MIAMI.- Cuando la ciudad de Matanzas empezó a arder el 5 de agosto pasado, Leo Doval Pérez de Prado le envió un mensaje a su madre Vivianne diciéndole que a ellos, los muchachitos que estaban pasando el Servicio Militar en el Comando de bomberos del Aeropuerto Juan Gualberto Gómez, de Varadero, no los lanzarían a la boca del incendio, o lo que es lo mismo, no los llevarían a morir.
“Mami, tranquila, a nosotros no nos van a sacar, el aeropuerto no se puede quedar solo”, le dijo con la intención de no preocuparla.
Sin embargo, como revelaron en redes sociales familiares de varios adolescentes, estos fueron arrojados a las llamas y, aunque el Ministerio de Salud pública y los medios oficiales los dan por “desaparecidos”, sin detallar sus edades, eran apenas unos muchachos que dedicaban obligatoriamente uno o dos años de sus vidas a un Ejército que para muchos cubanos resulta inoperante, trunca futuros y se traga millones de pesos del presupuesto estatal.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias, lejos de existir para la defensa del país en un hipotético escenario de guerra, han derivado a la función de emporio económico mediante el sancionado —por la estadounidense OFAC— Grupo de Administración Empresarial (GAESA).
Aun así, en diciembre de cada año el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias insiste en nutrir sus filas, adoctrinar y disciplinar cuando convoca para el llamado Servicio Militar Activo a los jóvenes varones que al siguiente año vayan a cumplir los 16 años, o sea, los nacidos entre el primero de enero y el 31 de diciembre del año venidero, con independencia a la fecha en que se cumpla.
“Para nuestros jóvenes constituye un honroso deber, mediante el cual, adquieren la preparación militar y política, habilidades, formación y disciplina que les permite, una vez que se licencien, pasar a ocupar cargos en las unidades como reservistas y estar listos para enfrentar y derrotar cualquier agresión armada a nuestra Patria”, se lee en la página oficial del MINFAR.
Esta interpretación del Servicio Militar está bastante distante de lo que la ciudadanía vierte en redes sociales. Cientos de usuarios cubanos han popularizado la etiqueta #NoAlServicioMilitar y otras similares que buscan poner fin a esta imposición que se les hace a los varones mayores de 18 años en Cuba.
Ha llamado la atención de medios y de activistas que el hijo del primer ministro Manuel Marrero Cruz, Alejandro Marrero Medina, compartió el sentimiento contrario al servicio, si bien lo hizo mostrando imágenes de la campaña a través de sus historias de Instagram, que solo duran 24 horas.
Hasta el momento, suma más de 2.900 firmas una petición en Change.org “para que las vidas de nuestros jóvenes no sigan siendo sacrificadas a una dictadura que ha convertido a Cuba en un estado fallido. Para que no sigan muriendo nuestros adolescentes a causa de la necesidad de un gobierno represor de mantener un ejército que solo sirve para perpetuar a una mafia corrupta y asesina en el poder reprimiendo al pueblo”.
Todo este rechazo, que ya era perceptible ante la dinámica abusiva de un “servicio” en el que han muerto jóvenes a lo largo del país, lo ha acrecentado en particular la desaparición y probable muerte de los reclutas enviados a la primera línea del incendio de la Base de Supertanqueros en Matanzas. Sus cuerpos aún no han sido recuperados totalmente, aunque se han hallado restos óseos en el lugar.
La prensa oficial aseguró que los especialistas de Medicina Legal encontraron el viernes 12 de agosto, poco después de que fuera declarado extinguido el incendio que duró una semana en la Base de Supertanqueros de Matanzas, los restos óseos de cuatro de los 14 desaparecidos tras la explosión del primer tanque.
Mientras el ministro de Salud (José Ángel Portal Miranda) califica de “arduo y extremadamente detallado” el trabajo multidisciplinario de inspección de la zona donde se supone estaban las víctimas al ocurrir la explosión, la sociedad civil clama por una investigación que juzgue a los responsables de haber llevado a jóvenes con escasa preparación como bomberos a un siniestro de tales proporciones.
Pero la posibilidad de que haya responsabilidades individuales no implica que no se trate de un problema estructural.
Los jóvenes reclutas en Cuba son dirigidos como autómatas a la actividad que los jefes decidan; incluso fueron armados con palos en julio de 2021 para sofocar las protestas antigubernamentales. Asimismo, los someten a actividades productivas no remuneradas.
Esto sería menos conflictivo desde el punto de vista ético si los reclutas fueran voluntarios. Pero lejos de lo que dijo la diplomática cubana Yissel González en Ginebra sobre el Servicio Militar, según ella “voluntario”, se trata de un proceso obligatorio concebido para un largo plazo.
“El cumplimiento del Servicio Militar Activo (SMA), es por un período de dos años, preferentemente entre los dieciocho años y hasta que se arriba a la edad de veintiocho años. El tiempo total que se cumple al ser llamado al SMA, más el que se realiza al movilizarse para la preparación, no podrá exceder de tres años, pues ambos se complementan y conforman el plazo total de prestación del Servicio Militar en tiempo de paz”, expone la web del MINFAR.
Ante la campaña desatada en redes sociales por las madres que temen un futuro de sus hijos en el Servicio Militar, las FAR, a modo de respuesta que omite la validez del reclamo cívico, han emitido esta declaración en Twitter: “hay que respetar a las madres de los que asaltaron el Moncada, de los que combatieron en la Sierra, de los que vencieron en Girón, de los que combatieron a los bandidos. ¿A quién le conviene una FAR sin soldados?”, cuestionaron y respondieron: “Más que a una madre protectora, a un enemigo oportunista”.
Como es habitual, este ha sido el tono en que el régimen cubano ha manejado el desastre: épico y triunfalista, sin revelar detalles de las víctimas, cuyas identidades han ido apareciendo en publicaciones en redes sociales. Un discurso de tal frialdad ignora el dolor de madres como Vivianne, quien se pregunta “cómo logra vivir, cómo logra ser fuerte como todos le dicen por tener a sus padres y a su ‘otro niño especial’”.
“¿Cómo logro seguir sin ver todos tus planes cumplirse, si ya tenías pensado como irías el primer día a Ciencias Médicas para hacerte Doctor en Medicina como a todos nos decías y un gran Neurocirujano? Ya lo tenías todo preparado, tu uniforme, tus zapatos, tu mochila y yo te decía ‘¿Pipo y las libretas?’ y me decías ‘sí es importante, pero más importante es grabar las clases para después quemarme las neuronas en las noches en el cuarto’”, escribió en una dedicatoria a su hijo a más de una semana del siniestro.
En tanto, en sus decenas de tuits el mandatario Díaz-Canel sigue alimentando la épica del “Patria o Muerte” y evita poner nombres y rostros a los desaparecidos, salvo en los casos de fallecidos que habían estado hospitalizados. A uno de ellos, Elier Correa, lo dimensiona no tanto como el ser humano que perdió la vida sino como “héroe de la hazaña en Matanzas”.