CARACAS.- Con los Juegos Olímpicos en pleno desarrollo, el presidente Nicolás Maduro celebró un récord mundial. “¡Un récord mundial! Aquí está”, aplaudió Maduro el viernes 12 de agosto, luego de decretar un nuevo aumento del salario mínimo en Venezuela.

“Ellos (los gobiernos anteriores) en 40 años dieron nueve aumentos salariales a los trabajadores en Venezuela. ¡Nueve! La revolución, en 17 años, pasando por golpes de Estado, golpe petrolero, situaciones de bonanza o dificultades y de guerra económica como ahora, hemos dado 34 aumentos salariales”, destacó como un éxito el Jefe de Estado.

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El salario mínimo pasó de 15.052 a 22.578 bolívares, lo que a tasa de mercado negro equivaldría a unos 23 dólares mensuales. Además, el Ejecutivo incrementó el llamado “ticket socialista para alimentación”, de 18.750 a 42.480 bolívares, bono que no tiene incidencia en las prestaciones sociales de los trabajadores y solo puede utilizarse para adquirir comida. En total, el “salario integral nacional” asciende ahora a 65.056 bolívares.

“¡Estas son medidas de guerra para proteger a un pueblo sometido a una guerra económica por parte de una burguesía y un imperialismo que creen que lo podrán arrodillar! ¡No podrán con nosotros, ni hoy ni nunca!”, espetó el gobernante venezolano.

Sacando cuentas

¿Se puede vivir en Venezuela con un ingreso mensual de 65.056 bolívares? El Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM) informó en julio que el precio de la canasta básica familiar se ubicaba en 365.101,19 bolívares. Es decir, se requerirían 24 salarios mínimos para cubrir las necesidades esenciales de una familia.

Un estudio de la firma Ecoanalítica, publicado en el portal Prodavinci, indicó que “al cierre de junio de 2016, recogemos que la inflación acumulada alcanzó 128,6%, muy por encima de la acumulada para el mismo período en 2015 (65,7%), lo que representa una aceleración de la inflación sin precedentes en la historia económica venezolana”. Pero ese no es el peor dato. La “inflación subyacente” – que se calcula tratando de disminuir el impacto de los controles y distorsiones que operan en el mercado venezolano – llegó a 378,1% en el primer semestre de 2016 y hasta 969,9% en el último año, de acuerdo con Ecoanalítica.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que el alza de los precios romperá la barrera de 700% este año, con una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de 10%. A juicio del FMI, esta es “la peor evolución del crecimiento y la inflación en todo el mundo”.

La economista Anabella Abadi cree que Maduro intenta apagar el incendio de la inflación echándole gasolina. Al igual que el difunto presidente Hugo Chávez, su sucesor prefiere aumentar el salario mínimo antes que “implementar políticas antiinflacionarias pertinentes y oportunas”, sostiene la consultora.

“Si bien los ajustes del salario mínimo se presentan como una solución mágica para la defensa de la capacidad de compra, lo que en realidad reflejan es una clara aceleración de la inflación. Aumentos salariales que no estén atados a aumentos de la productividad, se traducen en una mayor inflación”, señala Abadi, quien subraya que “es necesario romper el círculo vicioso de la inflación y eso pasa por resguardar el valor de la moneda más que por aumentar el salario mínimo”.

Futuro incierto

“Se lo digo a la derecha mundial, a los pueblos del mundo: a pesar de todo lo que dicen de Venezuela, se está demostrando que sí se puede proteger el empleo, la seguridad social”, enfatizó Maduro, tras ordenar el aumento del salario.

El primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Diosdado Cabello, aseguró que pretenden resguardar a la clase trabajadora. “En los últimos tres años, Maduro ha realizado 14 aumentos de sueldo, no vamos a dejar que el trabajador siga padeciendo y el Gobierno no haga nada”, sentenció el diputado Cabello.

Sin embargo, el presidente de la patronal Fedecámaras, Francisco Martínez, advirtió que el chavismo logrará todo lo contrario a lo que está prometiendo. El impacto económico del aumento “puede llevar a que haya un cierre progresivo de pequeñas empresas y se pierdan los puestos de trabajo”, alertó Martínez.

La Confederación Venezolana de Industriales (Conindustria) declaró en mayo que entre 1999, año del arribo de Chávez al poder, y la actualidad, el número de empresas industriales cayó de 12.700 a 3.500. Además, precisaron que “todas las activas están funcionando por debajo del 43% de su capacidad histórica”.

Martínez lamentó que el incremento salarial no esté acompañado por “medidas estructurales” que atiendan la macroeconomía, ni sea el resultado del diálogo entre los actores del mercado laboral, tal como lo estipula la Organización Internacional del Trabajo (OIT). “Eso es un reconocimiento del fracaso de este modelo económico”, aseveró el portavoz de los empresarios.

Los presuntamente “protegidos” tampoco lanzaron campanas al vuelo. “Aquí lo que queda claro es que estos aumentos realizados de forma unilateral por el Gobierno terminan no siendo reales, ante la presencia de la devaluación más voraz de la vida republicana”, fustigó Servando Carbone, coordinador de la Unión Nacional de Trabajadores (Unete).

Los dirigentes sindicales cuestionan que el ticket de alimentación tenga un mayor peso en la remuneración que el salario real, lo que atenta contra el cálculo de las prestaciones sociales. Al igual que los empresarios, critican las imposiciones del Ejecutivo y reclaman soluciones a las fallas del modelo económico.

Lejos de festejar el “récord mundial”, José Antonio García, vocero de Unete, observa que el chavismo está perdiendo claramente la carrera contra el empobrecimiento de los venezolanos. “Están evadiendo el fondo del asunto que es la distribución de la riqueza y nos condenan a un círculo vicioso sueldo-inflación como ha ocurrido con los aumentos de salarios de los últimos 3 años y medio”, concluyó García.

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