miércoles 24  de  diciembre 2025
ANÁLISIS

María Corina Machado, líder de la democracia

Comparto absolutamente la propuesta de Jamis y Albertini de que la señora María Corina Machado puede asumir a plenitud un liderazgo continental

Por PEDRO CORZO

Hace unos días conversaba con dos queridos amigos, el empresario Kemel Jamis y el escritor José Antonio Albertini, sobre la falta de líderes en América Latina que tuvieran una visión democrática a escala hemisférica.

Nos remontamos al siglo XIX y mediados del XX, señalando que fueron tiempos ricos en figuras notables en todos los espacios imaginables como Simón Bolívar, José de San Martín, José Martí, Juan Domingo Perón, Francisco I. Madero y muchos más; sin embargo, acordamos que en este siglo XXI se apreciaba como una especie de aridez de liderazgo en lo que respecta a la política en general y todavía más, entre quienes tienen un compromiso explícito con la democracia en particular.

En ese momento Jamis terció y apuntó que tiene la certeza de que ese vacío de liderazgo hemisférico puede y será llenado por María Corina Machado, la lideresa venezolana premio Nobel de la Paz que ha demostrado estar sobrada de talento y coraje como cuando en plena asamblea nacional, dirigida por Hugo Chávez, lo increpó y lo llamó ladrón, aunque la mayoría estaba en su contra.

La realidad es que América Latina ha padecido una crónica falta de líderes férreamente comprometidos con la democracia, específicamente, aquellos que se hayan distinguido o distingan por su proyección continental, aunque debemos admitir que tampoco han abundado personalidades notables en los ámbitos nacionales, con excepciones, como el expresidente colombiano Álvaro Uribe y el actual mandatario argentino Javier Milei.

Por demás, hay que decir que la mayoría de los mandatarios nacionales han tenido muy poca visión en lo que respecta a los peligros que corre la democracia ante el castro chavismo y sus variantes, y un muy limitado espíritu de solidaridad con las repúblicas que han sido sometidas por autócratas entre las que hay que contar a Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Por otra parte, al despotismo y las autocracias les han sobrado dirigentes importantes entre los que destacan Fidel Castro y Hugo Chávez en el plano continental y Nicolás Maduro, Rafael Correa, Daniel Ortega, Evo Morales, Manuel Noriega y Mel Zelaya en instancias nacionales, sujetos, todos, que dejan muchos que desear de la capacidad de discernimiento de sus seguidores y de quienes les han promovido y respaldado por décadas sin tener en cuenta sus abusos y pillajes.

Un autócrata que no debe faltar es Augusto Pinochet. El dictador chileno pudo haber sido un líder hemisférico, aunque no democrático, como consecuencia de haber sido el artífice del derrocamiento de un aliado incondicional de Fidel Castro y de todos sus asociados, Salvador Allende, quien fuera una personalidad importante de la izquierda vegana, si es que existe, con fuerte inclinación al canibalismo.

Vale señalar que hay figuras que podrían estar en una u otra de estas relaciones como Luis Inacio Lula da Silva, Nayib Bukele, Michelle Bachelet y el matrimonio Kirchner-Fernández, puesto que las profundas contradicciones en las que han incurrido en sus respectivos liderazgos, tanto al interior de sus países como por la política exterior desplegada, dejan al criterio de cualquier observador una futura ubicación, aunque, de momento, este espectador situaría a da Silva y Kirchner-Fernández entre los enemigos de las democracias hemisféricas, en la misma instancia que Castro y Chávez, la conducta cómplice de los tres alcanzó niveles aberrantes.

Los líderes nacionales son una querencia fundamental en cualquier país, presencia que no se debe confundir con la de caudillos o sátrapas al servicio de minorías, al igual que se necesitan paradigmas internacionales que puedan sintetizar por su gestión y propuesta los más caros anhelos de la ciudadanía.

Comparto absolutamente la propuesta de Jamis y Albertini de que la señora María Corina Machado puede asumir a plenitud un liderazgo continental puesto que ha demostrado tener fuertes convicciones democráticas, honrando su compromiso con quienes tienen la libertad y los derechos ciudadanos en primera instancia y, por último, no les teme a sus enemigos.

María Corina, como ha ocurrido a través de la historia cuando los déspotas intentan quebrar a quienes les retan, se ha crecido y alcanzado cotas inimaginables aun para sus más fieles partidarios, como fueron los comicios del 28 de julio del 2024 y que una adversaria de la izquierda política, pero política consecuente, lograra el Nobel de la Paz gracias a su constante sacrificio y sobrado decoro.

Publicado originalmente en el Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami, un grupo de expertos conservador y no partidista que se especializa en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría. Las opiniones son del autor y no reflejan necesariamente la posición del Instituto. Más información del Miami Strategic Intelligence Institute en www.miastrategicintel.com

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