Midiala cambia un frasco de salbutamol y un pomo de montelukast por una caja de supositorios de glicerina para su niño. Yisel, una madre soltera graduada de Psicología, busca trabajo. Saimara pide que cierren las fronteras para que la nueva variante de coronavirus no entre al país. Daymelis cambia un kilo y medio de leche por yogurt. Rosa anuncia que según su bodeguero este mes no habrá compota. Yadira dona cefalexina y ácido fólico. Yilian busca la famosa bota navideña. Quizás estas mujeres no se conozcan, pero interactúan entre sí y con otras que forman parte del grupo de Facebook Madres cubanas por un mundo mejor, una especie de micromundo virtual donde encuentran refugio, se acompañan y mitigan con canjes la escasez.

El grupo de Facebook, que ya alcanza 60.800 miembros, fue creado el 18 de junio de 2019 básicamente para “interactuar, ayudar, vender, comprar, preguntar dudas (...) y todo lo que tenga que ver con el día a día principalmente la mujer cubana”. Lo administran cuatro mujeres: Lupe, Jeidy, Deniris y Anabel. Tienen como denominador común la maternidad en un país donde llevar el plato a la mesa y mantener a los hijos es cada vez más difícil.

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De Quilombos virtuales a Madres en resistencia

Este tipo de iniciativa ciudadana parece poco común, pero es una respuesta de resistencia de comunidades vulnerables en entornos hostiles. También en países de la región se han reportado estas formas de organización y facilitación social, sobre todo —aunque no solo— para buscar trabajo. Es el caso, por ejemplo, de los llamados “quilombos virtuales” en Brasil. Cuando la periodista brasileña Jéssica Tamyres dos Santos entró a un grupo de Facebook que, a primera vista, servía para que mujeres de la población negra de Brasil compartieran información de búsqueda de trabajo, se dio cuenta de que el grupo iba más allá, al convertirse en un lugar de escucha compasiva donde los dolores son entendidos y compartidos.

Similar ocurre cuando se leen los posts y comentarios de las usuarias de Madres cubanas por un mundo mejor. Cuando una usuaria busca una bota navideña, otra le responde: “Mi hermana le compró a mi sobrina y a mis niños a 1.000 [pesos, unos $41.67]cada una, nada del otro mundo es mejor comprar los caramelos sueltos”. Una tercera dice en cambio: “yo compré la bota vacía y le he echado de todo y no llegó aun a 600 pesos ($25)”.

A la madre angustiada porque le dijeron que este mes no habrá compota, otra le responde: “según dicen ni compota ni café, 5 huevos y menos azúcar”. Para quien busca iniciar una campaña por el cierre de fronteras, estas son algunas de las respuestas: “No van a cerrar caballero, tenemos que cuidarnos nosotros mismos no hay de otra”; “Apoyo total por nuestros niños y familias”; “Estoy muy de acuerdo contigo, pero si vuelven a cerrar si no nos morimos de COVID, nos morimos de hambre” ...

Y así, a la madre soltera y desempleada que necesita ayuda para comenzar a trabajar y un “cuido” para poner a los bebés, le llegan respuestas de ayuda: “En el ministerio de educación te pueden otorgar una plaza de psicopedagoga en una escuela e inmediatamente te otorgan el círculo. Tengo una amiga que estaba en tu misma situación e hizo eso”; “Yo tengo a mi niña en uno que está en Libertad entre Cortina y Figueroa” ...

De igual modo, quien vende, encuentra compradores, quien dona, recibe peticiones. En casos de niños enfermos o con otras vulnerabilidades, el numeroso grupo de madres cubanas se activa y se coordinan ayudas. Para que todo marche bien, las administradoras han creado normas, así como dan sugerencias para la coexistencia de opiniones distintas.

Normas comunitarias y contenidos: ¿sin filtros?

“Este grupo se creó con el fin de ser un grupo de temas variados, donde nos pudiéramos reunir todas las mamis, para vender, comprar, debatir, preguntar, admirar y hasta reírnos de nuestras vivencias diarias, creo que es lo que hace más especial el grupo, y lo convierte en algo más familiar y cálido”, escribió una de las administradoras.

A continuación, explicó cómo filtrar contenidos: “cuando yo deseo saber a través de las publicaciones de ustedes donde hay culeros [pañales para bebes], sencillo, pongo en el buscador ‘culeros’ y al instante me aparecen las publicaciones de ustedes. Les dejo marcado a donde deben dirigirse para verlas. Espero que les haya sido de ayuda esta pequeña reseña. Lindo día a todas”.

Sin embargo, no todo es alentador en este tipo de iniciativas comunitarias. Como se trata de voces y cuerpos en resistencia frente a un entorno hostil que dificulta el acceso a lo básico, la plataforma Madres cubanas por un mundo mejor también acoge denuncias, catarsis y reflexiones de sus usuarias.

“Cuando lo traje al mundo juré que le daría todo”

Las frustraciones de muchas por no poder ejercer la maternidad soñada debido a las carencias de tipo material pero también espiritual, de fe, de libertades, se vuelcan en posts como el de Dayana Azcuy, quien despide el año con estas palabras: “Se fue un año y solo me queda el desagradable sabor de impotencia, dolor, rabia, frustración, indignación. Un año donde fueron más las veces que vi a niños llorar que reír, donde las madres gritamos y no se escuchan, donde la palabra sueños la podemos sustituir por pesadillas, donde pensábamos que lo más malo era la COVID-19, donde tienes miedo a que amanezca, porque sabes que va a ser peor, donde decimos que no nos asombra nada, pero es mentira, eso lo decimos para consolarnos. En fin, el año se acaba y en vez de anhelar el próximo, y no por mí, sino por mi hijo, porque cuando lo traje al mundo juré que le daría todo, un futuro mejor, que lucharía por él; pero hoy viendo la realidad que vivo día a día, solo le pido a Dios fuerza y fe”.

Darle “todo” a un hijo no es una opción en un país donde las oportunidades para desarrollar la iniciativa privada son tan escasas como los productos básicos. Quiéralo o no Dayana, darle todo a su hijo requiere de oportunidades que Cuba no ofrece, aun cuando proclama en cuanto foro internacional exista, que protege sobremanera la infancia. Ni siquiera, a estas alturas, el Estado es capaz de sostener el igualitarismo que antes levantaba como estandarte. No hay ninguna igualdad en el acceso a alimentos como la carne o la demandada leche. En La Habana, Santiago de Cuba o la Isla de la Juventud la norma estatal establece la entrega de los dos productos hasta los 13 años, mientras que para las restantes provincias sólo hasta los 7 años.

En cuanto a la leche en polvo, que ha merecido titulares en el último mes, la explicación gubernamental para su falta es que debe obtenerse de mercados lejanos porque el embargo impide comprarla directamente a Estados Unidos. No obstante, las madres que necesitan para sus hijos este producto deben saber que de 2001 a 2020 Cuba importó del país vecino productos por un valor de 6.308 778 608 dólares, entre ellos leche en polvo en cuatro ocasiones desde esa nación, de acuerdo con un reporte de Periodismo de Barrio.

Más allá de lo que haga el gobierno, las madres no saben quedarse de brazos cruzados, si de alimentar a sus hijos se trata. Midiala, Yisel, Saimara, Daymelis, Rosa, Yilian y tantas otras, sea en el ámbito virtual o en el espacio físico, seguirán buscando hasta encontrar, lo mismo trabajo que compota, medicamentos o una bota navideña. Lo mismo leche que libertad.

Darcy Borrero Batista

@cabezamestiza

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