CARACAS.- Los resultados de las elecciones municipales y regionales previstas para el 21 de noviembre en Venezuela, bien entendidos, pudiesen servir para relanzar a la oposición venezolana para el ciclo polítco-electoral que comenzará en 2022 y culminará en 2025.

Para el politólogo John Magdaleno, los resultados de estos comicios “debe ser leídos desde diversos modos: el número de representantes electos por bloques es sólo uno. También importa el nivel de participación, la votación de cada coalición política, la capacidad de defensa del voto y el saldo organizativo que queda”.

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Magdaleno además aclara a los detractores de este proceso que las elecciones “se pueden clasificar en competitivas, semicompetitivas y no-competitivas. Ya se sabe que las elecciones efectuadas en autoritarismos hegemónicos no son -y no pueden ser- libres y competitivas”. Esto en alusión a la falta de condiciones políticas para la votación de este domingo.

Para Magdaleno es indispensable que los resultados del 21 de noviembre se utilicen para impulsar “la creación de un poderoso movimiento social, con identidad propia, que movilice al país en favor de la restitución de diversas garantías, así como una mejora de las capacidades organizativas y de coordinación estratégica de la oposición”.

La política Maryhen Jiménez considera que este proceso hace indispensable “estudiar y comprender la fragmentación opositora. Se habla mucho de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y sus logros, pero poco sobre por qué (y quiénes) la enterraron”.

Para Jiménez el 22 de noviembre “la oposición tradicional estará en una difícil situación, con pocas victorias. Esto será consecuencia del contexto autoritario y también de la ausencia de una instancia de coordinación formal, como lo fue la MUD (Mesa de la Unidad Democrática) del pasado”.

Por otra parte, recuerda que la MUD “fue más que una tarjeta: contó con reglas, un objetivo común, con equipos de trabajo y una secretaria ejecutiva. Se hacían reuniones, propuestas, se debatía, se decidía colectivamente. No, no fue perfecta. Pero fue un ejercicio político serio que le permitió crecer a la oposición. Hoy no existe tal instancia (…) Esa MUD del pasado logró unir a quienes hoy se atacan y difaman. Es importante recordar eso, sobre todo cuando muchos de los que hoy piden unidad, son los mismos que en su momento contribuyeron a atacarla”.

Jiménez considera vital recordar que la fragmentación “ha sido inducida deliberadamente por el gobierno, pero hay otro elemento que se suele olvidar: la lucha por la hegemonía en la oposición. Las luchas internas le restan credibilidad y viabilidad. Sin reglas claras no es posible coordinarse de manera efectiva (…) Esa lucha ha sido entre partidos y en los partidos. Cada grupo lucha por su supervivencia e intereses ya que no comparten un horizonte, ni un objetivo común. Algunos quieren mantener su renta y privilegios, otros mantener y convivir con el statu quo, otros piensan en capitalizar errores”.

Derrota numérica asegurada

Según el análisis de la firma CarpeDiem “por la dinámica política en torno a este proceso, las distintas lecturas que se hagan sobre el 21 de noviembre servirán para medir la correlación de fuerzas entre los distintos grupos de oposición, entre los grupos disidentes del chavismo y entre estos sectores y el chavismo en torno a Maduro”.

En su informe previo a las elecciones, se afirma que desde la perspectiva “de la cantidad de cargos que obtenga cada bloque es previsible que el chavismo en torno a Maduro obtenga una victoria significativa, especialmente cuando este 21 de noviembre será la primera ocasión en 13 años en las que se realicen comicios municipales y regionales en forma conjunta. En este proceso se escogerán 23 gobernadores, 335 alcaldes, 253 legisladores regionales y 2.471 concejales. Numéricamente la oposición siempre ha perdido este tipo de elecciones, aunque en algunos momentos como en 2008 obtuviera triunfos políticos significativos”.

En su análisis la firma recuerda que el mejor momento opositor en relación con la cantidad de gobernaciones ganadas se experimentó en 2008 cuando los candidatos que adversaban al chavismo lograron obtener triunfos en seis de las 23 gobernaciones. En el ámbito local, la oposición experimentó su mejor momento en diciembre de 2013 al ganar 76 de las 335 alcaldías del país.

La oposición acude a estos comicios con el control de cuatro gobernaciones y 26 alcaldías y el mejor escenario numérico que pronostica esta firma es que se conserven estas cuotas de poder.

Sin embargo, resaltan que lo más llamativo será la cantidad de votos totales que cada bloque puede capitalizar, especialmente pensando en el escenario electoral de un posible referendo revocatorio entre 2022 y 2023 o unas elecciones presidenciales en 2024.

En concreto la firma considera que la oposición “solo tiene la primera opción de triunfo en tres gobernaciones: Zulia, Nueva Esparta y Lara y mantiene opciones importantes en Mérida y Táchira. En el plano municipal el mejor escenario es lograr mantener el control en las 26 alcaldías en que gobierna actualmente”.

En el informe se resalta que, aunque numéricamente el triunfo del chavismo es previsible (no solo por el compartimiento histórico, sino por los indicadores en diversos estudios de opinión), la mejor noticia que puede obtener este sector es la recuperación parcial de su voto nacional, especialmente si se considera la opción de un referendo revocatorio en 2022-2023.

En 2015 la oposición acumuló el récord de 7,7 millones de votos y paulatinamente ha experimentado un descenso sostenido en su base electoral, al punto que en las elecciones regionales de 2017 (últimas en las que toda la oposición acudió al proceso) apenas lograron capitalizar 4,8 millones de votos.

En los comicios parlamentarios de 2020 el resultado fue incluso peor porque los sectores disidentes de la oposición, acusados de pactar con el chavismo, apenas lograron movilizar a 1,8 millones de electores a las urnas.

Para la firma, recuperar parte de las competencias y organización electoral que se dilapidó durante los últimos cuatro años, será la principal ganancia que obtenga la oposición en este proceso, especialmente si este saldo organizativo se utiliza para los próximos eventos electorales.

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