Especial

Luego de la victoria lograda por Iván Duque, el nuevo presidente de los colombianos, parte del país está inmerso en la inquietud, duda y ansiedad. Mientras tanto, otros tienen esperanza.

Por un lado, el presidente Duque tendrá serias dificultades si no logra sacudirse de varios elementos polémicos en su partido que prácticamente le dieron el aval para llevarlo al poder. Especialmente, el más polémico y controvertido, el expresidente Álvaro Uribe, quien sería su mentor.

Este tema – y lo que el mismo Uribe representa para su partido y sus votantes- es lo que parece opacar, tal y como se vio en la misma posesión, una carrera sólida en lugares como el Banco Interamericano de Desarrollo, por ejemplo, y un gobierno que aún no comienza. Porque pese a su corta carrera política, Duque tiene capacidad probada en cargos administrativos y gerenciales y un gran conocimiento en temas económicos, razón por la que se respira esperanza en ese aspecto y es también una de las razones por la que muchos le dieron su voto.

Por otro lado, el nuevo presidente introduce grandes cambios en el tablero político, sobre todo si se habla de su gabinete. De esta manera, el peor error que pueden cometer sus contrincantes es subestimarlo.

Ahora bien, no hay que desconocer el sentimiento de ocho millones de colombianos que votaron por Petro, que ven en Duque y su partido un regreso al pasado. Luego del discurso del presidente del senado Ernesto Macías, se azuzaron los odios y no fue para menos: el contenido de este básicamente fue un memorial de agravios contra el gobierno saliente y con datos en “entredicho”. Iván Duque solo trataba de calmar las aguas, pero el daño ya estaba hecho. Y todo se agravó cuando horas después salió a la luz un video donde los uribistas (incluido su líder) alababan el discurso y se burlaban de miembros de la comunidad internacional y la oposición.

En este sentido y ante el clima de polarización que se vivió en la pasada elección, muchos colombianos creen que al país le espera mucha represión política en estos cuatro años y quizás legitimación de los crímenes que aún están sin resolver. Piensan que si bien se suele ver a Duque como víctima, es una posición ingenua, ya que él siempre ha estado en consonancia, desde el inicio de su carrera, con los ideales del uribismo.

Todo esto está agudizado con una “epidemia” de asesinatos de líderes sociales a lo largo y ancho del país. Si bien a Duque no se le puede cargar directamente cada una de las más de 300 muertes de líderes sociales acaecidas en los últimos meses, sí queda en sus manos la responsabilidad de frenarlas. Esto, porque un asesinato por razones políticas o en su defecto sociales constituye el mayor fallo al que puede enfrentarse una democracia.

Otro punto controvertido es su vicepresidenta, Martha Lucía Ramírez, quien usó a Venezuela para su campaña en las elecciones para elegir al candidato por el Partido Conservador. Es histórico que una mujer ocupe un alto cargo, pero sus posiciones para muchos representan el retroceso, sobre todo por lo que ha dicho ante los jóvenes (dijo en Twitter que Colombia necesitaba más soldados) y su postura ante las parejas gay adoptantes, entre otras del mismo talante. Viéndolo así, aunque es de celebrar que por primera vez en Colombia una mujer llegue a tan alto cargo, no existe mucha esperanza de que quiera empoderarnos a nosotras, de ninguna manera.

Finalmente, y viendo todo el panorama en conjunto – y más allá del sesgo ideológico- puedo concluir que no soy de izquierda, pero tampoco de derecha. La política no es mi fuerte, pero con este nuevo Gobierno que empieza, concluyo que si al presidente Duque le va mal, le irá peor al país. Solo deseo lo mejor para lo que nos espera.

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