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Maduro 'perfecciona' métodos de torturas con ayuda del régimen de Cuba

La dictadura venezolana mantiene operativos los calabozos del Servicio de Inteligencia Militar (DGCIM) donde ha intensificado el maltrato contra los presos políticos

Por REDACCIÓN 4 de abril de 2022 - 14:00

@ElkisBejarano

MIAMI. - El régimen de Venezuela dirigido por Nicolás Maduro continúa cometiendo crímenes de lesa humanidad contra los presos políticos que mantiene en los calabozos de las distintas sedes del Servicio de Inteligencia Militar (DGCIM) donde ha perfeccionado los métodos de torturas, para conseguir las declaraciones que desea, de culpabilidad o de incriminación.

El Instituto Casla entregó ante la Organización de Estados Americanos (OEA) un detallado informe correspondiente a los casos registrados durante el año 2021, donde se deja en evidencia que la cadena de mando, encabezada por Nicolás Maduro, conoce de lo que ocurre dentro de estos calabozos.

El informe publicado por la directora del Instituto Casla y activista de los Derechos Humanos en Venezuela, Tamara Suju, asegura que en 2021, se contabilizaron 18 nuevos casos de "personas que fueron víctimas de detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas, torturas y violencia sexual, en el contexto de la represión sistemática que el Estado venezolano lleva a cabo contra la población civil y contra oficiales de la fuerza armada que se han manifestado de alguna manera en contra de la opresión".

Una vez más el informe muestra cómo el régimen, con el apoyo de sus aliados de Cuba, ha ido modificando y mejorando los métodos de torturas, haciéndolos más efectivos para sus cometidos y más violentos para las víctimas.

A través de una serie de ilustraciones que Suju mostró durante su presentación ante la OEA, se pudo observar cómo los prisioneros son sometidos a crueles procedimientos, durante un tiempo prolongado, dejando secuelas tanto físicas como mentales.

DIARIO LAS AMÉRICAS documenta estas denuncias, con las imágenes de cada uno de los métodos de tortura denunciados por el Instituto Casla. Lo descrito a continuación es parte de la denuncia hecha ante el organismo internacional.

Encapuchados y esposados

En 14 casos, todas las víctimas fueron esposadas fuertemente y encapuchadas por horas o días. Al menos 25 personas fueron objeto de esta tortura, donde los funcionarios utilizaron capuchas o cartones con tirro, para tapar el rostro de las víctimas, y esposas, cables o sogas para sujetar las manos, y en algunos casos, los pies. Las esposas eran apretadas de tal forma que algunas víctimas todavía sufren las consecuencias como adormecimiento o inhabilitación de las manos o algunos dedos.

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El colgamiento para aplicar  corriente a las víctimas es uno de los métodos de tortura.

El colgamiento para aplicar corriente a las víctimas es uno de los métodos de tortura.

Golpes y puntapiés

Al menos 31 personas recibieron golpes y/o puntapiés en todo el cuerpo. En siete incidencias las víctimas fueron golpeadas con bates de béisbol, palos de madera, en distintas partes del cuerpo y en tres incidencias las víctimas fueron golpeadas en el empeine y las plantas de los pies, glúteos, tórax y costillas. En dos incidencias, las víctimas fueron golpeadas en la boca con armas que les introducían, produciendo incluso pérdida de movilidad.

Colgamientos

En al menos ocho incidencias, las víctimas fueron colgadas de una polea o barra fija. Por lo menos 15 fueron colgados con las manos esposadas hacia atrás y apenas los dejaban tocar el suelo con la punta del dedo pulgar, incluso dos víctimas narraron que los colgaron por un tiempo indeterminable sin tocar el piso. En dos incidencias, las víctimas estuvieron encadenadas a una pared, en posición de crucifixión mientras los torturaban y en los períodos de "descanso" los mojaban con agua fría y no los dejaban dormir.

Asfixias

Al menos en 14 Incidencias, las víctimas fueron asfixiadas con bolsas plásticas que contenían productos tóxicos, como polvo de gases lacrimógenos, insecticidas o amoniaco. En al menos 2 incidencias, las víctimas fueron asfixiadas boca abajo, atadas de pies y manos, y con funcionarios encima de su espalda, lo que provocaba que la víctima vomitara mientras era asfixiado y se defecara u orinara.

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Aplicación de electricidad

En al menos diez incidencias, las víctimas fueron objeto de descargas eléctricas realizadas con cables y baterías de automóviles o con pinzas eléctricas. Al menos 16 personas recibieron descargas eléctricas en varias partes del cuerpo, incluyendo en los testículos, tórax, rodillas, debajo de las axilas, cuello y pecho, que provocaron que las víctimas se desvanecieran.

Azotes

En 5 incidencias, las víctimas fueron azotadas en la espalda, piernas y pies, con cables o látigo de goma en la espalda, glúteos, piernas y pies. Al menos 16 personas describieron cómo fueron azotadas en períodos de torturas de esta manera, incluyendo varias describieron que el látigo tenía una especie de punta de metal con el cual los golpeaban.

Temperaturas extremas

Al menos en diez incidencias las personas fueron sometidas a temperaturas extremas, bien sea porque fueron continuamente bañadas con agua muy fría durante horas o días o para no dejarlos dormir. Otros fueron encerrados en cuartos de tortura con temperaturas muy bajas, semidesnudos o fueron encerrados en la nevera, cuarto cava ubicado en el DGCIM. Al menos 15 personas fueron víctima de esta tortura.

Fracturas deliberadas

En tres incidencias, víctimas fueron objeto de golpizas con objetos contundentes al punto de ocasionarles a dos de ellas fisura craneal y a una víctima fractura del esternón. La descripción de la ruptura del esternón fue narrado por la víctima de la siguiente manera: «Me partieron el esternón con un bate de hierro forjado que ocasionó un ruido “seco”, fue como si me pusieran un soplete de fuego en el pecho, me dieron ganas de ir al baño y a pesar de que uno de los funcionarios se dio cuenta y me quito una de las cadenas y caí al suelo, otros funcionarios se me montaron encima y me daban patadas».

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Ahogamiento

En 4 incidencias, las víctimas fueron sometidas a asfixias con agua, introduciendo su cabeza en envases de cierta profundidad por períodos de tiempo que incluso, ocasionaron el desfallecimiento de al menos dos víctimas, a las que aplicaron descargas eléctricas o golpearon para hacerlas reaccionar.

Posiciones forzadas

En 5 incidencias, las víctimas fueron sometidas por horas o días, a estar en posiciones incómodas como, por ejemplo, pasar varios días sentados en sillas de metal, esposados de manos y pies, haciéndose sus necesidades encima; estar parado sin poder moverse largos períodos de tiempo, sometidos a golpes si se movían o se desmayaban; estar por varios días entre distintos períodos de torturas, sentado en el piso de una de las celdas de castigo, esposados o atados con las manos atrás y amarrados de pies, vendados y haciéndose sus necesidades encima.

Privación deliberada de medios de vida

En 16 incidencias, las víctimas fueron sometidas a largos períodos de escasa alimentación o días continuos sin ningún tipo de alimentación y escasa hidratación. Varias víctimas apenas sobrevivían con un poco menos de un vaso de agua al día, algunas tuvieron la oportunidad de hidratarse con agua del inodoro cuando los dejaron ir al aseo. Al menos tres víctimas recibieron alimentos con vidrios molidos y en tres incidencias las víctimas narraron cómo les daban comida descompuesta, con insectos y gusanos, que apartaban para alimentarse y que les produjo terribles dolores estomacales y pérdida de peso. En cinco incidencias, las víctimas tuvieron que comer como animales lo poco que le tiraban al piso, ya que tenían las manos atadas a la espalda y/o comían con las manos cuando se las soltaban, lo que le suministraban en cualquier pedazo de plástico o en el suelo.

Uso de sustancias irritantes en la piel

Al menos en tres incidencias, las víctimas fueron rociadas con sustancias desconocidas que causaron quemaduras y fuertes irritaciones en la piel.

Confinamiento en condiciones infrahumanas

Al menos 21 víctimas directas fueron sometidas a confinamiento en solitario, en el SEBIN y el DGCIM. En los ya denunciados y conocidos cuartos y/o celdas renombradas como el cuarto de los locos, el cuarto marrón, la celda blanca, el ascensor, el tigrito, donde las personas estuvieron largos períodos de tiempo, incluso una de ellas estuvo 35 días en el cuarto de los locos. Las víctimas, además de permanecer totalmente incomunicadas de familiares y abogados, estaban en dichas celdas semidesnudos, sometidos a bajas temperaturas, sin ningún tipo de material de lectura o distracción, recibiendo escasos alimentos e hidratación y en su mayoría, alimentos eran totalmente desbalanceados, sin ningún valor nutritivo y malolientes o estaban descompuestos, con gusanos o insectos. Durante este tiempo, las víctimas tuvieron que hacer sus necesidades fisiológicas encima, o en botellas o envases de plástico que les suministraron y que permanecían con ellos por varios días sin vaciar. En varios casos nunca se les permitió asearse o lavarse los dientes.

Para Suju es claro el mensaje. "Esta cadena criminal no puede de ninguna manera zafarse de la justicia de la Corte Penal Internacional ni los tribunales federales norteamericanos, porque en EEUU, los principales responsables están acusados de tráfico de drogas. Es un entramado criminal internacional que además de reprimir a venezolanos tienen múltiples facetas de negocios en el exterior. Esto es un horror, lo que sucede en Venezuela no es un caso de dos rehenes, son 25 millones de rehenes de la peor tiranía que tiene el continente", sentenció la experta.

Fuente: Instituto CASLA

FUENTE: Con información de AP

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