciones para enfrentar el totalitarismo.

“Los tiempos han cambiado y afortunadamente ya no hay tantas dictaduras en Latinoamérica como antes, pero dudo mucho que el señor López Obrador se quede de brazos cruzados si surgiese un tirano de derechas”, replicó Alemán.

Sobre las relaciones con el Gobierno del gigante del norte, nuestro país, López Obrador, o AMLO, como muchos le llaman, aludiendo a sus iniciales, indicó “buscaremos una relación de amistad y de cooperación para el desarrollo, siempre fincada en el respeto mutuo y en la defensa de nuestros paisanos migrantes que viven y trabajan honradamente en ese país”.

“Ya lo planteó en el libro ¡Oye Trump!”, en el que defiende a los mexicanos que viven en EEUU, ante lo que considera actitud autoritaria del presidente Trump, sostuvo el profesor de ciencias políticas de George Washington University.

“Creo que esa será la posición que tendrá ante Trump, de respeto concebido por ser jefe de Estado pero firme ante lo que considere inadecuado”, enunció.

Los desafíos

“El problema en México ha sido el creciente cinismo del pueblo frente a la élite gobernante del país”, indicó Bruce Bagley, profesor de la Universidad de Miami, estudioso del narcotráfico y la seguridad en países como México y Colombia, e invitado a un Facebook Live de DIARIO LAS AMÉRICAS sobre el impacto de la elección de López Obrador en México y en el resto de América Latina.

Uno de los temas sobresalientes en los últimos sexenios ha sido el de la corrupción vinculada al narcotráfico. Desde 2006, cuando llegó a Los Pinos Felipe Calderón a nombre del PAN (Partido Acción Nacional), hay ya más de 100.000 muertos en la guerra contra los poderosos carteles de la droga.

Además de esa situación, que está marcando niveles históricos de violencia en ese país, hay otros retos para AMLO, a los que se refirió Bagley. “La economía no marcha bien, la corrupción es alta, el narcotráfico es cada vez más violento, pero ha prometido que no se radicalizará ni frente a la empresa privada ni ante la prensa”.

De acuerdo con este investigador, que lleva cuarenta años estudiando México y otros países de América Latina, López Obrador “no es un izquierdista tipo Maduro o Fidel Castro. Es más bien pragmático, sus raíces se encuentran en el mismo Partido Revolucionario Institucional (PRI), desde hace décadas”.

A pesar de las promesas que hizo durante su campaña, no es claro cuáles serán las formulas con las que gobernará el nuevo mandatario electo. Para Bagley, en el narcotráfico sí es posible que cambie de rumbo, como la amnistía que propuso para los narcotraficantes, una idea “realmente descabellada, es imposible pactar con criminales”, de acuerdo con el profesor universitario.

Lo que sí tendría sentido, a ojos de este académico e investigador, es que no se judicializara a los campesinos y a los pequeños traficantes de drogas, “porque se están llenando las cárceles y hay que cambiar de rumbo”, precisó. Además, tendría que haber por lo menos una despenalización de la marihuana en México, cuando en California, por ejemplo, es legal, tanto la medicinal como la recreativa. “Una de las locomotoras de la corrupción y del narcotráfico es la alta rentabilidad de la droga”, puntualizó.

Las posibles soluciones

Otro de los temas sería el de la policía, que en México es totalmente descentralizada. “Hay que tener monitoreo de esa fuerza, la más corrupta es la policía municipal”, advirtió Bagley. “Vigilancia de la policía municipal a nivel estatal, de la estatal a nivel federal, y de la federal parte de la federal y la federal a cargo de un comité ciudadano propuesto por AMLO al Senado”, añadió.

También habría que emprender una reforma del sistema político de ese país. “Hay que controlar la entrada del dinero caliente [del narcotráfico] a las elecciones mexicanas, con financiación publica completa de las campañas, prohibición de contribuciones subterráneas o clandestinas, hay que limpiar el sistema político para que sea representativo”, planteó Bagley.

La lucha contra la corrupción podría convertirse en una bandera no solo en el interior de México, sino en el ámbito regional, según lo dijo el académico invitado. En ese sentido, AMLO podría convertirse en un líder de la región que facilitara el intercambio de información y sería importante la participación del gobierno de Estados Unidos.

Relaciones bilaterales

“Las posibilidades de daño [de las relaciones entre México y Estados Unidos] son muy grandes”, expresó Bagley.

Desde su perspectiva, el presidente Trump ha sido abusivo en su retórica contra los mexicanos. Y por otra parte, AMLO es un nacionalista, populista de izquierda, y si el mandatario estadounidense sigue “con sus táctica, son grandes las posibilidades de un empeoramiento de las relaciones”.

Pero el nuevo presidente electo de México “es pragmático, y entiende que el 80% del comercio de [su país] es con Estados Unidos”, recalcó Bagley.

Frente una posible reforma migratoria integral, en la que el tema de la frontera es clave, no ve que pueda haber un avance importante antes de las elecciones de mitad de periodo presidencial del próximo mes de noviembre. Mientras tanto, seguirá un debate “agrio” en Cámara y Senado estadounidenses contra la inmigración no sólo mexicana, sino centroamericana y musulmana, subrayó el analista de la Universidad de Miami.

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