Mientras regula la candela de un ruinoso fogón, Arelis, dependienta, coloca unos trozos de pescado empanados en un sartén con el aceite hirviendo. A su lado una bandeja de panes cubiertos con un nailon donde se posan algunas moscas y una jarra grande de refresco en polvo. Es una sucia y destartalada cafetería estatal ubicada en las inmediaciones del Parque de la Fraternidad.
Varios ancianos con su ropa gastada esperan ser atendidos. En una tabla de madera se anuncia el menú: pan con minutas de pescado a 80 pesos y un vaso de refresco instantáneo de frambuesa a 20 pesos. Es lo más barato que se puede comer. En los estantes del fondo se divisa una colección de cervezas y bolsas de un kilogramo de arroz brasileño, entre otras mercancías importadas.
“Como la empresa gastronómica del municipio tiene pérdidas, se adoptó el modelo de vender a precios de MIPYMES un grupo de productos. Ya el Estado no quiere subsidiarnos. Cuando se acuerdan, te mandan jamonada o esas minutas que de pescado solo tienen el nombre. Es más harina que otra cosa”, dice Arelis. El salario en gastronomía es de los más bajos en el país. Ella gana 3,200 pesos al mes tres, poco más de siete dólares al cambio en el mercado informal. "Trabajo en este cuchitril donde no se puede raspar (ganar dinero por la izquierda) porque estoy en libertad condicional. Y ahora, con la caída de Maduro, la jugada de esta gente -el régimen- estará mucho más apretada”, vaticina.
Otro dependiente argumenta que desde hace un tiempo se rumora que la empresa de gastronomía estatal va a desaparecer. “La cuenta no da. Todos estos locales se lo van a dar al sector privado. Los viejitos que hacen cola por la mañana pa’comerse un pan con cualquier porquería se van a morir de hambre. Y con lo de Venezuela, dentro de seis meses un pan con guayaba costará 300 pesos y el dólar subirá a 500 pesos. Ya este sistema se jodió. No da para más”.
En la Isla, el tema de Venezuela se sigue como un culebrón por capítulos. La gente tiene demasiadas preguntas sin respuestas. Cuando usted conversa con los cubanos de a pie, el registro de opiniones van desde las más alocadas teorías de conspiraciones a sólidos argumentos.
Como en el béisbol, donde cada cual se cree un manager, en política los cubanos presumen de ser estadistas. Un señor que espera un ómnibus del transporte público para ir a la barriada de Santos Suarez, al sur de la capial, con rostro serio afirma que “esta vez fastidiaron al gobierno de Díaz-Caenel. Un amigo que tiene relaciones con tipos del aparato me dijo que la cagalera en el Palacio de la Revolución llega al techo”.
“No esperaban que Trump les levantara a Nicolás Maduro en su cara. Nadie disparó un tiro, nadie tumbó un helicóptero que volaban a cien metros del suelo. Estuve en el servicio militar y en la reserva. Es casi imposible que hayan tomado desprevenido al alto mando venezolano y a su defensa antiaérea. Hubo traición de la dirigencia chavista. Y el gobierno de aquí se lo tiene merecido. Conquistaron a Venezuela sin disparar un tiro y le han chupado miles de millones de dólares y barriles de petróleo que luego convierten en gasolina y exportan en el mercado mundial”.
“Ahora con internet todo se sabe. A lo mejor Maduro, para zafarse de los cubanos, cuadró con Trump esa puesta en escena. O tal vez Vladimir Padrino, Diosdado Cabello y los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez se viraron con carta. Tambien un oficial cubano de inteligencia pudo ser el delator. Cincuenta millones de dólares de recompensa es demasiada tentación para estos personajes corruptos”, alega el señor.
La mayoría de los cubanos coincide que la traición se huele a distancia. Al igual que en una competencia de tiro al blanco, los cubanos se animan a señalar un culpable. Un comprador de divisas que merodea por el Paseo del Prado, está convencido que son dos los judas.
“Brother, Cabello tiene tremenda cara de hijo de puta y está buscado por los gringos. Vendió al estúpido de Maduro como carne frita. Seguro que fue en combinación con Padrino, el ministro de defensa. Cuando en la televisión vi su cara, me dio mala espina, la tiene embory (traidor). Delcy y su hermano Jorge son tenebrosos, pero no tienen el respaldo de los militares. Lo más probables es que ese piquete se haya puesto de acuerdo con los americanos. Maduro era un lastre controlado por el gobierno cubano”.
Daniel, jubilado, fuma impasible un tabaco torcido a mano, mientras pesca sentado en el muro de la bahía del puerto. El caso venezolano le recuerda la primera parte de la película El Padrino. “No te acuerdas de aquella escena donde Marlon Brando le dice a Al Pacino, cualquiera que venga a ofrecerte la paz, ese es el traidor. Con la captura de Maduro pasa lo mismo. La primera que se delató fue Delcy Rodríguez cuando todavía con la sangre fresca de los muertos, se ofreció a trabajar con los norteamericanos. Lo bueno que tiene esta telenovela es que será larga. Cada día aparecen nuevas informaciones. El que peor parado sale es el gobierno de aquí. Se les trancó el dominó”.
Entre los habaneros a los cuales Diario Las Américas les preguntó su opinión se encuentra Dayron, estudiante universitario.
“Me revienta el hígado que las autoridades no hayan denunciado la componenda de un sector del chavismo con Trump. Los escoltas que murieron, hayan sido chivatos o represores, no debieron ser utilizados como carne de cañón. Cuando era inminente un ataque de Estado Unidos, debierpn haberlos retirados de Venezuela, como hicieron los rusos, iraníes y chinos. Los sacrificaron en nombre de una ideología fallida. Mis condolencias a sus familiares. Fueron los únicos, reconocido por militares estadounidenses, que se batieron. La pregunta es si valió la pena. Espero que las FAR y el MININT tomen nota. La mayoría de los militares pasa los mismos trabajos que cualquier ciudadano. Los usan de guardia pretoriana y para reprimir al pueblo. Mientras los hijos y parientes de los dirigentes viven llenos de lujos”.
Para Aimée, profesora, los próximos meses serán muy complicados. “Al no tener un modelo sostenible, Cuba depende en alto grado de una nación que lo subsidie. Desde que Venezuela entró en crisis en 2016, progresivamente, por efecto dominó, esa crisis también impactó en la isla. La única salida es cambiar el sistema político y económico. Es una pena la muerte de 32 cubanos. El culpable es el gobierno. Les gusta hablar de soberanía y utilizaban a Venezuela como si fuera su caja fuerte. Maduro era un títere. Trump y Rubio le acabaron el juego. Lo que vamos a sufrir a partir de ahora son más apagones y más necesidades. Los pobres serán más pobres, el precio del dólar y la comida subirá aún más y crecerá la emigración. Está en manos de las autoridades que Cuba no se convierta en un campo de concentración a cielo abierto”.
El castrismo, por su parte, intenta hacer control de daños. Actúan como si nada pasara. Pero según fuentes confiables, los servicios especiales del régimen han iniciado una meticulosa investigación, para conocer con exactitud qué pasó.
Hace tiempo, comentó ös fuente, “el gobierno busca planes alternativos, conociendo de antemano que el panorama en Venezuela jamás volvería a los años dorados de Chávez o la primera etapa de Maduro. En el seno del PSUV, el Palacio de la Revolución no es bien visto. Lo catalogan de sanguijuelas que han empobrecido a Venezuela. La Habana esperaba una acción militar de Estados Unidos, pero no la espectacular captura de Maduro. La operación los pilló por sorpresa”.
¿Cuáles son las opciones?, le pregunté. “Apenas existe margen de maniobra. Todos los caminos conducen a iniciar profundas reformas. Cualquier otra cosa que hagan va a disparar la crisis”. Aunque ya se sabe que el régimen verde olivo es impredecible.