lunes 20  de  mayo 2024
ANÁLISIS

No es un éxodo como cualquier otro, es una estampida general

Los cubanos nos estamos largando para dónde sea, agarrándonos de cualquier cosa que nos lleve bien lejos del gran disparate en que se ha convertido Cuba.

Un artículo de Ernesto Pérez Chang para Cubanet refleja el caos migratorio actual en la mayor de las antillas ante la represión, la paupérrima situación económica y la falta de oportunidades. Reproducimos el texto: No se habla de otro tema en Cuba que no sea largarse del país. La gente se está yendo por miles en lo que quizás llegue a convertirse en breve en la más grande y prolongada oleada migratoria posterior al éxodo del Mariel. No es un éxodo como otro cualquiera, se trata de una estampida general.

Tan grave es la situación que si hace solo un par años atrás el régimen le temía apenas al “envejecimiento poblacional” y a la “baja natalidad”, como factores que ponían en riesgo cualquier atisbo de “prosperidad económica”, desde hace unos meses han agregado a sus temores la posibilidad real de la “despoblación”, con lo cual el juego se les torna más duro no porque se queden sin gente que someter, sino porque significa la ausencia casi total de mano de obra, con lo cual todos los soñados “planes de desarrollo” para el 2030 se irán a… allá mismo donde estamos pensando.

Y si no habrá nadie para levantar hoteles, campos de golf, parques acuáticos, marinas y cuanto sirva para que entre dinero (que no turistas), tampoco habrá el balance ideal entre emisores y receptores de remesas para que un eficiente mecanismo de rehenes los provea de “estabilidad política”.

Antes, pero más durante el deshielo de Obama, se hizo descaradamente notable que la emigración estaría siendo usada por el régimen como una estrategia económica y política en que cada familia, para lograr sobrevivir en Cuba, se veía obligada —más bien presionada— a crear entre sus miembros al menos un emisor de remesas.

Esa fórmula macabra funcionaba como una especie de “pacto subliminal” en que tanto el de afuera como el de adentro se esforzaban por mantener el statu quo.

Pero el plan se les está saliendo de control. La “estabilidad política” de la que se jactan los comunistas así como la “prosperidad económica” que hubieron de soñar para el 2030 se asentaban precisamente, entre otras cosas, en ese sistema de “bocas cerradas”, de “tranquilito te ves más bonito”, que se logra cuando tanto el que se marcha al extranjero como los que se quedan (en mayoría como pichones con el pico abierto), es decir, el emisor de remesas y el remesado o beneficiario indirecto, dependen de mantenerse “fieles” al sistema para sentirse “privilegiados” (porque pueden acceder a mejor alimentación, a mejor vivienda, a mayor acceso a servicios en moneda fuerte) en medio de tanta miseria. Es doloroso pero es así. En esto nos convertimos después de tantos años secuestrados por el poder.

Pero ahora ese “equilibrio” de menos emisores de remesas y mayor número de remesados está quebrándose con cada familia que se ha propuesto emigrar en pleno, es decir, incluyendo a todos los miembros en la escapada. Porque ya una remesa o cualquier cantidad de dinero que nos llegue por la vía que sea, y por mucho que sea, no se queda en el bolsillo, debajo del colchón o en la tarjeta bancaria para “hacer las compras” (en un país totalmente desabastecido y de sobra aburrido) sino que el más inteligente y definitivo uso que se le puede dar es pagar (lo que sea) por un viaje de ida sin retorno.

En Cuba las familias están vendiendo sus casas, los autos, los negocios (legales o no, poco importa en un país donde todo funciona así de loco) justo en la cantidad necesaria para escapar. Cualquiera se da cuenta al ver en internet los precios de remate, de evidente desesperación. Porque en cualquier momento las últimas puertas abiertas hacia la libertad comenzarán a cerrarse en tanto empiezan a sentirse por “allá arriba” los efectos negativos del zafarrancho.

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Todo le está saliendo mal a la élite barrigona, terriblemente mal. El dinero se les está escapando a borbotones en un momento en que —tal como lo planificaron para ese 2030 del que ya nadie dice nada—, debería estar en cantidad suficiente no para “construir el socialismo” (esa tomadura de pelo está ya más que gastada) sino para saldar definitivamente tanta deuda vieja que no los deja pactar y acceder a deudas nuevas.

No sé si en otros barrios más allá del mío pasa lo mismo pero no encuentro a nadie entre mis vecinos cercanos que no tenga entre sus planes inmediatos la idea de “pirarse”, como tampoco una sombra de fe en que “la cosa” (pues así decimos de esta realidad disparatada en que nos hundimos) pueda mejorar, aun cuando se pudiera suponer por tanto festival musical y mucha camiseta con el Che Guevara por los 60 años de la UJC, que aquí no está pasando nada.

Pues sí pasa y, lo peor (o tal vez lo mejor) es que por decenas de miles siguen de largo hasta toparse con la otra orilla del Río Bravo.

No hay cifras, ni oficiales ni confiables, pero sabemos, por lo que ocurre a nuestro alrededor que se trata de una verdadera estampida donde solo irán quedando atrás quienes ya no tienen oportunidad, fuerza ni tiempo para comenzar de nuevo, porque de tenerlos y no emplearlos en huir estarían actuando como imbéciles más que locos.

Los cubanos nos estamos largando para dónde sea y bajo cualquier pretexto, agarrándonos de cualquier cosa que se mueva y pase por nuestro lado, escurriéndonos por la más estrecha y oscura grieta de este mundo siempre que nos lleve bien lejos del gran disparate en que se ha convertido Cuba en manos de la dinastía Castro y de su “continuidad”.

Señores, es todo un país yéndose definitivamente para no retornar jamás a este lugar donde tomarse un simple vaso de leche es hoy y será siempre una proeza.

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Lo que hace dos o tres décadas era una fantasía desde la cual se acuñó la frase de “el último que apague el Morro”, en estos momentos parece que la veremos realizarse y muy pronto, a juzgar por como están de desbordadas las capacidades de los consulados extranjeros en La Habana para gestionar los centenares de solicitudes de visado que reciben a diario, por los atascos de cubanos en los aeropuertos de la región, lo cual ha llevado a que varios países endurezcan sus condiciones de tránsito para los viajeros cubanos, y porque ya muy pocos se ocultan para decir abiertamente que se largan o que no regresan, incluso que están robando y “luchando” a las dos manos, lo que sea y donde sea, para hacer el dinero con que “ir a ver los volcanes”.

FUENTE: Cubanet

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